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Alzheimer: lo que ya sabemos, lo que falta y la ley que espera en el Senado

Cada 21 de septiembre, el Día Mundial del Alzheimer nos obliga a mirar de frente una enfermedad que define en silencio el destino de millones de familias. Este año la fecha llega en un momento di...

Cada 21 de septiembre, el Día Mundial del Alzheimer nos obliga a mirar de frente una enfermedad que define en silencio el destino de millones de familias. Este año la fecha llega en un momento distinto: la ciencia avanzó más en los últimos cinco años que en las dos décadas anteriores y la Argentina tiene, a un paso de convertirse en ley, la posibilidad de dar una respuesta de Estado a un problema que ya no puede esperar. Conviene decirlo con todas las letras: la salud cerebral dejó de ser solo un tema médico. En un mundo atravesado por el cambio climático, las migraciones, la geopolítica y la revolución de la inteligencia artificial, cuidar el cerebro de una población es cuidar su principal infraestructura productiva. No hay economía del conocimiento posible sin cerebros sanos que la sostengan.

El Alzheimer no es “olvidarse las llaves” ni una consecuencia inevitable de envejecer: es una enfermedad neurodegenerativa, progresiva e irreversible, en la que dos proteínas –la beta-amiloide y la tau– se acumulan de forma anormal en el cerebro y dañan la comunicación entre neuronas hasta destruirlas. Ese proceso puede empezar hasta veinte años antes del primer síntoma visible. Cuando la memoria empieza a fallar de un modo que interfiere con la vida cotidiana, y no el típico y benigno “se me escapó el nombre” que todos tenemos alguna vez, ya puede haber años de daño acumulado.

En nuestro país, alrededor de medio millón de personas viven hoy con Alzheimer u otra demencia, y esa cifra podría duplicarse hacia 2050. No es solo una tragedia individual: la demencia le cuesta a la sociedad argentina más de 2500 millones de dólares al año y detrás de cada diagnóstico hay una familia que absorbe estrés, ansiedad y, muchas veces, el abandono del trabajo para cuidar. A esos cuidadores los llamamos, con razón, “los otros enfermos”.

Hasta hace poco, confirmar el diagnóstico exigía estudios caros e invasivos. Hoy existe un análisis de sangre que mide, de manera indirecta, el daño cerebral; en particular un marcador llamado p-tau217. Estudios presentados este año en la Conferencia Internacional de la Alzheimer’s Association (AAIC 2026), en Londres, mostraron que ese biomarcador predice deterioro cognitivo hasta una década antes de los síntomas. Es un salto real, aunque las guías siguen siendo claras: por ahora no se recomienda testear a personas sanas y asintomáticas, porque la precisión individual todavía es insuficiente y, sin un tratamiento preventivo aprobado, un resultado elevado no cambia hoy la conducta médica.

En tratamientos, por primera vez existen fármacos –anticuerpos monoclonales como el lecanemab y el donanemab– capaces de enlentecer la progresión de la enfermedad en sus etapas más tempranas. Es un cambio de paradigma después de décadas sin novedades, aunque incluso en los sistemas de salud más equipados del mundo el acceso choca con estudios complejos, controles estrictos y una infraestructura de centros de infusión que no da abasto.

En prevención, la evidencia más contundente ya no viene de afuera: el estudio LatAm-FINGERS, el primer ensayo clínico armonizado y aleatorizado hecho en la región, siguió durante dos años a más de 1000 adultos mayores en riesgo en once países latinoamericanos, entre ellos la Argentina, y mostró mejoras cognitivas un 55% superiores en quienes siguieron un programa estructurado de cinco pilares, frente a quienes solo recibieron recomendaciones generales.

Convertida en consejos concretos, esta es la fórmula que probó funcionar:

Moverse todos los días, aunque sea caminar media hora.Cuidar la alimentación: más pescado, frutas, verduras y legumbres; menos azúcar y ultraprocesados.Controlar una vez al año la presión arterial y el colesterol.Entrenar la mente, con lectura, juegos o el aprendizaje de algo nuevo.Sostener los vínculos sociales: el aislamiento golpea al cerebro tanto como cualquier otro factor de riesgo.

Sostenidos juntos y en el tiempo, no de a uno ni de manera esporádica, es lo que realmente cambia el pronóstico.

Según Alzheimer’s Disease International (ADI), en la región seis países ya cuentan con programas nacionales de demencia (Chile, México, República Dominicana, Cuba, Costa Rica y Puerto Rico) y varios más están en curso de tenerlos. La Asociación de Lucha contra el Mal de Alzheimer (ALMA), la asociación de familiares en la Argentina miembro de ADI, viene reclamando esto desde hace años, y frente a los avances recientes en diagnóstico y tratamiento, la Argentina ya no puede estar afuera.

En febrero de este año dio un primer paso: el Ministerio de Salud aprobó por resolución el primer Plan Nacional de Alzheimer y Trastornos Relacionados. Es un paso valioso, pero la propia resolución aclara que “no genera erogación presupuestaria alguna”: no tiene presupuesto asignado ni continuidad garantizada más allá de la gestión que la dictó. Eso es lo que vendría a resolver la ley que hoy espera en el Senado, luego de obtener media sanción en Diputados el 9 de octubre de 2025: convertir ese plan en política de Estado, con financiamiento, un consejo asesor con rango legal y la obligación de sostenerse en el tiempo, gobierno tras gobierno. Porque una estrategia nacional contra el Alzheimer no es un gasto: es una inversión que, a mediano plazo, le ahorra recursos al Estado y evita un costo humano y económico mucho mayor si seguimos postergando la respuesta.

No hay excusas para seguir esperando. Cada mes que la ley duerme en el Senado es un mes menos para las familias que hoy transitan esta enfermedad sin una política de Estado que las respalde. Este 21 de septiembre es también una oportunidad para instalar la salud cerebral como agenda de desarrollo en América Latina. No es un capítulo aparte de la salud pública, sino una condición para sostener la productividad económica y la cohesión social de nuestros países en las próximas décadas. Que este Día Mundial del Alzheimer sea el impulso final para que el Senado convierta en ley lo que la ciencia y más de medio millón de familias argentinas ya vienen reclamando.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/alzheimer-lo-que-ya-sabemos-lo-que-falta-y-la-ley-que-espera-en-el-senado-nid21092026/

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