La ciudad que casi se llama Nueva Suecia y conserva las tradiciones de sus colectividades
Las plazoletas tienen nombres oficiales que nadie recuerda. Alojados en el Hotel Cuatro Pinos, estamos frente a “la de la comisaría”, pero están también “la del banco” y “la del casino...
Las plazoletas tienen nombres oficiales que nadie recuerda. Alojados en el Hotel Cuatro Pinos, estamos frente a “la de la comisaría”, pero están también “la del banco” y “la del casino”, por ejemplo. Oberá, en Misiones, tiene unos 80.000 habitantes; es la segunda en importancia después de Posadas. Al recorrerla, la guía Tatiana de Filippo nos cuenta que, a principios del siglo XX, el lugar era conocido como la colonia agrícola Yerbal Viejo. Había algunos pocos criollos dedicados a la yerba, algunos guaraníes, alemanes del Volga de segunda generación que habían llegado a Brasil, rusos, ucranianos, polacos y, principalmente, suecos que conformaban la colonia más grande de Sudamérica. Llegaban de forma incesante gracias a la Ley Avellaneda. Y se les entregaban chacras de 25 hectáreas para trabajar la tierra. Muchos se inclinaban por la yerba mate, el “oro verde” de la época.
Razón de sobra para que en Oberá se celebre todos los años, en septiembre, la Fiesta del Inmigrante en el Parque de las Naciones. Se trata de un predio de 14 hectáreas donde las colectividades mantienen vivas sus tradiciones a través de casas típicas, gastronomía, música y danzas. Desde 1992, el municipio fue cediendo los terrenos para que cada comunidad levante su espacio permanente. Declarada Capital Nacional del Inmigrante, Oberá refleja la convivencia de las catorce corrientes inmigratorias que dieron forma a la localidad.
La ciudad se fundó en 1928 con el nombre de Oberá (“lo que brilla”, en guaraní), pero por pocos votos no se llamó Nueva Suecia. El acto se hizo en la plaza San Martín, que está en declive y tiene una muy linda parquización con plantas nativas como lapacho, caña fístula, ibirá pitá, palos borrachos y palmeras pindó. “No tenemos el clásico plano en damero de las ciudades y pueblos del interior del país”, apunta Tatiana mientras volvemos a la única parte plana de la ciudad, donde está nuestro hotel y la catedral de San Ignacio, que se empezó en los 60, se incendió y se reinauguró en 1995 con arcos ojivales y torres en estilo neogótico. Es una iglesia católica y en el altar hay una bandera de la ciudad con una franja roja (la tierra), otra verde (la selva) y una golondrina blanca que habla de los migrantes. No es el único templo; en Oberá hay varios otros que son luteranos y evangélicos.
Junto al cartel de ingreso a la localidad hay un monumento a la yerba mate que la gente llama “el diamante”, pero que en realidad es una ponchada con yerba cargada por tareferos (que son quienes la trabajan). Por la Av. de los Inmigrantes pasamos por Pueblo Salto, una comuna rural con calles de piedra basáltica y acceso al Parque Salto Berrondo, un clásico de los fines de semana obereños.
Si hablamos de pioneros, los Okulovich están entre las familias célebres. Carolina es bisnieta de Basilio, el ruso que llegó a la zona en 1931 y fundó la empresa que desde entonces produce muy buen té. Hace algunos años ya que el emprendimiento se llama La Ruta del Té. Está sobre la RN 14, en dirección al norte. Hasta acá llegamos para hacer la visita guiada por la plantación y la fábrica, y probar el té con tortas.
Al tiempo que caminamos por los líneos, las guías nos cuentan que la Camellia sinensis vive hasta 100 años. Necesita clima subtropical y suelo con hierro, por eso está distribuida entre Misiones y Corrientes. Ahora está en modo descanso. La cosecha se hace de octubre a mayo, cada quince días, cortando con una máquina los brotes que alcanzan los veinte centímetros. Eso es para el té que irá a saquitos. Para el té en hebras, en cambio, se cortan a mano la primera y la segunda hoja, con el brotecito incluido.
La variedad del té dependerá del proceso en fábrica. Todos los tés –verde, negro, rojo o oolong– salen de la misma planta. Se empezará con el marchitado, para sacarle humedad con calor o con vapor. Luego el enrulado, para darle más sabor. Después, la oxidación a temperatura ambiente, que determinará si es té rojo, negro o oolong. Y el secado, con más calor, a lo largo de seis horas, para el té negro. En el caso del té verde, no se le hará la oxidación. Con el agua a 80 o 90 grados, el té debe infusionarse cuatro minutos, si es negro. Y dos, si es verde. No más, porque perdería sus propiedades.
De vuelta en el centro, vamos a Del Monte, el restaurante que funciona desde hace casi 20 años en un antiguo galpón de acopio de yerba mate. El dueño y chef es Marcelo Prozapas, impulsor de la apertura de este gran lugar de techos altísimos y ladrillo a la vista que data de la década del 60. Hijo de polacos, ofrece platos de inmigrantes con sabores de la provincia. En un salón elegante y muy bien atendido, probamos una canastita de chipá con osobuco braseado y el ojo de bife con los ñoquis de mandioca, entre otros platos abundantes y bien balanceados.
Otras dos muy buenas contraseñas de Oberá son La Farigola y Siberia. En el primero, Maura Fuchs prepara platos clásicos con toques guaraníes. “Farigola” quiere decir tomillo en catalán y es su espacio desde hace 13 años. Hace poco abrió un segundo local, consagrado al mbeyú. En Siberia, Tatiana Rashetina sirve varenikes, un strogonoff de carne de cerdo y porotos, y otros ejemplos de la cocina rusa.
Datos útilesHotel Cuatro Pinos. Céntrico, se inauguró en 1968 y se renovó en 2017. Tiene 23 habitaciones, jardín interno y acceso a Novecento Café & Bar. Desde $80.500 la doble con desayuno. Av. Sarmiento 853, Oberá. T: (3755) 40-9383. IG: @hotelcuatropinos
La Farigola. De Maura Fuchs, que trabajó una década en Europa, funciona con éxito hace 13 años. La boga frita en tempura y la mandioca frita se destacan. De martes a sábados, de 20 a medianoche. Gobernador Barreyro 1.175, Oberá. T: (3755) 42-6682. IG: @lafarigolaobera
La Farigola Mbeyú. Abrió hace dos años y tiene una carta netamente misionera. El mbeyú con tomate confitado y queso es un hallazgo. De lunes a viernes de 8 a 12.30 y de 16 a 21; sábados, de 16 a 21. Gobernador Barreyro 1.175, Oberá. T: (3755) 42-6682. IG: @lafarigolambeju
Del Monte. Lindísimo espacio. Carta muy bien pensada –de pastas a carnes– con toques guaraníes. Jueves, viernes y sábados, de 20 a 2 de la madrugada. Costa Rica 334, Oberá. T: (3755) 42-3803. IG: @delmonterestaurante
Siberia. De Tatiana Reshetina, abrió hace un año. Sirve comida rusa reinterpretada. Gerardo, su esposo, está a cargo de la coctelería. Muy buen strogonoff, varenikes y el postre Napoleón –masa de hojaldre con manzana o pera y crema–. Jueves, viernes y sábados de 20 a medianoche; domingos de 12 a 15 y de 20 a medianoche. Av. de los Inmigrantes 3623, Oberá. T: (3755) 83-0773. IG: @siberiaresto
La Ruta del Té. Propone visitas guiadas por la plantación y la fábrica, degustaciones, la posibilidad de elaborar un blend propio y tomar el té en la confitería, además de pasar por el salón de ventas. Desde $35.000. Con reserva. RN 14 Km 886,5, Oberá. T: (3755) 58-3513. IG: @larutadeltemisiones
Oficina de Turismo de Oberá. De lunes a viernes de 7 a 19; sábados y domingos de 8 a 20. Av. Libertad 90, Oberá. T: (3755) 42-1808. IG: @obera.turismo