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Hay que pasar el invierno, enésima temporada

No está escrito, pero está advertido. Desde que terminó el verano rige un plazo que parece una exigencia cada vez más extendida y que puede resumirse en el deseo de que el esfuerzo del ajuste t...

No está escrito, pero está advertido. Desde que terminó el verano rige un plazo que parece una exigencia cada vez más extendida y que puede resumirse en el deseo de que el esfuerzo del ajuste tenga como compensación un alivio en los bolsillos de cada uno.

Mes a mes, desde febrero, empezó a mermar la otrora significativa porción de argentinos que votó y luego bancó durante dos años y medio el fuerte sacrificio para generar las condiciones de bajar y eliminar la vieja enfermedad inflacionaria.

No es una tendencia irreversible, pero puede serlo si el gobierno de Javier Milei no empieza a alimentar con hechos concretos la idea de que el esfuerzo tiene final.

Milei logró un nivel de comprensión sobre la necesidad de una receta drástica al que pocos presidentes habían llegado desde 1983. Tal vez solo pueda equipararse al aval inicial que recibió Carlos Menem luego de las heridas abiertas por la hiperinflación desatada en el tramo final de Raúl Alfonsín.

No es una tendencia irreversible, pero puede serlo si el gobierno de Javier Milei no empieza a alimentar con hechos concretos la idea de que el esfuerzo tiene final

El libertario representó en 2023 un quiebre de la creencia populista de que el empobrecimiento no surgía de los desmanejos fiscales. Y ganó agitando una motosierra que prometió que usaría contra la casta política. Todos sabían que para acomodar la economía primero había que pasar por un ciclo de fuertes privaciones.

La pregunta fue y sigue siendo cuánto tiempo estarán dispuestos los argentinos a bancar un gobierno que parece tener como principal objetivo acomodar las cuentas públicas, sin prevenir ni reparar las consecuencias productivas y sociales del proceso.

Milei afronta con mayor facilidad y sostiene un fuerte rechazo a la demanda de mayores gastos que, con o sin razón, le plantean distintos agentes del sistema de poder, desde gobernadores hasta rectores de universidades, desde sectores empresarios hasta dirigentes sectoriales. Es su caballito de batalla presentar al resto de la humanidad como gastadores compulsivos y reservarse para sí el papel de único responsable fiscal.

La repetición de las viejas formulas que fracasaron del peronismo es una enorme oportunidad para Milei, que demostró que sabe navegar usando esos vientos

Ahora, el reclamo creciente de una mejora en los salarios ataca el núcleo de la sustentabilidad política del Gobierno, que no tiene otra estructura que la relación del Presidente con una parte de los ciudadanos.

Los ingresos cayeron en líneas generales. Los jubilados dejan de comprar medicamentos, aumentó el pago con tarjeta de crédito en el supermercado y se triplicó la mora en el pago de esa herramienta.

El zapato también ajusta más en los sectores que votaron masivamente por Milei, por ejemplo, aquellos estratos medios que ahora pagan servicios más caros por el recorte de subsidios y vieron desaparecer su capacidad de ahorro y ciertos consumos de ocio.

La idea de que habrá que acostumbrarse a pagar precios que antes eran bajos nunca será popular, aunque muchos puedan comprender que el Estado no puede pagar los costos de la energía y el transporte.

Sobre ese malestar, sobre la idea de que el Estado abandona a los jubilados y a los discapacitados, y en nombre de la creencia de que el Gobierno promueve un cambio estructural que incluye la desaparición de la industria tradicionales, el peronismo está construyendo su rearme.

En resumen: el viejo populismo volverá a presentarse como un padre protector. La repetición de las viejas fórmulas que ya fracasaron del peronismo es una enorme oportunidad para Milei, que demostró que sabe navegar usando esos vientos.

En nombre de la expectativa de seguir hasta cumplir lo prometido y no detenerse en medio del proceso, el 41% de los votantes revalidó a los libertarios en las elecciones de medio término del año pasado. Ese triunfo no fue un cheque en blanco; ninguna elección lo es.

El esfuerzo no será breve y la paciencia social tiende a esfumarse a medida que se acerca la eterna campaña electoral del año que viene

Apenas amainó el verano, la caída de la imagen del Gobierno se aceleró y empezaron a verse signos cada vez más claros de descontento. El primer dato es que hace 10 meses la inflación dejó de bajar y empezó a subir, lo que extendió la convicción de que se prolongará sin plazos el padecimiento de no llegar a fin de mes.

La inflación de abril será la que muestra un cambio de tendencia. El Gobierno estima que puede estar un punto por debajo del inquietante 3,4% de marzo, índice en parte empujado por la suba de los combustibles por la guerra en Medio Oriente.

La economía es el factor principal del descontento, acelerado por las sospechas de enriquecimiento que salpican al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, junto a otros casos aún más inquietantes para el Presidente, como la investigación sobre el lanzamiento de la fallida moneda digital $Libra. Es una regla inmutable: los casos de corrupción importan más cuando los problemas económicos se vuelven insoportables.

Milei parece estar decidido a cumplir con otro clásico de la política, que es no entregar la presa reclamada por la oposición. El miércoles, cuando vaya al Congreso con un libreto que prepara hace semanas, Adorni tendrá una oportunidad de defenderse y revertir el efecto de las torpezas que cometió al tratar de explicar cómo gastó lo que gastó.

El tembladeral en el que se encuentra el jefe de Gabinete es, en cualquier caso, menor al internismo que enfrenta a los pocos miembros de un equipo de gobierno que puede ser definido como el de menor tamaño en décadas. Son pocos y se pelean demasiado.

Milei nunca intervino en esos asuntos terrenales en los que su hermana, Karina, predomina sobre Santiago Caputo, que sin embargo no cede en sus aspiraciones de recuperar territorio perdido. Como consecuencia, quienes se acercan por cualquier motivo a la Casa Rosada temen golpear la puerta equivocada y recibir represalias del otro bando, sin necesariamente pertenecer a ninguno. Esto le quita apoyos posibles al oficialismo.

Para el Presidente, el problema principal es la economía. Peleas y denuncias son meros detalles.

Mientras, el Gobierno espera que los salarios se recuperen un poco durante el invierno, en la medida en que rijan los nuevos acuerdos de paritarias y que la inflación se mantenga más cerca del 2 que del 3% mensual. Hay quienes se ilusionan con que los índices finales de 2026 empiecen con un uno por ciento.

El dato más amargo es reconocer en público que el esfuerzo no será breve y que la paciencia social tiende a esfumarse a medida que se acerca la eterna campaña electoral del año que viene. Por eso vuelve aquella vieja consigna de Álvaro Alsogaray cuando convocó a “pasar el invierno” hace más de 70 años.

Los días futboleros del Mundial de junio y julio habrán terminado cuando se sepa si Milei pudo acomodar los números a tono con la creciente impaciencia que le quita apoyo desde el verano.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/hay-que-pasar-el-invierno-enesima-temporada-nid25042026/

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