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El fin de la pesadilla: el avión que llevará a destino a los 292 pasajeros varados en Brasil finalmente llegó a Natal

Tras más de dos días de angustia, incertidumbre y reclamos, la odisea de los 292 pasajeros varados en Brasil comienza a vislumbrar su final. El avión enviado por la aerolínea Plus Ultra para re...

Tras más de dos días de angustia, incertidumbre y reclamos, la odisea de los 292 pasajeros varados en Brasil comienza a vislumbrar su final. El avión enviado por la aerolínea Plus Ultra para rescatar a los viajeros, finalmente aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Natal. Aunque inicialmente la compañía aérea estimaba la salida para las 18.50 y luego para las 20.30, la última reprogramación confirmó que la partida se retrasó nuevamente para las 21.10 de hoy.

En un comunicado, la empresa atribuyó la primera reprogramación a “circunstancias operacionales imprevistas” y señaló que había dispuesto alojamiento y asistencia para los afectados. También les pidió permanecer en sus hoteles y mantener disponibles sus teléfonos para recibir novedades sobre los traslados hacia el aeropuerto.

El vuelo original había partido el domingo desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza rumbo a Madrid y terminó con un aterrizaje de emergencia en Natal. Entre los afectados, estaban los papás de Coti Camino. “Están completamente frustados, no se entiende cómo manejó las cosas la empresa. Encima, pagaron 1300 dólares, nada de low cost”, dijo a LA NACION.

Ahora, después de una pesadilla de dos días, los pasajeros ya están dentro del aeropuerto, con el trámite de migraciones realizadó y a la espera de subir al avión que los llevará a Madrid. “De momento todo se ve bien, pero hay que ver si es cierto”, afirmó a LA NACION Soli Gómez, de 20 años, quien aguarda en la puerta número uno para poder finalmente subir a la aeronave que la llevará nuevamente a su casa.

Algo curioso ocurrió en el cielo brasileño minutos antes de que el avión asignado aterrizara: se cruzaron el vuelo PUE902, que llegaba a Natal desde España para trasladar a los pasajeros varados, y el PUE502, que realizaba la misma ruta que el avión que sufrió el desperfecto el domingo: había salido de Ezeiza a las 13.45 y se dirige a Madrid, con horario de arribo previsto para las 6.50 de la mañana.

La reconstrucción de los hechos

“Mi madre escuchó dos fuertes explosiones y vio humo”, cuenta desde España Bárbara Blum. Su madre, de 77 años, estuvo a bordo del vuelo de Plus Ultra que aterrizó de emergencia en Natal.

La mujer, reconstruye su hija, viajaba cerca de las alas cuando percibió los estruendos. Se levantó para preguntar qué había ocurrido y, según el relato que luego le transmitió a su hija, una azafata todavía no sabía qué había sucedido. Aproximadamente una hora después, les comunicaron que debían desviarse por problemas técnicos.

Otra pasajera también registró en video los momentos previos al descenso. Era de noche y, desde una de las ventanillas, se observaban chispazos en el exterior de la aeronave. En la grabación se escucha a otros viajeros preguntar si las chispas alcanzaban a verse en las imágenes. Finalmente, el avión consiguió aterrizar en la ciudad brasileña.

Consultada por este medio sobre el motivo que obligó a interrumpir el vuelo original, Plus Ultra respondió que se produjo un inconveniente en “un indicador del avión” y que el comandante tomó la decisión de aterrizar “por seguridad operacional”. La empresa no brindó mayores precisiones técnicas sobre la falla ni sobre la situación actual de esa aeronave.

Entre los pasajeros circuló una versión diferente. Enrique, argentino, de 67 años, que viajaba junto con su esposa, contó que escuchó que el piloto había conseguido aterrizar con un solo motor operativo. Esa información no fue confirmada por la compañía.

“El viaje fue perfecto, el avión no se movió”, dijo Enrique a LA NACION. También defendió a la tripulación frente a las recriminaciones que, según contó, recibió después del aterrizaje. “Yo sé que no es culpa del piloto si hay una avería, un desperfecto. Llegó un momento en que tanto el piloto como las azafatas y los chicos que estaban a bordo no sabían qué hacer. Muchos se la agarraron con ellos, que no tenían nada que ver. Vivieron lo mismo que vivimos nosotros”.

Una vez en tierra, la emergencia aérea dio paso a otra dificultad: conseguir alojamiento, comida, traslados e información para casi 300 personas que habían quedado fuera de su itinerario.

“Estuvimos en un colectivo cuatro o cinco horas”

Tamara Gallardo es de Zárate, Buenos Aires, y viajaba a Alemania para mudarse por trabajo. Tenía previsto llegar a Madrid el lunes por la mañana y tomar a las 20 un vuelo hacia Múnich. Esa conexión se perdió.

Después del aterrizaje en Brasil, Gallardo permaneció durante horas en el aeropuerto. Cerca de la 1 de la madrugada, según reconstruyó, llegaron colectivos para trasladar a parte de los pasajeros hacia distintos alojamientos. El suyo recorrió aproximadamente una hora hasta un hotel, pero cuando llegaron recibieron una noticia inesperada: no había habitaciones disponibles.

“Estuvimos en el colectivo cuatro o cinco horas en el estacionamiento del hotel”, contó a este medio. Finalmente los llevaron nuevamente al aeropuerto. Según su relato, recién alrededor de las 10 de la mañana del lunes recibió bebida y comida por parte de la aerolínea.

La espera continuó allí. Los pasajeros recibían las indicaciones de trabajadores del aeropuerto de Natal y, durante la mañana, les informaron que debían presentarse para realizar el check-in porque supuestamente llegaría una aeronave desde Madrid para buscarlos. A las 12.30, mientras estaban formados, recibieron otra comunicación: ese lunes finalmente no viajarían.

“Eran las 17 y no sabían a qué hotel mandarnos aún”, recordó Gallardo. Recién después fue trasladada a un alojamiento. Desde aproximadamente las 20 del domingo hasta las 17 del lunes, aseguró, no había tenido una habitación ni acceso a una ducha.

Su problema ahora se extiende más allá de Natal. Viaja sola, con el equipaje de una mudanza, perdió su conexión hacia Alemania y asegura que no cuenta con dinero para comprar otro pasaje. “Intento comunicarme y no me contestan. Cuando llegue a Madrid, voy a ir a la oficina de Plus Ultra porque no sé qué hacer, honestamente”, explicó.

Pía Garbiero, de 24 años y de la ciudad de Buenos Aires, viajaba a España de vacaciones junto con otras tres personas. Su grupo atravesó una situación similar durante la primera madrugada. Fueron trasladados hacia un hotel que tampoco tenía capacidad para recibirlos y permanecieron entre las 2 y las 6 de la madrugada en el estacionamiento.

“Había mucha tensión y discusiones”, recordó. Ante la incertidumbre, los cuatro terminaron reservando alojamiento por su cuenta.

Para Garbiero, uno de los principales problemas fue la falta de un interlocutor claro. Cuando los pasajeros llamaban al centro de atención de la compañía, sostiene, les indicaban que debían seguir las instrucciones del personal aeroportuario. Al mismo tiempo, los empleados de Natal les explicaban que esperaban indicaciones de Plus Ultra. “Solo era un teléfono descompuesto”, reusmió.

Diferentes recorridos

No todos atravesaron las mismas condiciones. Enrique y su esposa fueron alojados junto con otros pasajeros en el Majestic, frente a la playa. Su evaluación de la asistencia fue muy distinta.

“Nos dieron de merendar, de almorzar, de cenar. El hotel es un lujo. Tiene piletas, tiene gimnasio, nos trataron diez millones de puntos”, relató. En su alojamiento había 26 integrantes del vuelo y, según contó, estaban cómodos.

Enrique también puso el foco en la complejidad que implicó resolver de manera imprevista la situación de cientos de viajeros. “Llegar a un aeropuerto a las dos de la mañana, donde ya no había gente de Migraciones, donde no había gente en el aeropuerto, coordinar a 300 personas es medio complicado”, sostuvo.

Sobre la reacción de Plus Ultra, agregó: “No sé si se calentó a tiempo, si hizo lo que tenía que hacer a tiempo, pero yo creo que lo hizo. Por lo menos para mí y para mi esposa”.

Consultada este martes por LA NACION, la empresa sostuvo que está brindando a los afectados la asistencia “que corresponde por ley” y detalló tres puntos: alojamiento, alimentación y protección de conexiones.

La decisión de no esperar más

Mientras algunos buscaron alternativas por su cuenta, la mayoría continuó en Natal. La necesidad de compartir información llevó a los pasajeros a crear un grupo de WhatsApp, “Viaje Ultra Pasajeros”, que este martes reunía a 233 integrantes.

LA NACION accedió al grupo. Durante el mediodía, las conversaciones mostraban una preocupación concreta: saber cuándo dejarían los hoteles y a qué hora serían trasladados hacia el aeropuerto. Las indicaciones variaban según el alojamiento. En algunos establecimientos les habían informado que debían realizar el check-out a las 12, que tendrían el almuerzo incluido y que serían buscados alrededor de las 15. En otros, los pasajeros todavía preguntaban cuándo llegaría el colectivo.

Finalmente, esta noche los encuentra en el Aeropuerto de Natal y próximos a abordar el avión que tanto esperaron para culminar el viaje sorpresivamente interrumpido.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/el-fin-de-la-pesadilla-el-avion-que-llevara-a-destino-a-los-292-pasajeros-varados-en-brasil-nid25082026/

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