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Cómo viven las familias afectadas por una enfermedad silenciosa que el Estado no logra frenar

La enfermedad que no se ve: las familias conviven con el Chagas y reclaman ayuda del Estado Texto Micaela Urdinez — Enviada especial...

La enfermedad que no se ve: las familias conviven con el Chagas y reclaman ayuda del Estado


Texto Micaela Urdinez — Enviada especial

25 de abril de 2026

Enfermos y con síntomas
Jorge Gómez es enfermero del paraje Qom Campo Nuevo, ubicado a 35 kilómetros de Pampa del Indio; se crió en una zona rural y recuerda que durante su infancia toda la familia convivía con las vinchucas en su casa rancho; “siento tristeza porque los profesionales llegaron tarde”, dice

CHACO.- A medida que uno se adentra en El Impenetrable chaqueño, el camino que es ancho y recto se va haciendo más angosto e irregular. Y aparecen cada vez más ramificaciones, más ranchitos aislados que en algunos casos todavía no tienen luz ni agua potable. El atardecer va bañando los árboles en una instantánea mágica que deja al resto del paisaje en sombra. Falta poco para que las viviendas queden en penumbras y sus habitantes empiezan a preocuparse. “Vienen del monte”, dicen. “Atacan a la noche”, agregan. Saben que entre las plantas de chaguar, en los animales, en las cuevas o nidos de aves y en los huecos minúsculos de los corrales, las vinchucas esperan a que se vaya el sol para entrar en sus casas. Jorge Gómez tiene 48 años y es enfermero del paraje Qom Campo Nuevo, ubicado a 35 kilómetros de Pampa del Indio. Allí viven apenas 35 familias. A los 9 años se mudó a esta zona, a un rancho de barro y techo de paja. “En esa época las vinchucas abundaban mucho en los ranchos, estaban en todo el techo. Nos picaban todo el tiempo. Mi papá, mis hermanos y yo, todos tenemos Chagas”, dice este hombre que nunca se hizo un tratamiento contra esta enfermedad y que algunos días siente dolor de pecho, de cabeza y le falta el aire. En el hospital de Pampa del Indio no hay cardiólogo, por lo que no puede hacerse controles. –¿Qué se siente saber que tenés Chagas? –A veces siento algo de tristeza, porque es como que llegaron tarde los profesionales y no teníamos noción de que esa enfermedad existía entre nosotros.

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El Chagas es la principal endemia que enfrenta la Argentina. Es una de las enfermedades de la pobreza y es silenciosa porque una persona puede ser portadora del parásito sin tener síntomas durante muchísimos años. Si no se trata a tiempo, puede provocar discapacidad y muerte. Si bien no hay estadísticas recientes, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que existen 1.500.000 de infectados en nuestro país. Victoria Cardinal es bióloga, investigadora del Conicet, docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y pertenece al equipo del Laboratorio de Eco Epidemiología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA que trabaja en el control, en la prevención y en la epidemiología del Chagas en el norte argentino. Desde 2007, desembarcaron en la zona de Pampa del Indio, en Chaco. “La cantidad de personas con Chagas es un número que no conocemos y se estima de distintas maneras. Es como si tuviéramos todos relojes rotos. En un momento decían que eran 1.500.000, a veces que son 800.000. Todos estos números encima tienen el problema de que nos hablan del pasado. Pasaron 10 años. Podemos discutir si en este último tiempo se mejoró el acceso al tratamiento, la prevención o el control porque es algo en lo que se está trabajando de manera desigual a lo largo del país”, señala Cardinal. Existen muchas especies de vinchucas y no todas transmiten el parásito Trypanosoma cruzi del Chagas. La vinchuca Triatoma infestans sí lo hace y se sabe que evita la luz y prefiere la oscuridad. Actualmente, se encuentra presente en nueve provincias: Catamarca, Chaco, Córdoba, Formosa, La Rioja, Mendoza, Salta, San Juan y Santiago del Estero. LA NACION viajó por las zonas rurales chaqueñas de Tazo Pozo, Pampa del Indio, Comandancia Frías, Miraflores y Castelli para conocer de cerca cómo las familias conviven con esta amenaza. En esta provincia, las limitantes geográficas y de recursos son las que determinan la efectividad con la que se están combatiendo las vinchucas. Yanina Maza, coordinadora técnica del Programa Provincial de Chagas en el Ministerio de Salud de Chaco, reconoce que disminuyeron la cantidad de cuadrillas dedicadas a la fumigación y al control, y que el brote de dengue se llevó durante 2023, 2024 y la mitad de 2025 gran parte de los recursos que comparten para la lucha contra las enfermedades vectoriales. “Tenemos dos enfoques, por un lado el avance desde zonas muy poco infectadas como es la zona centro que está en vigilancia y de ahí avanzamos hacia el norte. Y a su vez, años anteriores empezamos desde la zona norte que es la más infectada, bajando y tratando de unir esas dos zonas hacia el centro de la provincia. No lo estamos haciendo de forma tan sistemática como nosotros quisiéramos, pero venimos trabajando de manera continua. Ahí hay que ver los recursos, cuándo las camionetas están acordes, cuándo hay combustible, cuándo tenemos el recurso humano y si hay insecticida. Todas esas son nuestras limitantes”, señala la funcionaria.

Presencia de vinchucas
Victoria Cardinal revisa un galpón en la casa de Regino Medina, en el paraje Campo Alto, una zona que muestra resistencia a la fumigación; allí, lleva la pinza a los huecos de los ladrillos hasta encontrar seis vinchucas vivas que guarda en un frasco para analizar

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Marinés Serrano, de 17 años, descubrió que tenía Chagas en 2025, cuando le pidieron que se hiciera un apto físico para poder realizar educación física en la escuela. Nació en el paraje Sol de Mayo y a sus 12 años se mudó a Resistencia para poder seguir la secundaria. “Me tenía que hacer un electro y el médico me dijo que me hiciera otros estudios porque tenía principios de Chagas. Me preguntó si mi mamá también tenía y contesté que sí, y me dijo que quizás ella me lo había pasado. Me indicó que tenía que repetir el estudio a los seis meses, pero después mi papá se enfermó y no me lo pude hacer”, repasa. A su mamá, Susana Paz, le detectaron Chagas a sus 16 años, cuando le hicieron estudios completos durante su embarazo. Se crió en el campo en una casa rancho que estaba llena de vinchucas en las paredes, debajo de las almohadas. “Era común en ese momento. No me hice ningún tratamiento. A mi hija cuando nació le hicieron laboratorio pero no me dijeron nada”, afirma esta mujer que cuenta que a veces le cuesta respirar. En su casa, que está hecha de ladrillos y techo de chapa, hay algunas vinchucas. Susana quiere que le hagan los estudios a sus otros dos hijos para saber si tienen Chagas. “Me interesa que mi hija se pueda hacer un tratamiento porque todavía es joven”, agrega. Felipe Serrano, su papá, está sentado en la cabecera de la mesa. –¿Hay vinchucas acá en la casa? –Sí, hace un poco de calor y ya aparecen. Vienen de noche, las vemos cuando estamos sentados ahí. El otro día me picó algo, la pesqué y era una vinchuca. –¿Cuándo fue la última vez que fumigaron? –Hace cinco años atrás. Sobre este punto, Maza explica que en 2025 llegaron con rociados efectivos a 1500 viviendas rurales y que para 2026 tienen como meta alcanzar las 5000. “En estas áreas se suma la precariedad habitacional, el hacinamiento de las personas y que muchas son comunidades aborígenes. El avance depende mucho del grado de infestación de las viviendas y de cuántas vinchucas encontramos en cada una, porque si es muy alto, tenemos que repetir sí o sí tres ciclos de fumigación con un intervalo que va desde los cuatro meses hasta el año. Es complejo porque hacemos un trabajo muy pormenorizado y vamos casa por casa”, señala. Según cifras oficiales, en la Argentina hay 7 millones de personas en riesgo de padecer la enfermedad por sus condiciones de vida. Este universo incluye a aquellos que ya están infectados pero no lo saben, a los que viven en áreas endémicas o los que tienen familiares afectados. “Nuestra extensión rural es muy grande, nuestros caminos rurales son difíciles de transitar, y pasa que hay lugares en los que se logró un control eficiente y lugares en los que todavía está pendiente. A veces, dentro de la misma provincia”, agrega Cardinal. En Chaco, el dato sobre la cantidad de personas afectadas por el Chagas es incierto. “No tenemos un número exacto. Actualmente, el diagnóstico es voluntario, es gratuito y está disponible en toda la red sanitaria de la provincia. El dato más fidedigno es el de las embarazadas y tenemos un porcentaje de entre el 8 y el 10% que dan positivo de Chagas”, explica Maza.

De madre a hija
Marinés Serrano tiene 17 años y en 2025 descubrió que tenía Chagas, igual que su mamá, cuando en la escuela le pidieron un apto físico; el médico indicó que lo más probable es que se haya contagiado de forma vertical, durante el embarazo; a sus dos hermanos, nunca les hicieron el test

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Existen diversas formas de contagiarse Chagas. Por la picadura de la vinchuca, sucede la transmisión vectorial. La vinchuca no se enferma, pero transmite la infección: es hematófaga (se alimenta de sangre) y al picar a una persona o animal infectado adquiere el Trypanosoma cruzi, que viaja por el sistema digestivo del insecto. La vinchuca defeca al picar y el parásito ingresa en el organismo cuando la persona se rasca en la zona. La Argentina es el único país de la región del Gran Chaco, junto con Bolivia, que todavía no logró controlar la transmisión vectorial. Otra manera es la vía vertical, que es la que se da de madre a hijo (se estima que 1300 niños nacen con Chagas por año en la Argentina). También puede transmitirse a través de las transfusiones de sangre y trasplantes de órganos, pero son vías que se encuentran controladas en nuestro país.

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Vanesa Galván trabaja como agente sanitaria del paraje Sol de Mayo. Se enteró que tenía Chagas cuando el director de su escuela llevó a los alumnos a Santiago del Estero para hacerse estudios. “Desde hace 14 años que yo estoy aquí y solo dos veces se ha fumigado. Una vez porque había un programa que era del Chaco y mandaron para los hospitales, nos dieron a mí y a mi marido una capacitación y después salimos paraje por paraje a fumigar. La última vez fue hace más de 10 años”, cuenta. Cardinal afirma que los recursos para el control del Chagas son insuficientes. “Es una realidad compartida por todo el país. Los recursos quieren decir personas, camionetas, insecticidas. Ese recurso pasó a ser muy escaso y cuando uno hace los números para rociar 10.000 viviendas rurales, es escalofriante la cantidad de grupos de trabajo que se necesitan. Como país no tenemos esa prioridad y lo que sucede, es que con los recursos que se tiene, se prioriza un área, pero el resto queda pendiente”, explica. El panorama que presentan las familias visitadas es el mismo: hace tiempo que la provincia no fumiga sus viviendas y los adultos contagiados con Chagas no realizan ningún tipo de tratamiento ni controles médicos periódicos. “En las zonas en las que hace mucho tiempo no se realiza una fumigación, se hace solo cuando se recibe una notificación puntual de los pobladores en el municipio o en los sistemas de salud. Naturalmente hay áreas que todavía no hemos podido abarcar, pero lo que se trata es de abarcarlas con un criterio técnico que sirva. No hay zonas en la provincia en las cuales la población haya requerido la asistencia y no se le haya dado”, asegura Maza. El modelo ideal a implementar en territorio es el impulsado durante los últimos 9 años en las viviendas rurales de Pampa del Indio por especialistas del Conicet y de la UBA (del que participa Cardinal), en estrecha colaboración con autoridades municipales y provinciales, personal de salud y de las escuelas, diferentes organizaciones locales y la comunidad local. Gracias a una estrategia de eliminación de la vinchuca combinada con el diagnóstico y el tratamiento de la población rural sostenida, lograron reducir hasta casi eliminar a la vinchuca en la zona. “No deja de ser una experiencia positiva porque nos muestra claramente la necesidad de que las acciones sean continuas, de que no se corte nuestro presupuesto, de que no se corte la capacitación del personal y que los operativos sean continuos. De eso depende mucho el éxito y el control territorial”, agrega Maza.

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Contagio vectorial
Una vinchuca pica a una persona o animal infectado y adquiere el Trypanosoma cruzi, que viaja por el sistema digestivo del insecto; cuando la vinchuca pica, defeca y el parásito ingresa en el organismo de la persona por el rascado

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En la zona rural de Juan José Castelli hay una problemática que preocupa a los pobladores, a los investigadores y a las autoridades: 1 de cada 3 casas están infectadas con vinchucas resistentes a la fumigación. El paraje Campo Alto, en el departamento de Güemes, es uno de estos lugares. Regino Medina, un productor rural de 75 años, las rocía con kaotrina sin éxito. “Yo le meto bala a la vinchuca, le tiro kaotrina en los huecos de las paredes que es lo que me venden en la veterinaria, pero no tiene efecto residual”, dice este hombre sentado a la sombra de un árbol a pocos metros de su casa en la que vive con Teresa, su mujer. Allí crían vacas y ovejas, y producen sandía, zapallo, mandioca y porotos si la lluvia los acompaña. El agua del pozo no les sirve porque tiene demasiada sal. Cardinal está de visita para chequear que la vivienda esté libre de vinchucas: mientras revisa el galpón, encuentra seis vinchucas vivas que guarda en unos frascos, los clasifica y se los lleva para analizar en el laboratorio para ver si transmite el Chagas. Cuando Medina se afincó en este lugar en la década del 80 en un rancho de madera revestido con barro, las vinchucas eran insectos con los que se convivía, como hoy lo hacemos con las moscas o los mosquitos, explica. Tenían mosquiteros y eso parecía que los protegía, pero no alcanzaba. Los picaban igual. “Nosotros hemos trabajado mucho en el monte con mi hijo haciendo la limpieza para los animales o para hacer postes, y vos levantás un palo y hay cuatro o cinco vinchucas mimetizadas con el color del palo. Desde el Ministerio no tenemos ninguna asistencia. No hay un programa que venga a fumigar, a controlar a los enfermos. Es preocupante cuando alguien se muere para la familia porque vos no ves un interés de la provincia”, agrega.

Trabajar con la comunidad
Victoria Cardinal le muestra a un señor de 80 años de paraje Campo Alto distintos tipos de insectos y vinchucas para que identifique cuáles son las peligrosas; en la zona de Pampa del Indio, gracias a un trabajo conjunto entre la universidad, el Estado y las ONG, lograron casi erradicar las vinchucas

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“Hay mucho por hacer”, dice Cardinal convencida de que el Chagas se puede prevenir. La enfermedad se puede curar. Lo que faltan son recursos y trabajo articulado. Las provincias tienen distintos riesgos de transmisión vectorial debido al factor climático, por el tipo de vinchucas que habitan ahí y por la política de control. Si bien hay algunas que han logrado la interrupción de la transmisión vectorial y han recertificado ese logro como Corrientes, Misiones, Jujuy y Entre Ríos, hay otras en las que todavía hay personas que se contagian por las picaduras. “Tenemos una ley por la que todas las mujeres embarazadas deben hacerse un análisis de Chagas porque si se le detecta la infección a la madre, se puede estudiar al bebé que nace y en caso de ser positivo, darle el tratamiento. Una característica clave que tiene el Chagas es que es silenciosa. Las personas están infectadas pero no enfermas. Entonces te dicen ‘nos sentimos bien’ y quizás por eso la gente no sale a reclamar los medicamentos que necesita”, señala Cardinal. Lo que más le da esperanza a Cardinal es la nueva generación de hijos que está naciendo sin Chagas producto de los distintos programas implementados, o los que se curan por un tratamiento. Familias enteras en las que los adultos tenían Chagas y que cuando se enteran de que sus hijos no están contagiados, sienten un alivio enorme. Por eso, afirma que es un derecho que cada persona infectada con Chagas pueda tener la posibilidad de elegir hacerse un tratamiento. “Nadie apaga un incendio dejando la llave de gas abierta. Seguir teniendo lugares en nuestro país con vinchucas con trasmisión es seguir teniendo una fuente activa de nuevos casos. Y es prevenible, sabemos que tenemos herramientas para lograr ese control. Entonces, con más razón, me parece que es algo que nos interpela activamente a trabajar por hacer efectivo ese control con las herramientas que tenemos”, concluye Cardinal.

”La amenaza del Chagas”
LA NACION visitó distintos parajes del Impenetrable chaqueño (una de las zonas más críticas) para conversar con las familias y recorrer sus casas, en las que hay vinchucas, entre otros insectos

Cómo ayudar:

● Las personas que quieran colaborar con la Fundación Ciencias Exactas y Naturales (Fundacen) para que continúen con su trabajo de investigación y control sobre el Chagas, pueden hacerlo donando al alias: FUNDACEN.EXACTAS

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Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/hambre-de-futuro/como-viven-las-familias-afectadas-por-una-enfermedad-silenciosa-que-el-estado-no-logra-frenar-nid25042026/

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