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El magnetismo de las estrellas en Cannes

CANNES.- A cuatro días de su rutilante aparición todavía se sigue hablando de la presencia de Tom Cruise en el festival de cine más importante del planeta. Las pantallas instaladas en la amplia...

CANNES.- A cuatro días de su rutilante aparición todavía se sigue hablando de la presencia de Tom Cruise en el festival de cine más importante del planeta. Las pantallas instaladas en la amplia sala de prensa de Cannes 2022 reproducen una y otra vez los momentos centrales de la ceremonia de gala del miércoles pasado: homenaje, Palma de Oro honoraria y el aplauso de pie de todo el público antes de la proyección especial de Top Gun: Maverick.

Cruise se convirtió en el dueño de las alfombras rojas más importantes del año cinematográfico. Ahora que están de vuelta los grandes estrenos con ceremonias presenciales y tanto los famosos como los invitados pueden lucir de nuevo sus rostros libres de barbijos, el ceremonial de estos momentos tan característicos del mundo del espectáculo también empieza a recuperar la normalidad perdida y añorada en los tiempos de pandemia.

La ausencia de un contacto directo de Cruise con los medios gráficos reforzó el poder de su imagen como elemento casi excluyente de la cobertura periodística. El actor habló solamente durante la charla abierta (disimulada bajo el vano eufemismo de una “master class”) que mantuvo con un periodista francés en un teatro colmado por un millar de personas.

Por supuesto, lo más importante allí fue lo que dijo el actor, registrado posteriormente al detalle en las crónicas periodísticas. Pero en este caso el magnetismo de Cruise mantuvo activas y elevadas, por encima de cualquier otra herramienta, las coordenadas visuales. Con algunas características que solo Cannes está en condiciones de mostrar. La más destacada, aunque parezca extraño, pasa por la indumentaria. Esa es la condición esencial para estar cerca de las estrellas en el momento en que más se muestran como tales: participando en el ritual de la alfombra roja y en las galas de presentación de los títulos de la competencia oficial.

Cuando un periodista especializado se prepara para viajar por primera vez al Festival de Cannes, el consejo más valioso que recibe de sus colegas más experimentados en estas coberturas tiene que ver con el contenido de su equipaje. Debe llegar hasta aquí sabiendo que muchas de las funciones vespertinas y nocturnas, sobre todo las galas que tienen como escenario la sala más grande de todo el festival (el Grand Theatre Lumiére), el código de vestimenta es muy estricto: traje oscuro (preferentemente de etiqueta), camisa blanca y corbata de moño. Tom Cruise está muy lejos de ser el único que pasa por este festival luciendo un impecable smoking negro. Y de las mujeres se espera al mismo tiempo que lleguen a la cita con vestido de noche.

Los mismos requisitos que dejaron hace un buen tiempo de pedirse para las funciones del Abono Nocturno Tradicional del Teatro Colón son obligatorias en el Festival de Cannes. Y si no se cumplen será imposible ocupar la butaca asignada. La regla se extiende a todos: invitados, público en general y medios acreditados. El portatraje, ese accesorio de indumentaria casi en vías de extinción, recupera su protagonismo como complemento imprescindible dentro del plan de viaje de los cronistas.

De esta exigencia pueden surgir situaciones, experiencias e imágenes difíciles de encontrar en otros festivales. Por ejemplo, encontrarse a primera hora de la tarde con una multitud de personas vestidas de smoking caminando cerca de las playas de Cannes, rumbo a alguna de las funciones del festival. Para la “master class” de Cruise no había requisitos de indumentaria, pero la platea estaba llena de asistentes vestidos de etiqueta que inmediatamente después ocuparían algunas de las butacas de la gala de Top Gun: Maverick.

No fue la única curiosidad. Después de registrar el paso de Cruise por la alfombra roja, los reporteros gráficos recorrieron a toda velocidad y cargando sus equipos los 200 metros que separan al Grand Theatre Lumiére de la sala de prensa del festival. En un momento, todo el sector se llenó de personas con smoking y moño procurando transmitir lo más rápido posible desde sus laptops las imágenes del momento a sus respectivos medios en todo el mundo. A ellos se les concede una excepción: por el tipo de trabajo que cumplen, por el apuro que tienen en cumplir con sus obligaciones, y por el peso que deben soportar, al traje de etiqueta la mayoría le agrega el calzado más cómodo posible. Eso sí: tiene que estar al tono con el resto de la vestimenta.

La única instancia que podría parecerse a esta experiencia es la noche de los Oscar. Pero en este caso, como también ocurre en las veladas más importantes de la temporada alta de premios en Hollywood, se trata de algo que se vive en una sola noche. Aquí en Cannes, el traje oscuro y el moño pueden llegar a usarse todos los días (en total son 12 las jornadas del festival) y más de una vez en cada jornada, porque las alfombras rojas y las galas de las películas de la competencia oficial se duplican. Un refuerzo de indumentaria siempre resulta en estos casos lo más aconsejable.

La informalidad domina al mundo y hace tiempo que la corbata, por ejemplo, dejó de ser una prenda de vestir casi obligatoria para el trabajo diario en oficinas y otras actividades. También en las redacciones de los medios de prensa. Pero Cannes mantiene a través de un estricto dress code para sus funciones más importantes una tradición inveterada que, si la miramos bien, no solo distingue a quienes lo cumplen. También jerarquiza a las películas, que en los grandes festivales (como Cannes) son las verdaderas estrellas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-magnetismo-de-las-estrellas-en-cannes-nid21052022/

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