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Escenas de desorden, temor y desconcierto en el oficialismo

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El viaje presidencial a Nueva York, que comenzará esta noche para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas, no podía llegar en un momento más oportuno.

No es que Javier Milei tenga para exhibir ahí un momento de grandes éxitos. En realidad, el oficialismo ofrece en la actualidad datos estadísticos con algunas luces y muchas sombras e inocultables escenas de desorden, desconcierto y temor. Pero en la Casa Rosada ven este viaje como un respiro, un corte, que permita cambiar los ánimos y obtener una nueva cuota de oxígeno tranquilizador desde el norte del continente. Esta vez, casi seguro, más simbólico que material.

Una hipótesis maldita en el camino a la reelección

En el entorno presidencial ponen sus fichas, muy especialmente, en que la visita le aportará al Gobierno y al propio Presidente la repercusión necesaria para sostener en el centro de la agenda pública local, que le viene siendo adversa, un asunto sensible para los argentinos, como es el flamante reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas, que será el eje de su discurso en el recinto de la calle 45 de Manhattan.

Confían en lo que suele ocurrir con todos los presidentes que atraviesan momentos críticos de su gestión cuando hacen un viaje al exterior. Halagados por los interlocutores de una agenda amigable, recuperan la autoestima y se creen aquello de que “nadie es profeta en su tierra” y que de lejos se ve más claro. Mucho más cuando se da por hecho que Milei volverá a ser cobijado y elogiado por el trumpismo y por el universo económico-financiero-político que lo tiene como el faro del liberalismo económico y una de las más filosas espadas contra toda expresión estatista o de izquierda en este lado del mundo. Ese respaldo siempre es oportuno.

En el oficialismo admiten que necesitan casi con desesperación un respiro, aunque resulte un pequeño oasis que probablemente culminará con rapidez, como ya ha sucedido en otras ocasiones, más en la medida en que la economía solo ofrezca buenas noticias para algunos pocos sectores, que derraman muy poco para el resto.

Los datos sobre pobreza del primer semestre que se conocerán esta semana mostrarán un aumento de casi cuatro puntos, según los especialistas, lo que significa que aproximadamente hay 1,7 millones más de personas que son pobres. Un quiebre en la reducción de ese indicador social tan relevante, que el Gobierno mostraba hasta ahora con orgullo para descalificar a sus críticos que lo acusan de insensibilidad. Otra bandera que se mancha.

No extraña entonces que quienes conocen la dinámica del Gobierno admitan que el aire suele estar enrarecido y que abundan las dificultades en la gestión, no solo por las incesantes pujas internas, que Milei no saldó y de las que parece desentenderse y, a veces, dejar andar.

Material inflamable

“Cuando está el Presidente parece que todos estuvieran manipulando materiales altamente inflamables. La tensión se corta con motosierra por temor a que algo desate una reacción atómica”, fue la gráfica descripción hecha por alguien que compartió varios momentos con los hermanos Milei y otros importantes colaboradores durante la tensa semana pasada.

Sin tanta metáfora, esa caracterización coincide con lo que expresan funcionarios, dirigentes políticos, legisladores y empresarios que interactúan con la cima del poder libertario y que han visto en el último mes un recrudecimiento inquietante de ciertos rasgos personales y de funcionamiento de la administración. Son días complicados.

La sucesión de números negativos que se conocieron la semana pasada sobre la marcha de la economía en el primer semestre compusieron una muestra de diapositivas indeseadas, que alteraron aún más el clima y que tuvieron como corolario la presentación del proyecto de presupuesto 2027 y sus disruptivos efectos.

Esos hechos, también, subrayaron el desorden, la falta de coordinación y los efectos de las irresueltas disputas internas, que parecen fruto de un déficit de conducción efectiva, salvo cuando se trata de lineamientos económicos. En ese plano, Milei impone su opinión irrefutable, dejando nulos o muy escasos resquicios para la discusión, que ya casi nadie intenta.

La crítica pública que hizo la jefa del bloque de senadores libertarios, Patricia Bullrich, sobre los cambios en el sistema de asignaciones por discapacidad incluidos en el proyecto de presupuesto pareció una muestra elocuente del estado de cosas en el Gobierno.

A la evidente falta de comunicación a los principales encargados de empujar la aprobación de la “ley de leyes”, que motivó los reclamos públicos y muchas otras quejas en privado aún más agrias de varios legisladores nacionales oficialistas y funcionarios de alto rango, se sumó la ausencia de estrategia para salir de ese enredo. Los reclamos y el malestar por la carencia de lineamientos claros y falta de explicaciones sobre políticas o iniciativas alcanzan ya hasta algunos mileístas reacios al pensamiento crítico, que no son pocos.

Eso se advirtió tras la publicación por parte de Bullrich de un video con la canción No me importa, de Lali Espósito, a quien Milei ha descalificado y atacado reiteradas veces, 24 horas después de que cuestionara el proyecto de presupuesto y recibiera críticas de algunos destacados oficialistas.

Milei se enteró de la provocativa publicación (la segunda en ese formato que hace Bullrich) mientras hacía una visita a Bahía Blanca para recorrer las locaciones de dos millonarias inversiones. Quienes acompañaban al Presidente quedaron estupefactos por la falta de reacción coordinada y la ausencia de elaboración de una comunicación estratégica al respecto.

El malestar con la senadora fue tan manifiesto como el desdén con el que se trató el caso y a la propia legisladora oficialista. “¿Qué podíamos esperar? Es Patricia”, fue el comentario, entre la resignación y el desapego, de los hermanos Milei, cuentan testigos que estaban con la comitiva. Luego, sin mayores evaluaciones, el Presidente escribió en su celular la respuesta a una periodista que lo había consultado por el video, restándole importancia, con lo que sorprendió a todos y le bajó el tono a la polémica. Lo más sorprendente de la respuesta presidencial fue la afirmación de que “no hay que politizar el arte”. Toda una novedad proviniendo del mariscal de la batalla cultural.

“Pero no fue el fruto de ninguna estrategia, sino una reacción espontánea”, admiten en el entorno presidencial. La respuesta presidencial, celebrada ampliamente, potenció, sin embargo, una interpretación no demasiado edificante para Milei.

“La contestación indulgente para con Patricia resalta la fragilidad de todo y que ella hoy es tan imprescindible para Milei que no le queda más que tolerarle lo que no le acepta a casi nadie. Pero eso a ella le da cierta impunidad y le permite seguir construyendo su perfil diferenciado”, señala un funcionario que sigue con preocupación los tropiezos del Gobierno.

Ante eso, crece en el mileísmo la preocupación respecto de que la falta de respuestas económicas a las demandas de la sociedad siga horadando la imagen de Milei y de su gestión y alimente la construcción de una oferta electoral de centro-derecha o, peor aún, surgida de las entrañas mismas del oficialismo.

Dos nuevos triángulos

Nada de eso escapa a las dos alas enfrentadas del gobierno. El karinismo y el santicaputismo miran con preocupación el presente y actúan en consecuencia, pero con casi nula interacción y un exceso de competencia, lo que tiene demasiados efectos secundarios no deseados. Otro tanto pasa con el ala económica que dirige el otro Caputo.

Todo indica que después del triángulo de hierro, fundido por las disputas internas, ahora hay dos triángulos de poder, todos con el presidente en el vértice mayor. A uno lo completan Karina Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, que parece disfrutar como pocos de su encumbramiento, a pesar de las muchas dificultades y trabas que suele encontrar para su gestión. Los gobernadores con los que interactúa se lo recuerdan y él con su inveterado desparpajo tira la pelota a otras canchas y sigue adelante. Hace dos años no imaginaba contar con tanto capital (político).

En el otro triángulo, más flexible y menos sólido, están los Caputo (Santiago y Toto), a quienes le atribuyen algunas sorpresas que aparecieron en el proyecto de presupuesto e hicieron ruido.

Otro tanto ocurrió con el flamante proyecto de ley de defensa de la soberanía, que lleva la caligrafía del superasesor, lanzado para darle herramientas normativas a la novedosa cruzada nacionalista del Gobierno, y en el que lo referente a las Islas Malvinas ocupa menos de un tercio, a pesar de ser el motivo esgrimido para presentarla. Eso fomentó la sospecha de que se trata de una excusa ennoblecedora para avanzar con restricciones a la acción de opositores y críticos y generó numerosas críticas de juristas, dirigentes políticos y organizaciones de la sociedad civil.

Por fuera de esos triángulos sigue ejerciendo una importante (y muchas veces conflictiva) influencia sobre el Presidente Federico Sturzenegger, y, en menor medida, Sandra Pettovello, que trata de no salir de su amplia jurisdicción ministerial y procura que nadie se inmiscuya o la complique.

No se sabe si escucha

“El problema no son esas construcciones paralelas, sino que todos actúan como jugadores de ajedrez de partidas simultáneas, que creen que las movidas que se hacen en un tablero no tienen consecuencias sobre los demás. Así es como se toman medidas que después generan más ruido y perjuicios que beneficios”, admite un observador que suele ser escuchado por altos funcionarios.

En ese contexto, las dificultades para un intercambio profundo y constructivo de opiniones y visiones se agravan con los largos momentos de ensimismamiento que muestra el Presidente, agregan quienes han compartido recientemente reuniones, traslados y viajes con él.

“En presencia de otras personas que no son de su círculo íntimo, al menos, interactúa poco. Suele mantener algunos comentarios, no muy extensos ni muy profundos, con Karina, pero está mucho tiempo con la vista en el celular y alterna un poco, sobre temas muy específicos, con los demás”, dice una fuente que recientemente estuvo en algunos de esos momentos fuera de la Casa Rosada.

En cambio, como un actor consumado, cuando entra en contacto con sus seguidores, Milei parece transformarse e interpreta el personaje que se espera de él: histriónico, cercano e hiperbólico. Otro motivo de desconcierto para muchos.

Quienes han tenido audiencias con Milei coinciden sobre ese aislamiento, aunque cuando se trata de inversiones parece enfocarse mucho más que respecto de otros temas. De todas maneras, varios de esos interlocutores suelen irse de los encuentros con una duda crucial.

“No te queda claro si te escuchó o solo oyó”, contó un empresario que hace poco se reunió con el Presidente. “Poco después de la presentación inicial se enfrascó en una larga perorata sobre aspectos macroeconómicos, acompañados de complejas fórmulas. Fue muy notable, tanto que Karina en un momento tuvo que llamarle la atención y recordarle que le estábamos presentando una inversión millonaria”, contó el representante de un importante grupo empresario. A veces la hermanísima se parece mucho a un exoesqueleto emocional, relacional y político del Presidente.

Ese escenario es motivo de preocupación, de comentarios y de interrogantes tanto por parte de empresarios e inversores que apoyan al Gobierno, como de sus aliados políticos y de los dirigentes y gobernadores amigables dispuestos a acordar y converger en proyectos y políticas concretas.

El ingreso en el proceso electoral con un panorama en el que abundan las escenas de desorden, temor y desconcierto en la intimidad del oficialismo genera demasiada incertidumbre.

Más cuando en lo inmediato llegarán cuatro acontecimientos exógenos que pueden tener fuerte influencia para el futuro de Milei y su gobierno: las elecciones en Brasil, en Israel y en Estados Unidos y la visita del Papa, con su mensaje en favor de la conciliación y la justicia social.

En el oficialismo crecen hora a hora los deseos para que el viaje presidencial a Nueva York traiga algo de paz y orden.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/escenas-de-desorden-temor-y-desconcierto-en-el-oficialismo-nid20092026/

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