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El vicario de Cristo cayó en plena campaña

No es una norma, sino más bien un hábito de la diplomacia pontificia: para que una visita pastoral no quede impregnada de política partidaria, el Vaticano procura siempre evitarla en años elect...

No es una norma, sino más bien un hábito de la diplomacia pontificia: para que una visita pastoral no quede impregnada de política partidaria, el Vaticano procura siempre evitarla en años electorales del país anfitrión. Si, como se pensó no bien se le detectó el cáncer, León XIV no hubiera podido venir, seguramente habría postergado el viaje para no antes de 2028. La Argentina tiene sin embargo un problema adicional al respecto: no solo ya está 100% en campaña para octubre de 2027, sino que parece estar viviendo en estado plebiscitario permanente, con elecciones cada dos años y en las que se dirimen dos modelos contrapuestos. Este será el primer desafío institucional que tendrá Milei desde las 16.30 de mañana, cuando el Papa aterrice en Buenos Aires.

País hiperpolitizado y partido en dos. Un perfil que afecta esta vez la visita apostólica, pero que determina además casi como en ningún otro la economía. Sebastián Galiani, exsecretario de Política Económica de Macri, lo planteó esta semana en el inicio de su exposición en la conferencia de FIEL. “La Argentina es un país que tiene por su estructura económica dos proyectos que son muy disímiles –dijo–. Cada elección presidencial define a dónde va la Argentina. Entonces, uno quiere hablar del largo plazo y termina hablando de las elecciones”.

El Gobierno se ha autoimpuesto llevarse bien con la Iglesia. El Presidente, que objeta desde hace tiempo el concepto de “justicia social”, se esmeró este año en no contestar ninguna de las homilías en las que el arzobispo García Cuerva criticaba de manera sutil o directa parte de las decisiones económicas. Las respuestas partieron en todo caso de sus funcionarios o se oyeron a lo sumo en privado, en conversaciones que algunos de ellos tuvieron con el arzobispo, que suele atribuir los malentendidos a titulares periodísticos o recortes audiovisuales que él no maneja.

Por eso la visita papal tiene para el Gobierno un significado ambivalente. Celebra la gesta como histórica y hasta en algún punto se la atribuye, es cierto, pero la recibe al mismo tiempo con algo de estrés. Al peso que los libertarios les dan siempre a las palabras habría que sumarle en este caso, y a diferencia de lo que pasa en Uruguay, el interés del establishment entero en el asunto: proliferan acá dirigentes políticos para quienes una imagen al lado del Papa vale más que mil actos proselitistas. “Imaginate lo que es para mí esa foto, en medio de la interna…”, admitió ante un organizador del viaje un sindicalista que intenta, hasta ahora sin éxito, acercarse a León XIV en el encuentro de la UCA, previsto para pasado mañana.

Pero casi no habrá encuentros cara a cara. Parece al menos la pretensión de la Conferencia Episcopal. Es probable que los empresarios que hicieron aportes para solventar la gira, elenco que fue recibido en el último viaje papal a España en persona y en la Nunciatura, tengan que resignarse con saludarlo rápido en una carpa vip en el Monumento de los Españoles, después de la misa. José Luis Manzano, Daniel Vila, Marcos y Alejandro Bulgheroni, Eduardo Eurnekian. Habrá que ver quiénes van.

Con los políticos no hay dudas. Cada gesto, cada imagen tienen en tiempos electorales un peso inusitado para todos. Hasta una propuesta de fácil aplicación en otros países, la convocatoria a los expresidentes vivos para recibirlo, tampoco será posible esta vez en la Argentina. Ni siquiera mañana en el Palacio Libertad, el encuentro institucional por excelencia. Cuando Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal, deslizó días atrás esa posibilidad, varios obispos lo refutaron de plano: sería para problemas, principalmente porque habría que incluir a Cristina Kirchner, que cumple una condena con prisión domiciliaria. Lo soñaron algunos peronistas, pero no podrá ser.

Ya fue difícil algo más elemental, la invitación a la vicepresidenta Victoria Villarruel, que se hizo recién esta semana. La demora en la convocatoria a Villarruel alborotó también a la oposición, que se apuró en aprobar por unanimidad en el Senado, hace dos jueves, una resolución para invitar al Papa a hablar ante la Asamblea Legislativa y reclamó además formalmente a la Cancillería que incluyera a la vicepresidenta en la comitiva oficial de recepción. La iniciativa, que contó con el aval de todos los bloques, provocó tensión porque llevaba también el voto de Patricia Bullrich.

La Iglesia argentina intentó anticiparse a varias de estas perturbaciones. Cuando los emisarios del Gobierno preguntaron qué podría llegar a decir el Papa, los obispos recomendaron repasar todo lo que había dicho en España, donde habló absolutamente de todo sin importar que las palabras pudieran incomodar a Pedro Sánchez. También les avisaron a sindicatos y movimientos sociales que no serían bien vistas ni banderas ni pancartas mañana en la UCA, y extendieron la inquietud a Jorge Eduardo Scheinig, arzobispo de Luján-Mercedes, para que intente aplicar la idea también en la basílica. Preocupa ahí el antecedente de misas que se hicieron en su momento en honor del papa Francisco y que le dieron al templo la estética de unidad básica. Los obispos que quedaron más espantados repiten ahora un concepto que viene de Mateo 16:18: León XIV es el sucesor de Pedro, no de Francisco.

Como la imagen cuenta, la transmisión estará a cargo de la señal Vatican News, que designó además un director de cámaras. Un detalle que debería resultar insignificante, pero que desencadenó ya alguna diferencia por el acto en el Cottolengo. La Casa Rosada, que proveerá los equipos a través de MediaHub SA, empresa que se adjudicó el contrato por licitación y pertenece a Alejandro Spinello, socio de Daniel Vila en Mendoza, pretendía que la transmisión se iniciara ya con el Papa adentro de la capilla del predio. Pero el Episcopado pretende empezar varias cuadras antes, con el arribo de Robert Prevost al portón y, por lo tanto, la exposición del Cottolengo en toda su dimensión. En medio de la discusión por la ley de discapacidad, que ya tiene media sanción en Diputados, la imagen es muy relevante.

También lo serán los asistentes al acto. El Vaticano pidió taxativamente que no hubiera autoridades políticas en Claypole. Kicillof recibirá entonces al Pontífice no bien baje del papamóvil, pero se ubicaría en la capilla a lo sumo, si entra, al costado o atrás. Es lo que se convino al menos durante las pruebas de sonido (también de la participación de Abel Pintos) que les sirvieron a los técnicos para darse cuenta de que algunos de los equipos bonaerenses no estaban en las mejores condiciones. Hubo que reemplazarlos. El gobierno de Kicillof subcontrata para estos actos a Total Producciones SA, empresa presidida por Diego Casagne.

Que el paso de León XIV por el Cottolengo sea interpretado o no en clave partidaria depende más de la dirigencia argentina que del visitante, que viene pidiendo desde hace tiempo datos de la política y la economía nacional y hasta detalles de la relación entre la Casa Rosada y el Episcopado a través de sus dos mejores contactos en el país, los agustinos Alejandro Moral Antón y Alberto Bochatey, pero para quien el predio no deja de representar un mensaje medular: los más débiles y postergados tienen una dignidad exactamente equivalente a la del millonario o el poderoso porque nacieron a imagen y semejanza de Dios. Una noción antropológica que viene del Génesis y como tal, trasciende lo que pueda pasar en octubre de 2027.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-vicario-de-cristo-cayo-en-plena-campana-nid07112026/

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