Advierten que la mortandad de ballenatos en Península Valdés podría ser récord este año e investigan una posible bacteria
COMODORO RIVADAVIA.– El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) indicó que los registros preliminares de crías de ballena franca austral muertas esta temporada podrían superar el récord ...
COMODORO RIVADAVIA.– El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) indicó que los registros preliminares de crías de ballena franca austral muertas esta temporada podrían superar el récord de 2012. Una de las hipótesis en estudio es la presencia de una bacteria en el ambiente marino.
El relevamiento de un número inusualmente alto de crías de la especie fallecidas en las costas de Península Valdés –la última, este lunes a la mañana– encendió un alerta esta temporada, que se extiende de junio a noviembre. Activó además una investigación científica para determinar las causas del fenómeno.
Alerta por la mortandad de ballenasEl ICB difundió un comunicado en el que detalla qué se sabe, qué se investiga y cómo actuar ante un varamiento.
Según los datos del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, en la temporada de 2012 se registraron 113 ballenatos muertos, la mayor cifra documentada hasta ese momento para la especie, tanto a nivel local como mundial.
Preocupa la muerte de ballenasEl ICB señaló que los registros preliminares de este año indicarían que podría tratarse de un evento de una escala aún mayor. Aclaró, sin embargo, que falta consolidar la cifra y analizarla en relación con el número de nacimientos de la temporada, un paso necesario para dimensionar el impacto a nivel poblacional.
El año pasado, los censos contaron un récord de 2200 ballenas en el Golfo Nuevo, con una mortalidad registrada de 80 ejemplares. Pero este año sobre 1200 ballenas francas registradas, datos extraoficiales ya contabilizan más de 340 ballenatos muertos a lo largo de las playas de la Península.
Según la Secretaría de Ambiente de Chubut, una de las hipótesis que se investigan es la presencia de una bacteria en el ambiente marino, capaz de causar una afección sistémica en los ballenatos. Una de las bacterias de interés es Erysipelothrix rhusiopathiae, que puede encontrarse en distintos animales y ambientes marinos y provocar enfermedades graves en cetáceos.
Víctor Fratto, licenciado en Gestión Ambiental y referente en el estudio de ballenas, explicó: “Este es un año atípico. Mueren ballenas todos los años. Pero existe un programa de monitoreo hace más de 20 años que permite investigar de qué murió cada ejemplar para tener más herramientas para conservarlas. Hoy tenemos más muertes. Es lo mismo que ocurrió en nuestras costas en 2022, cuando por una marea roja se registró una gran mortandad y hacia la mitad de la temporada hubo que enviar las muestras para analizar”.
Agregó que este año todos son ballenatos. “Los resultados se enviaron al instituto Malbrán (de Buenos Aires) y a Tandil. Hacia finales de octubre creemos que podríamos tener algún resultado. Hoy lo preliminar indica que es esta bacteria que ya tiene registro en otros lugares del mundo”.
AntecedentesEl ICB aclaró que existe un antecedente en la zona del fenómeno que hoy afecta a la ballenas: un estudio publicado en 2016 detectó esta bacteria en lesiones asociadas a ataques de gaviotas en dos ballenatos examinados durante la temporada 2013. Esas heridas fueron consideradas una posible vía de ingreso para distintos microorganismos. El instituto advirtió que aquel hallazgo no permitió establecer cómo se infectaron esos animales ni que la infección haya sido la causa de muerte. El trabajo aportó evidencia de que las lesiones pueden funcionar como puerta de entrada para patógenos, pero no demostró una relación causal entre los ataques de gaviotas y la muerte de las crías.
Fratto aclaró que la bacteria que se estudia este año está en el ambiente marino y asociada a otras especies. “Está en la mucosidad que recubre a la piel de los peces, crustáceos y moluscos. No sabemos por qué se da este brote este año”, dijo. Y añadió: “Tampoco tenemos en claro por qué afecta solo a las crías. Todavía hay muchos interrogantes”.
En efecto, todavía resta comprender qué factores pueden favorecer las infecciones y cómo se vinculan con la mortandad de este año. Por eso, el ICB sostiene que es fundamental mantener y ampliar los estudios sobre cómo interactúan esos factores con otros que podrían afectar la supervivencia de los ballenatos.
Además de analizar las muestras de los animales muertos, se necesitan estudios en las aguas de los golfos Nuevo y San José para investigar las condiciones ambientales que podrían afectar el bienestar de las ballenas. También resulta clave relevar de manera sistemática las costas para establecer cuántos animales muertos se registran, evitar duplicaciones y caracterizar el evento en tiempo y espacio.
Los resultados, apuntaron, deben integrarse con el seguimiento de las ballenas vivas y el estudio de la dinámica poblacional a largo plazo. En su 56ª temporada de campo, el equipo del ICB y sus colaboradores continúan evaluando la condición corporal, la salud y las historias de vida de las ballenas de Península Valdés mediante diversas técnicas. La información reunida durante cinco décadas sobre más de 5500 individuos está disponible para ayudar a entender tanto las causas del episodio como sus posibles consecuencias para la población.