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Compró 60 hectáreas de selva, recicló una curtiembre abandonada y montó un hotel

“Cuando entré y vi los 60 metros de cabriada de madera de urunday dije ‘guaaaauuuu’”, asegura Guillermo Lirussi para empezar a contar la historia de Momora Distrito Selva, el complejo de d...

“Cuando entré y vi los 60 metros de cabriada de madera de urunday dije ‘guaaaauuuu’”, asegura Guillermo Lirussi para empezar a contar la historia de Momora Distrito Selva, el complejo de domos y restaurante que montó con su exmujer en Santa Ana, Misiones, a 50 kilómetros de Oberá y a 40 de Posadas. El espacio gira en torno a un gran salón que fue curtiembre; dejó de funcionar en la década del 90, durante años estuvo abandonada y fue intrusada. Reciclada con estilo, la excurtiembre ahora es recepción, living, pileta interior y comedor donde los anfitriones atienden a huéspedes y comensales.

Guillermo es de Zona Oeste y está radicado entre Capital Federal y Oberá, dos semanas en cada lugar. Contador de profesión, se dedica a la consultoría de manera independiente, además de a la hotelería. Durante treinta años integró una consultora multinacional que lo llevó como expatriado a Estados Unidos y San Pablo, Brasil, entre otros destinos. Tomado por el mundo corporativo empezó una búsqueda personal que lo llevó a interesarse por la meditación. Así fue como en 2006 conoció a la obereña Anabel Serdiuk, madre de sus dos hijos, su pareja hasta hace cuatro años y su socia en Momora Distrito Selva.

Cuenta que Anabel es maestra de reiki, dermocosmiatra y sommelier. “Pensamos en armar algo en un lugar con costa y selva, pero no sabíamos si iba a ser comercial. Vimos cuatro o cinco terrenos hasta que llegamos a este. En 2011 compramos las primeras diez hectáreas de costa y después vimos esta excurtiembre sobre este terreno y también lo compramos. Tardamos cinco años en reconstruir este espacio y ponerlo a punto para recibir. Fue una especie de primer hijo”, comenta sobre este emprendimiento que, aclara, se logró con gran esfuerzo familiar, sin ninguna corporación detrás.

Tras dos años instalados en Oberá, lo inauguraron en diciembre de 2022, seis meses después de abrir el restaurante. Lo bautizaron Momora, que quiere decir “admiración y respeto”. Sobre un predio de 60 hectáreas, el complejo tiene un sendero de 600 metros hasta el arroyo Santa Ana y 500 metros de costa. Construyeron cuatro domos: tres que pueden recibir hasta tres personas, y uno para dos. Cada uno tiene 55 metros cubiertos y 75 de deck, con una pequeña pileta privada y acceso individual.

Imponente, el salón que fue curtiembre pone en valor el techo con vigas de urunday, que por algo es pau ferro (palo de fierro) en portugués, una madera muy dura que resiste a la intemperie sin pudrirse. Va muy bien con los amplios ventanales que conectan con la selva, en este espacio muy bien ambientado con mesas de timbó y sillones capitoné. En el centro del espacio, no pasan desapercibidos los fulones que quedaron para decorar y aportan calidez. Construidos en lapacho, fueron gran tambor que mezclaba las pieles con sales y agua.

“Me enamoró la conjunción entre lo que quedaba de la fábrica y este último rincón de selva paranaense”, resume mientras compartimos los platos que traen a la mesa: buñuelos de espinaca, un muy buen pacú, un bife de chorizo y mandioca frita. Para que nos sintamos como en casa, pero en Misiones.

Datos útiles

Momora Distrito Selva. Complejo de domos amplios y construcción sólida en un predio bellísimo. Muy buen restaurante para probar platos con impronta misionera. La carta es acotada y muy bien pensada. Abre todos los días, de 12 a 15 y de 20 a medianoche. Conviene reservar. T: (3764) 87-3534. IG: @momoradistritoselva

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/compro-60-hectareas-de-selva-reciclo-una-curtiembre-abandonada-y-monto-un-hotel-nid03102026/

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