En Pampa y la vía, no quiero más lola
El teórico Roman Jakobson definió en el corazón del siglo XX aquello de que la lengua funciona con dos ejes fundamentales: la metáfora y la metonimia. La primera trabaja por sustitución; la se...
El teórico Roman Jakobson definió en el corazón del siglo XX aquello de que la lengua funciona con dos ejes fundamentales: la metáfora y la metonimia. La primera trabaja por sustitución; la segunda, por proximidad. Lo singular, al menos para mí, es cuando esas operaciones se calcifican en frases hechas que usamos menos como palabras que como palancas verbales, sin saber bien de dónde vienen.
Algunas de esas expresiones llegan desde el fondo de los tiempos y son tan clásicas que no hace falta ser un erudito para conocer su origen. “La suerte está echada” es la famosa frase que se supone lanzó Julio César (“Alea jacta est”) antes de cruzar el río Rubicón para dirigirse a Roma, contra las órdenes del senado. También se le atribuye el “divide y reinarás” (otro posible acuñador de la frase es Filipo, el padre de Alejandro Magno), aunque la conozcamos más por Maquiavelo y El Príncipe.
En todo caso, son más magnéticas las frases con toque anacrónico que nos vienen de la infancia. ¿Por qué, más allá de la gracia de la rima, hubo que irse a Sevilla, ciudad andaluza, para perder la silla? Se dice que fue una cuestión entre un tío y sobrino, los dos arzobispos, allá por el siglo XV. El más joven tenía que asumir su puesto en Galicia, pero había problemas políticos. Mandó al tío mientras le cuidaba su asiento en Sevilla, pero cuando aquel volvió se negó a devolvérselo. Pero ¡el que perdió la silla fue el que se fue de Sevilla! Las limaduras del tiempo y la repetición seguramente produjeron ese desliz.
“A seguro se lo llevaron preso” siempre me pareció confusa, pero tiene una explicación empírica: Segura –he ahí otra alteración– era simplemente una cárcel medieval inexpugnable. “Estar en Babia” es de la misma época: refería a la comarca a la que se retiraban a descansar y no hacer nada ciertos reyes españoles. También “no hay tu tía” se remonta a aquellos tiempos y sufrió una deformación por la transmisión descompuesta: “Atutía” era un emplasto que se usaba en las guerras para cicatrizar las heridas y que no hubiera, claro está, resultaba un problema en el que nada que ver tenía ninguna pariente.
El capítulo argentino tiene sus propios ejemplos. De las frases más recientes de esa estirpe todavía se tienen in mente sus fuentes, que se irán borrando con las décadas. Maradona, gran productor de frases, dejó entre tantas su “se le escapó la tortuga” o aquella de “fumar bajo el agua” (aplicada a la viveza de Guillermo Coppola, su representante). Si uno va a un país angloparlante y habla de touch and go, solo se entenderá que uno se quedará poco tiempo. La connotación sexual es ciento por ciento criolla. Por un libro de Daniel Balmaceda sobre este tipo de frases, descubro que se la debemos a Moria Casán por la boca de uno de sus personajes televisivos.
Pero hay otras frases, de genealogía más añosa, que siguen circulando a diario, hundiendo sin darse cuenta las raíces en un pasado que queda tácito en la lengua. “Quedarse en Pampa y la vía” es conocida, pero no está de más recordar que hacía referencia a un hipódromo popular, al que se llegaba en un tranvía que salía de la calle de ese nombre. Había que pagar boleto de ida y vuelta para garantizarse el retorno: era habitual que muchos quedaran varados en ese punto, después de las carreras, sin un cobre en el bolsillo.
Otra expresión me viene como anillo al dedo para terminar este manuscrito: “No querer más lola”. Es engañosa porque en su liviandad esconde una nota oscura: Lola era el nombre de una galletita promocionada como saludable y por eso era usual que se la distribuyera a los pacientes en los hospitales de hace más de un siglo. Cuando un internado “no quería más lola”, significaba que estaba en las últimas o que había muerto. Me pregunto si en esa vieja literalidad se esconde hoy algo más que una metáfora o una simple metonimia.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/en-pampa-y-la-via-no-quiero-mas-lola-nid26052026/