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El fútbol argentino y el espanto de los falsos campeones

El torneo argentino es un espanto. Su formato es un despropósito. Una burla competitiva y una ofensa para los espectadores, como la que padecieron los hinchas de Argentinos, que ya instalados en s...

El torneo argentino es un espanto. Su formato es un despropósito. Una burla competitiva y una ofensa para los espectadores, como la que padecieron los hinchas de Argentinos, que ya instalados en su cancha debieron esperar que finalizara el tiempo suplementario en la Bombonera. ¿La AFA no sabía de la potencial superposición de horarios? Claro que sí, pero no le importó nada desde su impune incapacidad. Ni siquiera cuidó el negocio cuando su producto se quedó sin pantalla y la solución de emergencia fue atropellar al público que se encontraba en la Paternal. Otro insulto.

El fútbol argentino no corona a un campeón de verdad, apenas distingue a un equipo que les gana a algunos otros cada seis meses. Ni siquiera el mamarracho del campeón anual –a escondidas en 2025 con Rosario Central y este año ‘oficializado’- completa todos los casilleros de mínima competitividad, que no es otra cosa que rivalizar contra todos en condiciones similares. La distorsión y toxicidad es tan grande que aparecen desproporciones en el camino, como Unión desde el 15to puesto general en la temporada, con sus 21 puntos, eliminando en los octavos de final a Independiente Rivadavia, el primero, que había acumulado 34 unidades. ¿Es reglamentario? Desde ya. Dentro del reino de las elecciones controversiales porque ese marco de mata-mata es para las copas, no para las ligas nacionales. En 2025 ya había sucedido con Estudiantes y con Platense. Cada uno con sus miedos espera ser el ‘lucky loser’ de turno.

En definitiva se trata de campeonatos que alimentan la sorpresa y la imprevisibilidad, pero rompen con los méritos, la regularidad. Para las eliminaciones directas, o los playoffs y las emociones envasadas en 90 o 120 minutos ‘infartantes’ que remueven tanto morbo ya se juega la Copa Argentina. Ampliar la cuota, insistir con el formato, es populismo futbolístico. Es agrandar la carpa del circo y vaciar el contenido. La Argentina, hoy, no tiene una liga reconocible, un campeonato lógico como en cualquier país futbolísticamente coherente. Acá solo son porciones.

En el fútbol argentino todos se sienten autorizados a salir campeones. Y la ilusión se ampara en razones, claro, si los últimos años se cubrieron de campeones que, salvo por sus hinchas, a la media hora nadie recuerda. Y no es su culpa, sino de diseños o estructuras que desprestigian esa corona. Igual, poco les importa a los simpatizantes porque únicamente los anima ganar bajo cualquier sistema. Y ni siquiera les interesa ganar para ser felices, sino para que ver sufrir a sus rivales de toda la vida o a sus ocasionales enemigos de época. Otra vez, el fútbol le toma la temperatura a la sociedad.

Torneos rancios desde su origen, productos de la fábrica de adoctrinamiento que busca equiparar para abajo y logra que gobierne la mediocridad. Con interzonales que deforman más la competencia. Con seis clubes -Sarmiento, Aldosivi, Banfield, Atlético Tucumán, Defensa y Justicia y Newell’s- que en los últimos tres torneos no accedieron a los playoffs y se quedaron vegetando meses, con abonados tomados de rehén y sponsors estafados. Torneos que parecen una lotería, que viven de lo extraordinario o del golpe de efecto, de partidos que son monedas al aire, partidos como sentencias porque exaltan o condenan, total, nada responde a una programación. En las antípodas de un campeón respetable: la legitimidad se gana en el largo plazo.

Pero los dirigentes callan y avalan. Aceptan las baratijas porque, quizás, algún día puedan impresionar con una joya falsa. La AFA reparte migajas entre tantos menesterosos y se ufana de la creación de las supercopas y las copas de las copas. Seis, siete, ocho campeones por año. ¿Todos contentos? Todos en andrajos. La dispersión quita validez. Muchos se sienten campeón, pero casi nadie puede justificarlo. Menos, sostenerlo. La Argentina no tiene campeones, apenas ensayos, parodias, simulacros de campeones. Todo se evapora en minutos. El daño original son los 30 equipos en Primera. El Frankenstein de la AFA, ese monstruo que tantos dirigentes se ocupan de alimentar a escondidas. Prohibido llorar, entre todos provocaron el desquicio.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/el-futbol-argentino-y-el-espanto-de-los-falsos-campeones-nid11052026/

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