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El significado oculto de hacer las compras a último momento, según la psicología

La tendencia a dejar las compras para el último momento, un comportamiento recurrente durante las temporadas de alta demanda, esconde explicaciones que van mucho más allá de la falta de tiempo o...

La tendencia a dejar las compras para el último momento, un comportamiento recurrente durante las temporadas de alta demanda, esconde explicaciones que van mucho más allá de la falta de tiempo o la desorganización logística. Según expertos en psicología, este hábito, a menudo clasificado erróneamente como simple procrastinación, responde a procesos mentales complejos que vinculan la conducta de consumo con el estado emocional del individuo.

En un análisis sobre cómo el estado anímico influye en el comportamiento del consumidor, Ivonne Jurado explica que, al recorrer los pasillos de un comercio, muchas personas intentan llenar “huecos emocionales” a través de objetos. Según señaló en su canal de YouTube (@ivonnejurado0812), cuando una persona realiza compras impulsivas o fuera de su presupuesto, es fundamental cuestionarse qué vacío intenta cubrir y qué recuerdos de la infancia están asociados a esa conducta.

La especialista pone como ejemplo el caso de una paciente que, al identificar su necesidad excesiva de adquirir carteras, descubrió una conexión inconsciente con la imagen de su madre, lo que le permitía sentirla cerca a pesar de su ausencia física. Este fenómeno sugiere que comprar, especialmente cuando se hace de forma impulsiva o tardía, actúa como un mecanismo para paliar carencias afectivas.

Por otro lado, el análisis psicológico de este fenómeno también destaca factores vinculados a la estructura de la personalidad. La demora en las compras puede estar motivada por el miedo al fracaso, donde posponer la decisión evita el riesgo de elegir un artículo que no cumpla con las expectativas. Asimismo, el perfeccionismo juega un rol determinante: la búsqueda incesante de la opción ideal conduce a retrasar el momento de la adquisición con la esperanza de hallar algo mejor. A estos factores se suma la búsqueda de adrenalina, donde la presión de realizar una transacción contrarreloj genera una descarga emocional que el comprador busca inconscientemente.

El espectro de este comportamiento es amplio y abarca desde hábitos cotidianos hasta trastornos diagnosticables. Mientras que la procrastinación en las compras funciona en muchos casos como un mecanismo de defensa ante emociones negativas o situaciones de estrés, la psicología también reconoce la existencia de la oniomanía, o trastorno por compras compulsivas. Este cuadro se caracteriza por un impulso incontrolable de adquirir bienes, independientemente de la utilidad real del objeto o del impacto financiero negativo que esto genere en el presupuesto personal. Los pacientes que atraviesan este trastorno experimentan una tensión creciente que solo se disipa al realizar la compra, seguida casi inmediatamente por un sentimiento de culpa o remordimiento.

En el extremo opuesto, pero igualmente vinculado a la salud mental y la gestión del dinero, se encuentra la crometofobia. A diferencia de quienes compran en exceso para llenar vacíos, quienes padecen esta condición experimentan una angustia irracional y persistente al gastar, incluso en bienes necesarios. Este trastorno de ansiedad, que puede tener raíces en experiencias traumáticas pasadas o factores genéticos, requiere de intervenciones profesionales como la terapia cognitivo-conductual o la exposición gradual para ayudar al individuo a modificar pensamientos irracionales sobre el dinero.

Para romper con el ciclo de compras impulsivas o tardías, la recomendación de los especialistas es fomentar el cambio desde la conciencia. Ivonne Jurado sostiene que las estrategias de planificación financiera serán ineficaces si no existe un proceso interno de autoconocimiento. “El cambio es interno, no nada más desde aquí, porque si no, ¿cuántas veces hemos fracasado?”, enfatizó Jurado.

Con esto, subrayó que la falta de una razón poderosa para modificar el hábito conduce inevitablemente a recaer en los mismos patrones. La invitación, en última instancia, es transformar la manera en que nos relacionamos con los objetos, al pasar de una reacción impulsiva a una decisión reflexiva que no intente suplantar necesidades emocionales con bienes materiales.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/el-significado-oculto-de-hacer-las-compras-a-ultimo-momento-segun-la-psicologia-nid24042026/

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