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Carla Pereyra, exmodelo y pareja de Diego “Cholo” Simeone, habla de su vida en Madrid

Hay viajes que comienzan mucho antes de hacer una valija. El de Carla Pereyra empezó en Paraná, cuando era muy chica y ya soñaba con Madrid, donde hoy reside. “Fue muy loco porque en ese enton...

Hay viajes que comienzan mucho antes de hacer una valija. El de Carla Pereyra empezó en Paraná, cuando era muy chica y ya soñaba con Madrid, donde hoy reside. “Fue muy loco porque en ese entonces las chicas que, como yo, estaban en el mundo del modelaje, querían triunfar en Nueva York o París. Pero mi deseo estaba puesto acá, una ciudad hermosísima, pero que no era la de ahora. En ese entonces no era una capital europea referente. Yo la vi. Y soy la persona más feliz del mundo viviendo acá con mi familia”, dice la mujer de Diego “Cholo” Simeone, director técnico del Atlético de Madrid y padre de sus dos hijas, Francesca y Valentina.

Mientras habla, no se queda quieta. Es viernes y, luego de un largo día de trabajo (desarrolla proyectos inmobiliarios), se prepara para recibir amigas, brindar y dar comienzo a las tertulias que ya son un clásico en su casa. Porque si algo le gusta a la exmodelo es celebrar. “Cuando era muy jovencita tuve mis épocas de sentirme sola. No me resultó fácil estar lejos de mi familia. Así que ahora disfruto. Hace tiempo que vengo haciendo un lindo trabajo de introspección, de valorar, ser agradecida y humilde. Creo que hay que visualizar para poder evolucionar.”

-¿Mucha terapia?

-Y sí. No hay magia. El ser humano evoluciona en conjunto. Me ayudaron distintos terapeutas, una guía espiritual, mi marido, mis hijas, mis padres. Uno no puede avanzar solo.

-¿Qué cosas hacías antes que hoy ni se te pasarían por la cabeza?

-Tal vez dejar a mis hijas para irme de viaje. O tomar alcohol aunque no me caía bien. Nada exagerado por supuesto, pero hablo de cosas que uno hacía desde la inconsciencia. Quizás no medía tanto. Hoy siento que estoy en una comunión distinta con Dios. Pero no es un tema de religión, sino de energía.

-¿Quién es tu gran guía?

-Mi mamá es guía y referente. Pero creo muchísimo en la energía de la Virgen María. A medida que pasan los años uno va aprendiendo a ser más humilde, a pedir ayuda y entregar aquello con lo que no puede. Hay procesos que debemos atravesar. Y se sale fortalecido.

-Mencionaste la soledad. ¿Cuál era tu mayor miedo?

-No encontrar el amor. Pensaba: ¿y si no llega? ¿Y si no encuentro el camino que soñaba? En algún momento la mochila se me cargó de soledad. Estaba en Nueva York y un domingo me encontré mirando por la ventana, sabiendo perfectamente que mi familia estaba comiendo toda junta en Argentina. Me puse muy triste. Hacía un año y medio que no los veía. Es fatal esa sensación de no poder llamar a nadie. Porque ni mis padres ni nadie de mi entorno tenían los recursos para tomarse un avión y visitarme. Igual, yo callaba; no podía cargarlos. Fue cuando decidí viajar a Madrid. Sentía que podía ser diferente.

-La ciudad de tus sueños que estaba esperándote...

-Es que así fue. Me instalé en Madrid, viajé a Buenos Aires y, apenas regresé, lo conocí a Diego. Sucedió a los dos días. Fue una película. Coincidimos en un restaurante. Yo estaba con amigas y él con otras personas. Fui al baño y él apareció detrás mío. Yo era una chica de 27 años cenando con un grupo y de pronto, así de zopetón, aparece el amor de tu vida.

-¿Sabías quién era?

-¡Claro! Yo era hincha del Atlético antes de conocerlo. De hecho, lo primero que le dije fue: “Soy argentina, de Paraná”. Onda: “No creas que no tengo idea de tu vida. Así que no me vengas a hacer el cuento”.

-¿Y te hizo el cuento igual?

-No, se quedó hablando. En realidad habló más con mis amigas que conmigo. Pero después me pidió el telefóno. Al otro día me invitó al cine y el resto se sabe: dos hijas, dos nietos. Pasaron 13 años.

-Lo contás acotado, pero dice la leyenda que hubo una frase impactante...

-. Sí, me dijo que me estaba esperando. Realmente fue de película. Diego es una persona muy conectada. Más allá de esa imagen que le da el fútbol, el hombre vestido de negro, tal vez medido, hay un ser absolutamente sensible y humano. Cuando recuerdo el encuentro, cuando rebobino ese instante, vuelvo a quedarme en shock. Fue muy fuerte.

-¿Qué es lo que más te gusta de tu vida actual?

-Tengo un presente hermoso. Primero, la familia. Francesca ya tiene 9 años y Valentina, 7. Los amigos, las salidas, el matrimonio tan sólido que logramos. Madrid me pone muy bien. Adoro su gastronomía. Esos tartares, esas alcalchofas que parecen soles, los aceites de oliva tan ricos, de los que hago uso y abuso. Me encantan los brindis sinceros y los encuentros, la arquitectura. Siempre digo que estoy bien porque ingiero comida honesta, y también relaciones honestas. Ese es mi camino actual.

-Cuando eras chica, ¿soñabas con esto?

-No sé si exactamente esto, pero sentía que podía ser muy feliz y realizarme. Tuve una familia que me dejó tener alas. Mi papá era policía y mi mamá trabajaba en el municipio. Tengo una hermana más chica, que hoy es psicóloga. Siempre hay un personaje volado en las familias, y era yo.

-¿Cómo viviste el último Mundial? Justo Argentina- España en la final y con el hijo de tu marido en la cancha...

-Cuando vivís en otro país hay algo que florece fuerte y te emociona mucho más. Argentina es una olla en ebullición en todos los aspectos emocionales. Y venimos de transiciones muy difíciles, tanto en lo económico como en lo social. El fútbol une todo eso y resulta un lugar permitido para expresarse. Hay un folclore que es maravilloso y este Mundial lo dejó clarísimo. Lo que genera la Argentina es algo único. Me mata ese sentimiento de querer ser argentino aunque no lo seas.

-¿Entonces no sentiste la antipatía hacia los argentinos?

-No en mi círculo. Convivo con una comunidad grande de argentinos y españoles. Acá ganaron el Mundial, pero no hubo conflicto. Sé que se generaron cuestiones, obviamnte no vivo en una burbuja. Pero más allá de lo que pasó en la final, creo que dejamos una imagen de unión, patriotismo y emoción. En un mundo desconectado, a puro teléfono, donde a nadie le importa lo que le pasa al de al lado, creo que lo nuestro es muy valioso. Demostramos algo que hoy en el mundo escasea.

-¿Cómo se consuela a un marido después de una derrota?

-Cada uno procesa los duelos a su manera. Diego es una persona a la que le gusta hablar, analizar. Es muy humilde en aceptar en lo que no fue bueno. Somos una familia que habla. Es parte de sanar: no guardarte nada, reconocer. A veces me enojo más que él y me dice: “No es así Carla, simplemente no fuimos mejores”. Él es equilibrado, autocrítico y objetivo.

-Construiste una familia ensamblada, y lo que se ve es armonía.

-Tengo una relación bárbara con los tres hijos de mi marido. Siempre digo que las personas creamos vínculos y, en el momento en que sos familia, sos mi círculo. La gente que yo voy a proteger y por la que me voy a morir en la raya. Con Carolina, la madre de los hijos mayores de mi marido, tuvimos nuestros más y menos. Pero la verdad es que hoy valoro muchísimo el trabajo que ella hizo con los hijos. El estar siempre cerca, cómo los crio. Tiene esos tres chicos increíbles y ahora dos nietos que son para comérselos de divinos. La evolución es eso: unidad, familia. Me encantan las mesas largas con absolutamente todos. Como sucedió en Navidad. Estaban mis padres, mi hermana, las hermanas de Diego, su ex. Yo quiero eso en mi vida.

-¿Alguna vez fuiste celosa?

-No. Soy muy segura de mí, de lo que hago y construyo. Cuando lo conocí, dije: “Uy, el mundo del fútbol”. Pero me encontré con un tipo leal, compañero, seguro de sí mismo, que apostó por volver a construir una familia conmigo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sabado/carla-pereyra-exmodelo-y-pareja-de-diego-cholo-simeone-habla-de-su-vida-en-madrid-nid05092026/

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