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El brote de ébola en la República Democrática del Congo amenaza con convertirse en el más letal de la historia

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GINEBRA.– El brote de ébola que golpea a la República Democrática del Congo avanza a una velocidad sin precedentes y amenaza con superar al más mortífero de la historia, advirtió este miércoles la Organización Mundial de la Salud (OMS), mientras expertos alertan que el virus se propaga más rápido de lo que pueden seguirlo los equipos sanitarios en una región atravesada por conflictos armados, desplazamientos y graves dificultades de acceso.

“Al ritmo actual, va camino de eclipsar el brote de ébola de África occidental de 2014 a 2016”, señaló el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

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— Tedros Adhanom Ghebreyesus (@DrTedros) August 12, 2026

La actual epidemia ya dejó más de 2000 muertos entre unos 4380 casos confirmados, según los últimos datos oficiales. En apenas tres meses alcanzó una cifra de víctimas cercana a la registrada durante todo el brote de 2018-2020 en Congo, que se extendió durante casi dos años.

El antecedente más grave continúa siendo la epidemia que afectó principalmente a Guinea, Liberia y Sierra Leona entre 2014 y 2016, con más de 28.000 contagios y 11.000 fallecidos. Sin embargo, la velocidad de propagación de la crisis actual encendió las alarmas.

Desde la confirmación del primer caso, Congo llegó a las 2000 muertes casi tres veces más rápido que durante aquella epidemia en África occidental. Fueron necesarias unas nueve semanas para alcanzar el primer millar de fallecidos y apenas otras tres para duplicar esa cifra.

“El virus va por delante de nosotros”, resumió el director regional de la OMS para África, Mohamed Yakub Janabi.

“Una velocidad nunca antes vista”

La misma preocupación expresó Jean-Jacques Muyembe, el reconocido virólogo congoleño que participó del descubrimiento del virus en 1976 y que, a sus 84 años, continúa al frente del Instituto Nacional de Investigación Biomédica en Kinshasa.

“El virus se está propagando a una velocidad nunca antes vista”, advirtió.

Según Muyembe, una de las principales razones detrás de la expansión fue la demora inicial para detectar la epidemia.

“Probablemente ya circulaba en enero, pero solo se detectó y confirmó en abril o mayo. El virus tuvo tiempo de infiltrarse en las comunidades”, explicó.

El brote fue declarado oficialmente el 15 de mayo, aunque análisis genéticos posteriores determinaron que había comenzado varios meses antes, probablemente en febrero.

Desde entonces, la enfermedad pasó de afectar apenas tres zonas sanitarias a extenderse por más de 50, distribuidas en cinco provincias del este del país.

“En tan poco tiempo, ya estamos casi al nivel de las cifras registradas al final de la epidemia de 2018”, señaló Muyembe. “Es una tasa de propagación excepcional”.

La crisis tiene además una particularidad que complica todavía más la respuesta: está causada por la variante Bundibugyo del virus del ébola, mucho menos frecuente que la cepa Zaire que provocó otras grandes epidemias.

Para Bundibugyo no existen actualmente vacunas ni tratamientos aprobados, aunque ya comenzaron ensayos clínicos en la provincia de Ituri, uno de los epicentros del brote.

La tasa de letalidad se ubica por ahora en torno al 46%, por encima del aproximadamente 40% registrado durante la epidemia de África occidental.

Una carrera desigual

El desafío más urgente es localizar a las personas infectadas antes de que puedan transmitir el virus a otras.

“En ausencia de una vacuna eficaz, el control depende de identificar los casos y atenderlos en instalaciones seguras hasta que se recuperen o, tristemente, fallezcan”, explicó Paul Hunter, profesor de Medicina de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido.

Pero hacerlo puede resultar extremadamente complejo en el este de Congo.

El brote se concentra en una región remota, próxima a las fronteras con Sudán del Sur, Uganda y Ruanda, donde operan grupos armados y grandes sectores de la población se desplazan constantemente por razones de seguridad, comercio y minería.

Las malas rutas, los problemas de comunicación y las dificultades para pagar regularmente a los trabajadores sanitarios complican todavía más la respuesta.

En esas circunstancias, “identificar los casos lo suficientemente temprano como para evitar la propagación puede ser casi imposible”, advirtió Hunter.

La mayoría de los nuevos contagios y fallecimientos, además, se produce en comunidades a las que los trabajadores de salud tienen dificultades para acceder.

La OMS reconoció que, durante las primeras semanas, algunos pacientes fueron diagnosticados erróneamente con malaria o fiebre tifoidea, mientras que los primeros análisis buscaron la variante de ébola más habitual. Eso retrasó la comprensión del fenómeno que se estaba desarrollando.

Desconfianza y desinformación

Los equipos sanitarios enfrentan también un obstáculo conocido de epidemias anteriores: la resistencia de algunas comunidades y la desinformación.

En zonas que llevan años expuestas a ataques de grupos rebeldes y a una presencia estatal limitada, existe una fuerte desconfianza hacia autoridades y organizaciones extranjeras.

El doctor Jean-Marie Akandabo, que trabaja con pacientes en una clínica de Ituri, señaló que la escasa participación comunitaria y las limitaciones en la atención son dos de las principales dificultades.

“No debemos tomar esta enfermedad a la ligera, porque sigue matando y nadie está a salvo”, advirtió.

El martes, en Ituri, familiares y amigos despidieron a Jeannine Katusabe, de 38 años, una de las últimas víctimas. Según contó un representante de su familia, la mujer intentó inicialmente tratarse en su hogar mediante métodos tradicionales y acudió a un centro especializado únicamente cuando su estado empeoró.

“Desafortunadamente, no se recuperó”, señaló.

Es justamente ese retraso en la consulta uno de los factores que preocupa a los especialistas: muchos enfermos notifican los síntomas demasiado tarde o directamente nunca ingresan al sistema sanitario.

Un sistema debilitado

Muyembe apuntó además contra el deterioro de los mecanismos de vigilancia epidemiológica en el país.

Según el científico, el desmantelamiento de USAID, la agencia estadounidense de cooperación internacional, debilitó una estructura que durante años había contribuido a detectar brotes y sostener programas sanitarios en Congo.

A eso se sumaron, explicó, problemas de coordinación interna.

La conducción de la respuesta quedó en manos del Instituto Nacional de Salud Pública, creado en 2022 y todavía en proceso de consolidación, en lugar del Instituto Nacional de Investigación Biomédica, que había dirigido operaciones contra epidemias anteriores.

“Los esfuerzos de los socios internacionales no fueron canalizados por la coordinación. Todos querían demostrar que estaban haciendo algo, pero sin organización”, señaló Muyembe.

Las autoridades adoptaron algunas medidas de emergencia, entre ellas restricciones a las reuniones públicas y el cierre del principal aeropuerto de Ituri. Sin embargo, los movimientos asociados al comercio, la minería y el desplazamiento de poblaciones continúan.

El actual es el 17° brote de ébola que enfrenta la República Democrática del Congo desde que el virus fue identificado por primera vez, en 1976, cerca del río Ébola.

Medio siglo después, el país vuelve a enfrentarse a la enfermedad. Pero esta vez, advierten quienes están en el terreno, la velocidad de propagación plantea un desafío diferente: los equipos sanitarios ya no intentan adelantarse al virus, sino simplemente alcanzarlo.

Agencias AP y ANSA

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/el-brote-de-ebola-en-la-republica-democratica-del-congo-amenaza-con-convertirse-en-el-mas-letal-de-nid12082026/

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