Generales

La “curva en U” del sueño: por qué dormir poco o mucho se asocia a un envejecimiento más rápido

Poco está mal y mucho, también, cuando se trata de dormir. Durante años, la discusión sobre el descanso se concentró casi exclusivamente en los riesgos de dormir poco. Sin embargo, un estudio ...

Poco está mal y mucho, también, cuando se trata de dormir. Durante años, la discusión sobre el descanso se concentró casi exclusivamente en los riesgos de dormir poco. Sin embargo, un estudio reciente de gran escala sugiere que el problema no está solo en la falta de sueño, sino también en el exceso: ambos extremos aparecen asociados a un envejecimiento biológico más acelerado.

El trabajo, publicado en la revista Nature y basado en datos de más de 500.000 personas, describe una relación en forma de “U” entre la cantidad de horas dormidas y distintos indicadores de envejecimiento del organismo. En el centro de esa curva, entre aproximadamente seis y ocho horas por noche, se concentran los mejores resultados. Dormir menos o dormir más de esa franja, en cambio, se asocia a perfiles biológicos menos favorables a lo largo de los años.

Pero el hallazgo no se limita a una cifra promedio de horas de descanso, ni a un solo órgano. El estudio analizó 23 relojes biológicos distintos, herramientas que estiman cómo envejecen tejidos y sistemas del cuerpo más allá de la edad cronológica, y encontró que el impacto del sueño varía según el órgano, el tipo de marcador y, en algunos casos, el sexo biológico. La idea de un único reloj del envejecimiento, uniforme y lineal, empieza así a quedar en duda.

La lógica de la curva en “U”

La relación en forma de “U” no es nueva en epidemiología, pero rara vez se había aplicado con este nivel de detalle al sueño y al envejecimiento biológico. En términos simples, el concepto describe un patrón en el que tanto los valores bajos como los altos se asocian a peores resultados, mientras que un rango intermedio concentra los efectos más favorables.

En este caso, los investigadores observaron que dormir menos de seis horas o más de ocho horas por noche se vincula con una aceleración del envejecimiento biológico, medida a través de distintos marcadores moleculares, metabólicos y de imágenes médicas. El punto más bajo de la curva, es decir, donde la brecha entre la edad biológica y la edad cronológica resulta menor, se ubica en promedio entre 6,4 y 7,8 horas, aunque ese rango no es idéntico para todos los órganos ni para todas las personas.

En tanto, Nature subraya un punto clave: estos resultados no implican que exista una cantidad “ideal” de sueño válida para todos, ni que dormir dentro de ese rango garantice mejores resultados de salud o mayor longevidad. El estudio es observacional y no permite establecer relaciones de causa y efecto. Tal como advierte Junhao Wen, uno de los autores principales del paper publicado el miércoles, la relación entre sueño y envejecimiento probablemente sea bidireccional: la salud influye en el sueño, y el sueño influye en la salud.

El segundo gran aporte del trabajo es haber ido más allá de la idea de un envejecimiento homogéneo. En lugar de utilizar un único indicador, los investigadores emplearon 23 relojes biológicos distintos, construidos a partir de datos de proteómica, metabolómica y estudios por resonancia magnética.

Algunos de esos relojes se enfocan en el cerebro, otros en el corazón, el hígado, el páncreas, el sistema inmune, el tejido adiposo o el metabolismo. Cada uno estima cómo envejece ese sistema en particular, comparando el estado biológico observado con lo esperable para una determinada edad cronológica.

Los resultados muestran que no todos los órganos envejecen al mismo ritmo ni responden de la misma manera al sueño. Por ejemplo, ciertos relojes basados en proteínas del corazón sugieren que seis horas de sueño se asocian a mejores resultados, mientras que otros, vinculados al cerebro, ubican ese punto más cerca de las ocho horas. En algunos casos, además, las asociaciones difieren entre mujeres y varones cuando se analiza el sexo biológico.

Alexandra Badea, ingeniera biomédica de la Universidad de Duke y que no participó de la investigación, explicó en Nature que estos datos ofrecen una visión más integrada del envejecimiento. “No se trata solo del cerebro”, señaló. “Los sistemas del cuerpo dialogan entre sí”.

El análisis se basó principalmente en datos del UK Biobank, un enorme proyecto de investigación que sigue desde hace años a más de 500.000 personas del Reino Unido. Los participantes informaron cuántas horas dormían en promedio por día y esos datos se cruzaron con muestras de sangre, estudios de imágenes y registros clínicos.

A partir de esa información, el equipo del Consorcio MULTI construyó relojes de envejecimiento biológico para distintos órganos y sistemas. Luego evaluó cómo variaban esos relojes según la duración del sueño, controlando por múltiples factores demográficos y de salud.

El trabajo fue realizado por el Consorcio MULTI, una red internacional de investigadores que combina especialistas en neurociencia, epidemiología, biología del envejecimiento y análisis de datos. El estudio estuvo liderado por Junhao Wen, investigador de la Universidad de Columbia, y reunió a equipos de instituciones de Europa y Estados Unidos que trabajan en el desarrollo de relojes biológicos capaces de estimar el envejecimiento de distintos órganos a partir de datos moleculares y de imágenes médicas.

Los autores aclaran que el uso de datos autoinformados sobre el sueño es una limitación del trabajo y que futuras investigaciones con mediciones más objetivas podrían aportar mayor precisión. También advierten que la población analizada corresponde mayoritariamente a personas de ascendencia europea, lo que limita la extrapolación a otros grupos étnicos.

Uno de los puntos más sensibles del estudio es la asociación entre dormir más de ocho horas y un envejecimiento biológico acelerado. Los propios investigadores y los especialistas consultados por Nature insisten en que este hallazgo no debe interpretarse de manera simplista y unidireccional.

Dormir mucho puede ser una consecuencia, y no una causa, de problemas de salud subyacentes, como enfermedades crónicas, inflamación o trastornos del ánimo. En ese sentido, el exceso de sueño podría funcionar como un marcador de procesos biológicos ya alterados, más que como un factor que los provoca. Es decir, una primera señal de alerta.

“Tenemos tan pocos datos que es realmente difícil decir algo definitivo”, reconoció ante Nature Kartik Chandran, virólogo del Colegio de Medicina Albert Einstein. El tamaño del estudio aporta solidez estadística, pero no elimina las preguntas abiertas sobre los mecanismos involucrados.

Un mapa más complejo del envejecimiento

Más allá de las cifras concretas, el aporte central del trabajo es conceptual. El envejecimiento aparece como un proceso distribuido, heterogéneo y sensible a variables cotidianas como el sueño, pero de maneras distintas según el órgano y el sistema que se observe.

Según Abigail Dove, neuroepidemióloga del Instituto Karolinska, el interés del estudio radica en mostrar que el sueño afecta a todo el cuerpo y que, a diferencia de otros factores, es potencialmente modificable y en el corto plazo.

Lejos de ofrecer recetas, el estudio amplía el marco desde el cual se piensa el descanso y el envejecimiento. Dormir deja de ser solo una cuestión de cansancio o rendimiento diario y pasa a integrarse en una red de procesos biológicos que no avanzan todos al mismo ritmo ni responden de manera uniforme.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/la-curva-en-u-del-sueno-por-que-dormir-poco-o-mucho-se-asocia-a-un-envejecimiento-mas-rapido-nid16052026/

Volver arriba