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La IA solo busca las llaves donde está la luz del farol

Muchos recordarán ese viejo chiste: un borracho estaba buscando las llaves de su casa debajo de un farol. Pasa alguien y le ofrece ayuda para buscarlo. “¿Dónde se cayeron?”. Y el borr...

Muchos recordarán ese viejo chiste: un borracho estaba buscando las llaves de su casa debajo de un farol. Pasa alguien y le ofrece ayuda para buscarlo.

“¿Dónde se cayeron?”. Y el borracho señala a lo lejos, en la oscuridad.

“¿Y por qué las busca acá?”

La respuesta: “Porque acá está la luz, claro”.

Nunca imaginé que ese viejo chiste, que juega con el absurdo, me haría sentido ante las últimas investigaciones sobre el deterioro de nuestra profesión periodística.

Incluso desde antes de la explosión de la Inteligencia Artificial, la mayoría de los artículos que leemos en los medios son producidos por reporteros que nunca se alejan de sus mesas de trabajo. Y para peor, las mesas cada vez más están más alejadas de las redacciones donde antaño al menos se comentaba lo que uno hacía con colegas.

Y la gran mayoría de los textos ni siquiera se basan tampoco en haber hablado con fuentes por teléfono o Whatsapp: son producto de información recolectada en Internet. Repetir y regurgitar lo que ya los lectores pueden encontrar por sí mismos en la ancha y porosa red.

¿Qué pasa en Irán?

¿Qué sucede dentro de las escuelas públicas en el interior profundo de Argentina?

¿Cómo volvieron los astronautas del Artemis II?

¿Cómo se está planeando el relevo de los autócratas septuagenarios Putin y Xi Jinpin?

¿Cómo está sintiendo la población cubana su situación actual?

Salvo unos pocos de los grandes medios tradicionales o de órganos especializados para un público selecto, lo que consume la mayoría se produce en los centros de poder donde se repiten consignan, no se comprueban datos. La mayoría de los medios, con cada vez menos personal, capacitación y dinero para viajes e investigaciones largas, busca las llaves no donde cayeron, sino donde alumbra la luz gratuita de lo que aporta la propia laptop, el propio teléfono.

Un buen periodista –o un ciudadano consciente– debe buscar más allá de lo que emerge de la búsqueda digital

La investigación empieza y termina con el buscador sentado en su silla, con lo que le aporta lo ya publicado.

Hasta la irrupción de la IA, este método perezoso ya presentaba inconvenientes: en primer lugar, debemos estar conscientes de que hubo un momento, que se suele establecer por el comienzo de este milenio, a partir del cual lo que se “publica” está disponible online. Pero todo lo anterior – que no es poco – fue producido antes de que los medios, los documentos y los informes fueran automáticamente subidos a Internet: de ese cúmulo de material, lo que se encuentra en las redes es lo que alguien rescató del antiguo tiempo pre-Internet para replicarlo en digital.

Alguien con interés en que eso esté a disposición del público. Alguien en este siglo decidió que ese contenido esté a la vista de los que buscan en sus aparatos. Pero hay mucho, muchísimo más que por desidia, por desinterés o por ocultamiento, está en bibliotecas y hemerotecas, pero no a la luz de las pantallas.

Un buen periodista –o un ciudadano consciente– debe buscar más allá de lo que emerge de la búsqueda digital.

En segundo lugar –y eso lo vimos palmariamente en la restricción de salir del COVID– la calle, los edificios públicos, los mercados, los hospitales, las cárceles y los bosques nos dan información invaluable de lo que viven, sufren, piensan y hacen quienes no tienen interés –o tienen miedo– de poner sus actividades e ideas a la luz de los reflectores digitales.

Cuando lo peor que podía pasar era que en su prisa o pereza los comunicadores crearan textos, audios o imágenes basadas en lo que todos los demás estaban usando también. Pero faltaba lo peor.

Ahora, con la red llena de contenidos producidos por supuestas “inteligencias” que obedecen a quienes las alimentaron y las entrenaron con contenido disponible al calor de inmensas bases de datos digitales, se dio un paso más: ya no buscamos las llaves donde está la luz, sino que delegamos esa búsqueda en máquinas para las que no existe ninguna realidad más allá de donde ilumina el farol.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/la-ia-solo-busca-las-llaves-donde-esta-la-luz-del-farol-nid09052026/

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