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Alberto, el último presidente analógico, levanta su cuarentena

Piedra libre para Alberto Fernández. El último presidente del deslucido cuarto gobierno kirchnerista ya no permanece enclaustrado en su departamento de Puerto Madero. Se muestra activo en sus red...

Piedra libre para Alberto Fernández. El último presidente del deslucido cuarto gobierno kirchnerista ya no permanece enclaustrado en su departamento de Puerto Madero. Se muestra activo en sus redes sociales y locuaz en streamings y programas de radio.

Parafraseando a Román Riquelme y a Carlos Tévez “Alberto está feliz”. No es para menos si hay que dar por buena la noticia que dio Fernanda Iglesias por LN+: el candidato que Cristina Kirchner nominó para presidir el país (y cuya mediocre gestión nos llevó directamente a las fauces de Javier Milei) se casará con Anabella Hers Cabral, exdiputada del Pro y actual directora general del Observatorio de Políticas Penitenciarias y Derechos Humanos del Poder Judicial de la CABA, que depende del Consejo de la Magistratura porteño.

Sale el sol albertista tras los fuertes chubascos que padeció cuando gobernaba (lidió con la pandemia y una gran sequía, mantuvo constantes cortocircuitos con su mentora y vicepresidenta que desgastaba la gestión, sufrió una inflación galopante y participó de la tristemente célebre fiesta de Olivos, entre otras adversidades, varias autoprovocadas). Tras volver al llano le asestaron dos graves causas judiciales, todavía en curso: violencia de género contra su ex, Fabiola Yañez, y las irregularidades en la contratación de seguros estatales.

Hace unos días se animó a hablar en público. Los presentes no lo abuchearon y lo aplaudieron sin euforia durante la presentación de un libro.

Fue en el auditorio de la editorial Prometeo en ocasión de presentarse ¿Volver mejores?, la obra que Guillermo Mastrini, Martín Becerra y Santiago Marino escribieron junto con otros especialistas sobre “Políticas de comunicación del gobierno de Alberto Fernández (2019-2023)”, un compendio minucioso y desapasionado de 362 páginas, que pasa revista a todo lo ocurrido en ese ámbito tan clave.

Comparado con los tres anteriores gobiernos K (con un Néstor Kirchner complaciente respecto de los grandes grupos de comunicación en fuerte contraste con la guerra que desató Cristina Kirchner contra Clarín y su obsesión por imponer la Ley de Medios), para Mastrini el gobierno de Alberto Fernández “alimentó el peor de los escenarios: sin política de comunicación y con el mainstream mediático en contra”.

El presidente anterior tuvo un “liderazgo débil” en el seno de una “coalición sin hegemonía clara” que loteó el gobierno en tres áreas separadas de influencia (la propia de Fernández, la de Sergio Massa y la de Cristina Kirchner, con poder de veto sobre las otras dos). Las mutuas neutralizaciones lo convirtieron en un gobierno inútil con excesivas contradicciones. Sumado a eso, la pandemia y los efectos del aislamiento social más largo del mundo (AF niega que haya habido cuarentena) generaron un colosal mal humor social que fue fértil semilla de la derecha radicalizada. Terminó germinando con fuerza al instalar en la cima del poder a Milei.

Sin atisbo alguno de autocrítica hacia el pasado que lo tuvo como protagonista, en su reciente incursión pública Fernández se adelantó a lo que el reelecto presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva diría en la noche de su triunfo acerca de que ejercerá algún tipo de control sobre las redes sociales. “Si no regulamos Internet y las redes —había dicho el antecesor de Milei en la editorial Prometeo unos días antes— vamos a tener un problema enorme.”

El expresidente del Frente de Todos prefiere mirar hacia el futuro con una idea fija: limitar el poder de “infectar las cabezas de la gente” de los dispositivos digitales que, según él, posibilitaron que Donald Trump, Milei y otros políticos “de la derecha” hayan triunfado.

“Dicen que soy el último presidente analógico —argumentó— y mi condición analógica la pagué con creces”. Durante su periodo se produjo la explosión de los canales de streaming y creció exponencialmente el consumo de pantallas.

Tal como es su costumbre, metió una de cal y otra de arena al referirse a Cristina Kirchner. Dijo que la jefa presa del Justicialismo “ganó la batalla con la Ley de Medios para saber quién está detrás de cada medio”, pero que “sirvió de poquísimo porque no tenía ni un renglón sobre Internet”, cuando todo se venía por ese lado.

El expresidente expresó que el poder es una mesa con cuatro patas: política, sindical, empresaria y mediática. “Es riesgoso negociar con ellos —reveló al referirse a los empresarios de la comunicación— porque son una máquina de pedir y no dar”. Y se victimizó: “No pararon de maltratarme. La cantidad de barbaridades y mentiras sobre mí no tienen nombre”.

Entre los holdings periodísticos más favorecidos durante el período 2019-23, se encuentra el Grupo Octubre, de Víctor Santa María, pope del sindicato de encargados de edificios, hoy mismo en plena expansión.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/alberto-el-ultimo-presidente-analogico-levanta-su-cuarentena-nid01112026/

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