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Incorporó 70 salsas y lluvia de papas a su negocio en Devoto y su suerte cambió: “Estábamos muy mal económicamente”

“Nos estaba yendo muy mal económicamente y mi papá, Juan, se puso un pequeño kiosquito para tener alguna entrada diaria para comer”, recuerda, con cierta nostalgia, Gastón Hernández, de 51...

“Nos estaba yendo muy mal económicamente y mi papá, Juan, se puso un pequeño kiosquito para tener alguna entrada diaria para comer”, recuerda, con cierta nostalgia, Gastón Hernández, de 51 años, detrás del mostrador de un ícono de Villa Devoto. En aquel entonces, el local tenía apenas unos 25 metros cuadrados y estaba ubicado en Nueva York 4010, justo enfrente de la plaza Arenales. Pero el kiosko no alcanzaba para sostener a la familia y Juan tuvo que reinventarse para hacer crecer aún más el negocio.

En diciembre de 1995, tuvo una idea, que sin imaginarlo, cambiaría para siempre su suerte: incorporar en el local panchos con salsas exóticas. “Los quiero hacer diferentes, que no sean los clásicos con mayonesa, kétchup y mostaza”, dijo el emprendedor y dejó volar su imaginación. Así, logró crear más de 70 salsas e incorporó la “lluvia de papas”, que se convertiría en un emblema de la casa. Para la época fue toda una novedad y sus creaciones traspasaron generaciones. Hoy, Devoto florece con nuevas propuestas gastronómicas, pero los vecinos del barrio siempre recuerdan los panchos de Peter´s.

El lugar ideal: frente a la plaza

Juan Antonio Hernández, mejor conocido en el barrio como Pedro Picapiedras (por su parecido al personaje) o simplemente “Pedro Pancho”, era de Devoto de toda la vida y conocía cada una de sus calles como la palma de su mano. Es por ello, que en el momento de emprender su primer negocio eligió un local pequeño, en un antiguo garaje, pero con una ubicación estratégica frente a la plaza.

Juan amaba la cocina, se daba maña con cualquier plato, pero por sobre todas las cosas, le fascinaba combinar ingredientes y sorprender a sus clientes. Cuando, por una necesidad económica, decidió incorporar un producto todo terreno como el pancho, no dudó en darle su propia impronta con un buen pan y creaciones únicas.

Las primeras salsas que sumó fueron la de pepino y la de pickles. Para dar a conocer el nuevo producto, pensó una estrategia tan sencilla como efectiva: regalar panchos a los jóvenes que estaban en la plaza “Empezó a llamar a los chicos de la plaza para hacerles probar gratis. Hacía eso todos los días. También tuvo mucho éxito con los adolescentes que se acercaban al local antes de ir al boliche a comer un pancho y después volvían a la madrugada por más”, recuerda Gastón. Poco a poco, el pequeño kiosko se fue transformando en un punto de encuentro: había días en que estaba abierto casi las 24 horas. 

Una noche de tormenta y la lluvia de papas

Primero, la panchería se llamó “Los panchos de Juan”, en honor al fundador y luego, los mismos habitués lo fueron bautizando con nuevos apodos: como “los panchos de Pedro”, por su parecido a Pedro Picapiedras. Un buen día, Lucas, uno de sus hijos propuso ponerle Peter´s y quedó. Sin imaginarlo se convirtió en un clásico del barrio. Entre tantas historias, hay una que la familia se enorgullece al recordarla. Surgió una noche de mucha tormenta. “Cuando llovía se trabajaba bastante poco y a papá se le ocurrió sorprender a los chicos que volvían de bailar. No sabía si iban a aparecer, pero había decidido esperarlos con algo especial. Cuando aparecieron les agregó papas pay arriba del pancho y lo llamó “Lluvia de papas”, cuenta. La ocurrencia funcionó y después de aquella noche, la cantidad de gente que comenzó a acercarse fue cada vez mayor.

De las dos salsas originales llegaron a ofrecer 71 opciones diferentes. Actualmente, tienen alrededor de 50. Entre todas, hay dos que se mantienen como favoritas históricas: la salsa criolla y el queso parmesano. Cada uno puede armar su propio pancho con sus salsas favoritas y toppings. “Le puede poner lo que gusta, hacer las combinaciones que quiera. La libertad es total. Si gusta el toque final puede ser con las papas”, detalla.

La volcánica, los fanáticos del picante y el pan siempre calentito

Todas las salsas se preparan a diario en el local. Con los años fueron sumando nuevas recetas como las opciones para los fanáticos del picante: jalapeños, mostaza picante y la llamada “Volcánica” (con variedad de chiles frescos fileteados, tabasco y vinagre). Juan era fanático de la “Diabla” (con tomates asados y jalapeños salteados al alioli). En cuanto a la salchicha, hay opciones de Viena, alemana con piel y una opción vegetariana. ¿”El agua donde se cocinan los panchos lleva algún condimento?”, se le consulta. Gastón, sonríe antes de responder. “Si, les ponemos bastantes para darle más sabor. Pero son un secreto”, dice, entre risas. Pero hay algo que permanece prácticamente igual desde los comienzos: el pan. Lo sigue elaborando el mismo panadero de siempre, con una fórmula que Juan le entregó. Es artesanal, amasado a mano, y según Gastón, hay una regla que no se negocia: siempre tiene que salir calentito.

Tras el éxito de la “lluvia de papas” y el boca a boca, sus panchos comenzaron a hacerse conocidos en todo el barrio y traspasaron fronteras. El pequeño local comenzó a llenarse y las filas comenzaron a ocupar una cuadra. Años más tarde llegó la mudanza a un espacio más amplio en Chivilcoy 3896, a metros del original.

Diego Maradona, el vecino fanático de los panchos

El año 2000 fue un desborde. “Se vendía muchísimo. No podíamos cerrar. Me acuerdo que muchas veces los clientes nos golpeaban las persianas”, cuenta. Por el local también pasaron personajes conocidos. Futbolistas, figuras de la televisión y muchos de los protagonistas de la época de esplendor del programa de Marcelo Tinelli. Desde José María Listorti, Sebastián Vignolo, Christian Bassedas, Fernando Pandolfi, Martín Palermo y Damián Betular, entre otros. Pero hubo uno, que para la familia, se lleva el primer puesto: Diego Maradona, quien era un habitué que vivía en el barrio. “Era fanático de nuestros panchos. También venían sus hermanos el Turco y Lalo”, rememora. Además, se convirtió en parada casi obligada para quienes salían a bailar. Los micros que llevaban gente a los boliches de la Costanera pasaban por el local tanto de ida como de vuelta. “Los chicos hacían la previa y el post acá. Se quedaban comiendo panchos hasta las nueve de la mañana”, asegura. Muchos de ellos, ahora son padres y continúan la tradición de acercarse al local en busca de su pancho predilecto junto a sus hijos. “Es lindo ver a los clientes que crecieron con nosotros. Es emocionante que vengan chicos y chicas de aquella época con las nuevas generaciones. Eso es impagable, una belleza”, agrega. 

Una crisis económica y tres décadas después

Juan Antonio murió hace siete años, pero hasta sus 73 años continúo vinculado al negocio: cada vez que se le presentaba una idea de salsa no dejaba de sorprender a sus clientes. Hoy, sus hijos Gastón y Lucas, continúan su legado con mucho orgullo. La imagen del creador, que se convirtió en el logo de la marca, permanece intacta así como sus flamantes recetas, que guardan bajo siete llaves. Para Gastón, el amor es la verdadera esencia del negocio. “Aunque suene trillado, es la realidad. Panchos hay miles y de mil formas, pero que te lo den con amor, con historia y tratando de darte lo mejor, hay muy pocos”, considera.

Después de tres décadas, Peter´s sigue siendo más que una panchería. Es un lugar donde algunos regresan para recordar su juventud, otros llevan a sus hijos a la barra. Todos, de alguna manera, se encuentran con una parte de aquella historia que comenzó con un pequeño kiosco de barrio en medio de una crisis económica. La familia tiene un sueño pendiente. “Volver al mismo lugar original o hacer una réplica chiquitita, de cómo era el antiguo local, en el mismo lugar donde se encuentran ahora. Sería increíble”, concluye. Es la una del mediodía, los habitués se acercan con un hambre voraz. Afuera está muy nublado y frío. Enseguida, entran en calor. “Marche un pancho con lluvia de papas”, dice Gastón y, por un instante, parece volver a ver a su padre detrás del mostrador, despachando sin parar, y sacándoles una sonrisa a los clientes, incluso en los días más grises.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/incorporo-70-salsas-y-lluvia-de-papas-a-su-negocio-en-devoto-y-su-suerte-cambio-estabamos-muy-mal-nid30092026/

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