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El secreto mejor guardado de Valle de Uco: el château centenario en el corazón de Ancón que evoca un legado histórico

MENDOZA.— En los días de verano el murmullo se vuelve realmente intenso. Entra por los ventanales, recorre los largos pasillos, asciende por las escaleras de mármol travertino, se arremolina ba...

MENDOZA.— En los días de verano el murmullo se vuelve realmente intenso. Entra por los ventanales, recorre los largos pasillos, asciende por las escaleras de mármol travertino, se arremolina bajo los arcos de medio punto, esquiva las pesadas puertas curvas de madera maciza labrada, se inmiscuye en las aristocráticas habitaciones y acaricia los lomos de los libros incunables, en la biblioteca que da al jardín. Los más racionales dicen que es el sonido que producen las abejas mientras se hacen un festín en la glicina centenaria que está en el centro de las alas de la residencia. El resto cree —asegura y defiende— que se trata del eco de quienes habitaron esta mansión mendocina, son voces ávidas que no se cansan de repetir los secretos de las historias que aquí sucedieron durante el último siglo.

Ubicado en el paraje de La Carrera, en Tupungato, el Château d’Ancón se eleva a 1400 metros de altura con el Cordón del Plata como marco, en un punto al norte donde el Valle de Uco se rinde ante la inmensidad del volcán Tupungato. La finca, que abarca 2300 hectáreas, es un ecosistema donde conviven la estepa de montaña, una casa ecléctica llena de obras de arte, una bodega de 100 años, una fundación pedagógica, un centro de actividad cultural, viñedos junto a otros cultivos de producción agrícola y un espectacular parque diseñado por el paisajista Carlos Thays quien equilibró la vegetación autóctona —espinosa y rústica— con especies introducidas que prosperan gracias a las vertientes de agua natural que nacen y mueren dentro de la estancia.

La fuerza del linaje

La historia de Ancón es la historia de los Pescara y los Bombal, familias cuya influencia moldeó la Mendoza que hoy conocemos. La dinastía en esta finca comienza con Doña Lucila Pescara de Bombal. Era una mujer de alto perfil social: vivió entre 1869 y 1955, fue benefactora del General San Martín —a quien proveyó caballos para su gesta libertadora—, el Vaticano la condecoró con un título de nobleza en reconocimiento a su muy generosa obra filantrópica y fundó la primera escuela de viticultura en lo que hoy es la Facultad Don Bosco. Su legado femenino continuó a través de su nieta, Lucy Bombal, la última gran anfitriona del château, cuyo carácter marcó la mística del lugar durante décadas hasta que falleció en 2023. Había sido el padre de ella quien —casi un siglo antes— construyó esta lujosa casa de veraneo.

En 1933, Domingo Lucas Bombal inauguró el château. De arquitectura híbrida, es un ejemplo singular de estilo neocolonial con influencias de las casonas de Beverly Hills y matices franceses.

En su interior, el lujo se expresa en piezas de valor incalculable. El acervo actual es fruto de una epopeya logística: Domingo Lucas Bombal, tras recibir su educación en el Eton College y en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, regresó a la Argentina en 1917 con 200 contenedores cargados de tesoros franceses, italianos y portugueses.

Aquel cargamento tardó meses en llegar por barco, tren y carreta e incluía desde vajilla de Limoges y cristalería de Baccarat hasta los mármoles de travertino de las escaleras, una fuente florentina del Renacimiento que todavía se mantiene en funcionamiento, la chimenea con el escudo de Castilla y León que corona el salón, adornado por los gobelinos de Flandes del siglo XVI y una mesa ratona veneciana con la imagen de los astros zodiacales labrados en piedras de colores.

El patrimonio cuenta además con referencias a los amores del fundador: una figura de Santa Catalina de Siena del siglo XV, consagrada patrona de la casa en honor a la segunda esposa de don Domingo —madre de Lucy y de su hermana María Lorine: Katherine Harrison West— y un impecable piano Steinway & Sons de 1914, que en la actualidad continúa brindando conciertos; pertenencia de su primera esposa Betty Skahaling, una talentosa concertista.

La omnipresencia de las mujeres es absoluta. En cada rincón se exhiben retratos de todas ellas: un cuadro realista de Lucy, las fotos ampliadas con los rostros de su madre y su hermana, una pintura que refleja el gesto adusto de la poderosa abuela y, en el ambiente más íntimo y masculino —el pequeño pub inglés que el “patrón” recreó con evidente nostalgia de su juventud—, cuelga como una joya la imagen en blanco y negro mate de Bety, aquella mujer bellísima que murió joven y habría sido el verdadero gran amor de la vida de Don Domingo.

Desde que falleció Lucy Bombal, hace dos años, el encargado de custodiar el universo del château es su viudo –su tercer marido, junto a quien compartió 28 años de su vida—.

Jorge Bailey, un hombre de mundo con trayectoria en el periodismo y en el ámbito del turismo, actualmente gerencia las actividades productivas de la finca —además de los viñedos que proveen uvas a las principales bodegas de la región, se cultiva papas, cereales, nueces y castañas—, impulsó la reactivación de la bodega centenaria con elaboración de vinos propios y lidera la revitalización de la vida social y comunitaria, con foco en la puesta en valor del patrimonio y el legado desde una perspectiva contemporánea.

Cultura y comunidad

Este año, el château inauguró su winespot donde antiguamente estaba el granero. Se reformuló un espacio tradicionalmente dedicado al trabajo para generar un ambiente de encuentro e intercambio cultural donde compartir vinos y gastronomía casual.

Con inspiración en el restaurante sueco Fäviken, la obra estuvo a cargo del arquitecto Alberto Rebecchi quien, como primera decisión estructural, dio vuelta las chapas del techo de manera que el cielorraso es una placa que durante décadas recibió el impacto del sol y de las estrellas. También reutilizó una antigua bomba de agua, hoy convertida en una original lámpara de pie.

El winespot es el lugar donde se congregan las Ediciones Únicas. Estas experiencias, que cuentan con la curaduría de Picky Curtois, fusionan la cultura con el vino: desde el historiador Felipe Pigna celebrando la relación de San Martín con la uva hasta el reciente ciclo Wine, Women & Words, donde la escritora Tamara Tenenbaum y la sommelier Camila Cerezo Pawlak reinterpretaron la perspectiva de Virginia Woolf moderadas por la actriz Andrea Carballo.

En estas tertulias contemporáneas se maridan fragmentos de libros con cepas específicas para abrir la conversación a diversos temas de interés actual.

La iniciativa recoge uno de los aspectos identitarios del château, fuertemente vinculado a la literatura en el resguardo de una de las bibliotecas antiguas mejor conservadas del país.

El calendario de actividades es ambicioso: en mayo se va a realizar un festival de la sopa a beneficio del hospital de niños, luego se prevé un evento dedicado a Carlos Gardel y el lanzamiento de un festival de cine del Valle de Uco.

La dimensión educativa se canaliza a través de la Fundación Lucila Bombal, creada en 2024. Cuenta con una exposición de fotografías históricas junto con elementos tradicionales de la producción y comercialización vitivinícola. También hay un auditorio, con butacas recuperadas de un viejo teatro de Mina Clavero, que funciona como aula satélite de la Universidad Nacional de Cuyo y sala de conferencias para la comunidad.

Vinos de altura y agricultura de vanguardia

El compromiso con la transmisión de saberes y tradiciones vinculadas al vino es uno de los pilares por una cuestión que se remonta a la historia. La viticultura en Ancón es pionera.

Con viñedos que datan de 1908, en 1914 se inició el negocio vitivinícola familiar junto a Pedro Bombal Obredor. Plantaron las primeras viñas en la altura de La Carrera y, con el tiempo, se consolidaron vendiendo sus uvas a las principales bodegas. En 1926, cuando el Valle de Uco no existía como región reconocida, la familia Bombal fundó la bodega que en los últimos tiempos había disminuido el ritmo de su actividad.

Pero hace dos años, Jorge Bailey tomó la decisión de reactivarla con vinos propios del Château d’ Ancón. De la mano del enólogo Emiliano Turano Ochoa y con el asesoramiento de Juan Pablo Michelini, se apostó a la viticultura biodinámica.

La decisión de volcarse a lo biodinámico no fue azarosa: estaba escrita en las estanterías de la gran biblioteca. Entre ediciones históricas, aparecieron las obras de Goethe, filósofo en el cual se basó Rudolf Steiner para crear la antroposofía que le da sustento a este tipo de cultivos.

También hay otra razón: Jorge Bailey siempre abogó por la innovación, llevó adelante una vida en la que exploró por todo el mundo nuevas formas de pensamiento y hoy tiene clara su intención de apoyar a gente joven dispuesta a seguir caminos alternativos. Emiliano es una de estas personas.

El viñedo se trabaja como un sistema vivo que integra el reino animal y mineral. Se expandió el cultivo en parcelas aún vírgenes de la finca, con un criterio respetuoso que preserva la biodiversidad.

Se levantó allí una estructura con forma de “nido” donde se realizan preparados específicos para potenciar las fuerzas de la naturaleza. Como el 500 (guano de vaca en cuerno enterrado que luego se disuelve en agua para regar las plantaciones) que favorece la fertilidad del suelo.

Así se busca producir vinos de mínima intervención que son una “interpretación honesta del paisaje”. Hay que verlo y experimentarlo para entenderlo, asegura Emiliano ante el mínimo gesto incrédulo.

Las botellas salen en partidas reducidas, como el Sauvignon Blanc Viejas Viñas o el Pinot Noir de Finca, que se encuentran solo en vinotecas exclusivas y algunos restaurantes como Anchoíta o el del Hotel Faena.

Paralelamente, la estancia es un centro de producción agrícola cuyo fuerte son las papas de alta calidad. El chef Bruno Zerhau, además, cuenta con huerta propia para elaborar los platos que se ofrecen en el château. La especialidad son las sopas, especialmente la de castañas y mascarpone.

Otra de las novedades en la propiedad es la cancha de polo. Construida con parámetros internacionales, está pensada para realizar clínicas y torneos.

Turismo de exclusividad

El Château d’Ancón no es un hotel. Sin embargo cuenta con un servicio de alojamiento reservado a pocos. En algún momento se brindó al turismo de estancias, pero ya no es un espacio abierto. Y aunque ofrecen una propuesta gastronómica accesible en el winespot, el ingreso a la gran mansión es selectivo.

Explica Cristina Fuligna, enóloga a cargo de la hospitalidad: “Buscamos resguardar la exclusividad para poder brindar una experiencia única y muy diferente al turismo de estancia. Somos selectivos con respecto a quién le abrimos las puertas de esta casa que es en sí misma un museo”.

Habitar el Château d’Ancón es entrar en diálogo con sus tiempos: los de la historia que resguarda y el de la pausa que propone su emplazamiento. Es beber sus vinos frescos y vitales que son puro paisaje. Es sentir el sol en la cara desde una reposera de la terraza que da al jardín y descubrir la figura de una madonna prerrománica junto a los rosales. Es encontrar reliquias en la biblioteca, como un ejemplar de la segunda edición de On the Origin of Species, que Charles Darwin corrigió en 1860. Es sentir el perfume a leña que dejaron las noches frías en el salón principal. Es distinguir más de ocho tonalidades de verdes en el parque, junto a tantos otros colores, y recoger los frutos de los castaños entre la frondosa arboleda. Es mantener charlas fluidas que avanzan sin mapa para perderse y volver a algún lugar. Es apreciar las montañas y detectar dónde está, acá cerquita, el segundo pico más alto de la Argentina. Es abrir las papilas ante los productos locales de la cocina de autor. Y es percibir la música flotando permanentemente en la casa: desde clásica hasta jazz... y sospechar que si hubiera silencio, se escucharían los secretos susurrados.

Datos útiles

Château d’Ancón está en La Carrera, RP 89, Tupungato, Mendoza, Argentina.

Pasar la noche en el lugar cuesta u$s 700, la habitación en base doble. La estadía incluye todas las comidas con maridaje, cabalgatas, paseos guiados por los viñedos, wine tasting, travesía en 4x4 con picnic agreste en la falda de la cordillera.

También se puede ir a almorzar (u$s 100) o cenar (u$s 150) si es un grupo con un mínimo de cuatro personas.

Mail: consultas@chateaudancon.com.ar

Tel.: +54 9 2622 34-0070

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/el-secreto-mejor-guardado-de-valle-de-uco-el-chateau-centenario-en-el-corazon-de-ancon-que-evoca-un-nid07052026/

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