La base porteña de una pareja que hace tiempo vive en Uruguay
Hay casas que nacen para vivirse todos los días y otras que, aunque no sean la residencia permanente, logran sentirse vividas. Este departamento, ubicado en Barrio Parque, pertenece al segundo gru...
Hay casas que nacen para vivirse todos los días y otras que, aunque no sean la residencia permanente, logran sentirse vividas. Este departamento, ubicado en Barrio Parque, pertenece al segundo grupo: es el refugio porteño de una pareja de argentinos que, después de varios años de vivir en Uruguay, necesitaba un lugar donde quedarse cuando vinieran a visitar a sus hijos y nietos.
Los dueños querían tener su base en la ciudad, un espacio moderno, sobrio y elegante, en contrapartida con la casa de playa de José Ignacio.
Arq. Delfina Lamon y Sonia Schottlaender, de estudio Ese Ele, a cargo de la reforma.
De la playa a la ciudadLa reforma, que duró seis meses y estuvo a cargo de las arquitectas Delfina Lamon y Sonia Schottlaender, de estudio Ese Ele, tuvo el objetivo de lograr un espacio de encuentro amplio que les permitiera hacer reuniones familiares.
“Queríamos romper un poco con el típico living-comedor de ciudad, por eso planteamos una propuesta de doble living: uno más formal y otro más informal con la tele, ideal para juntarse en familia”.
Sobre una paleta neutra donde predominan negro, gris y blanco, el toque de color se encuentra en el arte: “Los dueños fueron a una feria y nos mandaron una foto de los dos cuadros que habían comprado para el living”, recuerdan las arquitectas.
Una de sus ideas fue la de jugar con distintas texturas y materiales: “Más allá de la mezcla de colores, planteamos varios juegos de relieves. Les propusimos incorporar curvas y a ellos les encantó. Hicimos todos los muebles que teníamos pensados y otros los fuimos a elegir juntos”.
Disfrutar en familiaEn la planta original, lo que hoy es el comedor era un dormitorio que daba al balcón. Para lograr un espacio amplio e integrado, se lo anexó al ambiente principal: aunque se “perdió” un ambiente, se ganó en luz y amplitud.
“Ellos querían esta idea de que el comedor esté integrado al living pero que a la vez no se viera del todo. Logramos esta permeabilidad mediante un varillado de madera que le da un poco de privacidad y también una parte abierta”.
Un color para cada ambienteEl piso de madera de lapacho, que mantuvieron porque estaba en buenas condiciones, fue el puntapié para las elecciones cromáticas: “Queríamos que hubiera contraposición entre los colores claros y oscuros”, cuentan las arquitectas.
“Silvia y Juan, los clientes, tenían experiencia con remodelaciones y una idea bastante clara: querían que en cada ambiente predominara un color”.
Aunque trabajaron sobre la base neutra, cada ambiente tiene su tono: en el cuarto de invitados, el amarillo; en el principal azul y gris y en el living, el verde del sillón. “Se enamoraron de esa tela. Tenían en mente que querían contrarrestar madera y jugársela con un color de tapizado”, cuentan las arquitectas.
Los cuadros de cada ambiente fueron elegidos por la dueña de casa, quien se involucró completamente en la reforma. Para la habitación principal eligió una luna y un sol, que representan su profesión de astróloga.
Barajar y dar de nuevoParte de la reforma incluyó la ampliación del toilette para convertirlo en un baño completo y la demolición de una pared para transformar el baño principal en suite.
El trabajo no solo fue estructural; hubo también mucha atención en la iluminación, para rescatar ambientes que sin tanta luz natural.
“La iluminación del baño fue pensada desde la funcionalidad: pusimos tiras led en la ducha y en la bañera para que, si se levantan de noche para ir al baño, no tengan que prender una luz muy fuerte”.
“Para la iluminación le pedimos asesoramiento a Manuel Acevedo, un compañero que es especialista. Gracias a él logramos destacar lo que había que destacar y poner foco donde había que hacerlo”, aseguran.
Un trabajo en conjuntoDicen que los mejores resultados nacen del trabajo en equipo, y más allá de la dupla de arquitectas, en este caso el proceso fue de a cuatro.
“Si bien todo fue a distancia porque ellos viven en Uruguay, fue un proceso súper nutritivo porque tenían una impronta muy marcada. Fue fácil ponernos de acuerdo entre lo que proponíamos nosotras y lo que ellos traían”.