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Elecciones en Brasil: la violencia, el factor que puede definir la reñida elección entre Lula y Bolsonaro

SAN PABLO.– “Es difícil decir que no se aburguesó. Hoy en día, nuestro presidente es más de centro que de izquierda. Ya no es el sindicalista duro que iba de frente y ahora intenta complace...

SAN PABLO.– “Es difícil decir que no se aburguesó. Hoy en día, nuestro presidente es más de centro que de izquierda. Ya no es el sindicalista duro que iba de frente y ahora intenta complacer a todo el mundo. Yo voy a votar por él para que no venga la derecha. Infelizmente, es lo mejor que tenemos”, dijo a LA NACION Bruno, un militante de 26 años del Partido de los Trabajadores (PT), el espacio que el propio presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ayudó a fundar y con el que busca mantenerse al frente del Palacio del Planalto en las elecciones del próximo domingo.

Parado en plena Avenida Paulista, centro neurálgico del comercio de San Pablo, con una bandera roja del PT y una gorra verde militar, Bruno resume una de las claves de la séptima contienda electoral de Lula. Después de cuatro años de mandato, pero con 12 años en el poder y casi cinco décadas como figura predominante de la política brasileña, el presidente carga con el desgaste de su propia figura y con el peso de la gestión. Ante esta situación, su estrategia ha sido moderar el discurso y buscar alianzas más amplias para intentar obtener una mayoría en una elección que se anticipa muy reñida.

Enfrente estará el senador Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), hijo mayor del expresidente condenado por intento de golpe de Estado tras el asalto a la Plaza de los Tres Poderes en 2023. Con una campaña difusa y pocas propuestas de gobierno concretas -entre ellas, más mano dura para combatir el crimen y la promesa de indulto a los condenados por el plan golpista-, el candidato de la derecha parece traccionar votos más bien por su apellido que por su propia figura política.

“Yo creo que por fin la gente se está despertando, empezando a ver lo que es la izquierda y lo que hizo en nuestro país y en América Latina. Años sin hacer nada y encima robando”, dijo a LA NACION Janaína, votante de Bolsonaro de 46 años, frente a la estación de subte Trianon-Masp.

Así, la discusión electoral de este año vuelve a quedar escindida en los mismos bloques antagónicos que ya enfrentaron a Fernando Haddad -candidato de Lula, quien cumplía una pena de prisión- y a Jair Bolsonaro en 2018, y luego a ambos líderes partidarios cara a cara en 2022.

Con la amplia mayoría de los sondeos mostrando un empate técnico entre los principales candidatos -la última encuesta de AtlasIntel, publicada el martes, ubica a Lula con el 45,3% de intención de voto para la primera vuelta, seguido de cerca por Flavio, con el 42,2%- , todo parece indicar que la disputa por la presidencia de Brasil tendrá que recurrir nuevamente a un balotaje, previsto para el 25 de octubre. Con ambos candidatos ya concentrando casi el 80% del electorado, la clave de la segunda vuelta -hoy con escenarios de empate técnico, según los sondeos- podría estar entre los indecisos.

Las preocupaciones de los brasileños

“En las encuestas de opinión pública, los temas relacionados con la seguridad pública y la violencia se señalan como los principales problemas para la población, seguidos de la salud. La corrupción y cuestiones económicas como la inflación, el costo de vida y el desempleo también aparecen, aunque en menor medida”, explica a LA NACION Lorena Barberia, profesora de Ciencia Política en la Universidad de San Pablo.

Según un sondeo de la consultora por Quaest del mes pasado, la violencia aparece mencionada por el 31% de los encuestados como la principal preocupación de los brasileños. Le siguen la economía (16%) y la salud y la corrupción, ambos con el 14%.

La seguridad y la violencia ocupan así un lugar similar al que tenían en 2022, aunque con distintas miradas según el elector.

“El principal problema de nuestro país es la violencia. Desde que ganó la derecha con Bolsonaro, la gente se sintió habilitada a atacar física y verbalmente a los que piensan distinto, a las mujeres, a las minorías”, dijo a LA NACION Lua, una estudiante de 23 años, frente al Museo de Arte de San Pablo (MASP).

La joven se refiere, entre otras cosas, a lo ocurrido el 8 de enero de 2023, cuando miles de seguidores de Bolsonaro que rechazaban la victoria electoral de Lula tomaron y vandalizaron las sedes del Congreso, el Supremo Tribunal Federal (STF) y el Palacio del Planalto, en Brasilia. Los ataques, que incluyeron la destrucción de patrimonio público y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, se convirtieron en uno de los principales antecedentes de la discusión sobre la violencia política y la radicalización de sectores del electorado brasileño.

Un problema diferente es el que plantea en diálogo con LA NACION José Ricardo Bandeira, perito criminalista y especialista en seguridad pública brasileño, quien relaciona la preocupación por la seguridad del electorado con el crecimiento de los grupos criminales -como el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV)- y las estadísticas de robos y asesinatos.

El experto resaltó la disminución de los casos registrados de violencia letal en los últimos cuatro años, en base al último informe de 2026 del Atlas da Violência, que registró 42.590 homicidios en 2024, con una tasa de 20,1 cada 100.000 habitantes, el nivel más bajo de la serie iniciada en 2014.

“Esto significa que sería incorrecto afirmar simplemente que Brasil se volvió más violento. Pero, cuando analizamos el crimen organizado, el diagnóstico es diferente”, aclaró no obstante.

Según Bandeira, durante el último gobierno de Lula “las organizaciones criminales ampliaron su presencia territorial y sus conexiones internacionales y, sobre todo, su capacidad económica”.

“En esta zona de San Pablo se siente menos, pero en cuanto te alejás de los barrios más ricos, la inseguridad es un problema. Hoy en día las bandas criminales tienen cada vez más poder y nadie les puede hacer frente”, dijo a LA NACION Lincoln, un vendedor de alrededor de 40 años de un puesto de diarios sobre la Avenida Paulista.

“El domingo va a haber mucha gente por acá, y los locales van a estar abiertos, pero va a haber que tener mucho cuidado con los robos. Va a haber mucha policía, pero la Paulista se va a poner peligrosa”, agregó, en referencia a la jornada electoral.

Según una encuesta realizada por los institutos Fogo Cruzado y Update, publicada en julio de este año, 8 de cada 10 brasileños declara tener miedo de salir a la calle de noche, el 60% de los encuestados dice haber dejado de ir a algún lugar al que le gustaba frecuentar por la inseguridad y el 30% asegura haber dejado de usar el transporte público por la violencia urbana.

Junto con la seguridad, la situación económica aparece como otra de las preocupaciones centrales de los brasileños. Según Barberia, la pérdida de poder adquisitivo y el endeudamiento han ganado protagonismo durante los últimos meses de campaña.

La respuesta del gobierno de Lula ha incluido medidas destinadas a reforzar su vínculo con los sectores de menores ingresos. El presidente aumentó recientemente el principal programa de ayuda social del país, Bolsa Familia, impulsó políticas de renegociación de deudas mediante el programa Desenrola y avanzó contra las apuestas deportivas online, conocidas en Brasil como “bets”.

Un mapa que se repite

“Al analizar las encuestas por región, ingresos, nivel educativo, raza, género y religión, el panorama es muy similar al de la última elección. Lula mantiene su fuerza en la región Nordeste y entre los sectores de menores ingresos, de menor nivel educativo, la población negra y mestiza, las mujeres y los católicos”, señaló Barberia.

Sin demasiado margen para conquistar nuevos grupos, el presidente apuesta a consolidar su base, sobre todo entre las mujeres y los sectores de menores ingresos, uno de los objetivos detrás de la prohibición de las apuestas.

Del otro lado, “resulta difícil evaluar a Flavio Bolsonaro debido a que, a pesar de llevar años como senador, nunca ha tenido una actuación destacada ni combativa en el Senado”, en el que ocupa una banca desde 2019, agregó la especialista.

El candidato de la derecha busca principalmente explotar la “clara vinculación que existe entre Jair y Flavio, quien se perfila como una continuidad”, según Bandeira. El caudal del senador sería, en buena medida, un traspaso de los votos del padre, que desde su encarcelamiento le dio su bendición cuando confirmó que no podría competir.

La llave de los indecisos

En una elección marcada por la persistencia de la polarización, el voto de quienes no se identifican plenamente con ninguno de los dos grandes polos vuelve a ocupar un lugar central.

El elector indeciso o “independiente” fue relevante para las victorias de Bolsonaro en 2018 y de Lula en 2022. Se trata de un votante menos atado a una identidad política y, en principio, más atento a cuestiones pragmáticas, que todavía evalúa si prefiere los planes del actual mandatario o del candidato de la derecha.

Un electorado que, además, podría optar por anular su voto o abstenerse. Su peso, entonces, se vuelve central ante el desgaste de una pulseada que enfrenta a los mismos bandos desde 2018 y las dudas sobre la capacidad de Lula para mejorar su gestión en un cuarto mandato.

“Ya conocemos a Lula, y no consiguió lo que prometió después muchos años en el gobierno. Además, un tipo de 80 años no está para ser presidente”, dijo a LA NACION Rafael, un oficinista de 33 años que descansa frente al Shopping Cidade São Paulo durante su hora del almuerzo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/elecciones-en-brasil-la-violencia-el-factor-que-puede-definir-la-renida-eleccion-entre-lula-y-nid01102026/

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