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La misteriosa casa de Belgrano R que simula un Principado, pero esconde una historia insólita

Un principado de un país que no existe y un ...

Un principado de un país que no existe y un monarca sin título. Sobre la avenida Melián, en pleno Belgrano R, hay una casa que a simple vista puede pasar desapercibida, pero según una placa de bronce, pertenece a un principado. El cartel no llama la atención, ya que está en un barrio donde conviven consulados, residencias diplomáticas y grandes casonas.

Pero, al leerlo con detalle, empiezan las contradicciones: “Principado de Escandinavia”. Aunque algunos naturalizan el edificio y no se hacen preguntas, otros se replantean su legalidad. Escandinavia no es un país, sino que es una región del norte de Europa formada tradicionalmente por Dinamarca, Noruega y Suecia. Tampoco existe, oficialmente, un Estado reconocido con ese nombre.

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Al seguir paseando por las inmediaciones, los detalles no dejan de aparecer. Un cartel luminoso advierte: “Por seguridad, sus datos biométricos están siendo registrados por la cámara y, mediante la función de Bluetooth, estamos ingresando a su celular para obtener sus datos personales”. El anuncio continúa con: “Si usted no desea que esto se realice, por favor, mire sin pestañear a la cámara, levante el brazo derecho, mueva la mano hacia un lado y hacia otro y desconecte la función de Bluetooth de su celular”.

Justo al lado, hay otro cartel que hace más evidente que se trata de una parodia: “Arroje aquí las cenizas de su perro que tanto le gustaba cagar en este jardín”. Y hay otro más, en el buzón, con un mensaje alentador, que dice: “No inserte publicidades, solo cartas de amor, por favor”.

Pero, ¿qué es el supuesto “Principado de Escandinavia”, quién está detrás de él y qué funciona realmente dentro de esta misteriosa casona de Belgrano R?

El responsable, o mejor dicho “la figura diplomática de Escandinavia en la Argentina”, es Pablo Bañares, un médico esteticista y emprendedor de moda, perfumes y café. Su decisión de transformar su casa en una atracción vecinal es recreativa: “Trato de ponerle onda a la vida, empujo el carro un poco más hacia lo escenográfico para colaborar con la alegría de la gente”, declaró con una sonrisa sentado en la terraza de “su territorio escandinavo”, donde aceptó ser entrevistado por LA NACION.

Bañares no se autoproclamó príncipe desde el principio, sino que ya lleva un importante recorrido diplomático: “Pasé de embajador a cónsul y de cónsul a príncipe”, explicó. Primero compró, en 1995, una vivienda que bautizó como la “Embajada de Transilvania”, en la que vivió 25 años; después se mudó al supuesto “Consulado del Ciberespacio”, en 2020, donde permaneció dos años. Y, antes de trasladarse a su residencia actual, el “Principado de Escandinavia”, al que se mudó en 2025, quiso “imitar a Mick Jagger”. Se alojó durante dos años en el Hotel Alvear, específicamente en la habitación 418, y experimentó lo que es “vivir a room service”.

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Pero, aunque hacer reír a los transeúntes es gran parte del objetivo de las intervenciones de sus hogares, hay una ventaja adicional: “Empezó por un tema de seguridad”, señaló, ya que al poner un chapón que dice embajada, consulado o principado, se evita que las personas toquen el timbre por cualquier cosa, y a su vez, suponen que hay mucha seguridad y se intimidan.

De consulado a embajada, de embajada a principadoEmbajada de Transilvania

La primera vivienda que compró el médico, y en la que se autodenominó “embajador”, está ubicada sobre la calle Mendoza, también en Belgrano R, y la nombró Embajada de Transilvania. Con una reja negra, una garita de seguridad, una bandera de la Unión Europea y carteles en alemán de “Frontera estatal, prohibido pasar” o “Atención: prohibido el paso a los miembros de las misiones extrajeras de enlace”, la propiedad infringía respeto.

“A esa casa le hice varias refacciones a lo largo de los 30 años que viví ahí”, señaló el médico, sobre la casa en la que vivió con su exmujer y su hijo. Entre ellos, un segundo piso y una cúpula, la última que se construyó en Buenos Aires, según afirmó. “Tuve que llamar a los cupuleros que arreglan las de Avenida de Mayo, que hace años que no construían una”, desarrolló y detalló que fue la única del país que se construyó afuera de la casa y se colocó “como una cereza arriba de una tarta” con una grúa.

“Aproveché que Transilvania no es un país, entonces puedo ponerle el nombre de embajada. Es un gris legal”, remarcó. De esta manera, pudo otorgar impronta diplomática al edificio. La zona elegida para representar no es aleatoria, ya que él viajó a Transilvania —una región ubicada en el centro de Rumanía—, visitó los montes Cárpatos, donde se encuentra el castillo de Drácula, que en realidad lleva el nombre de Castillo de Bran, y aprendió la historia de Vlad III el Empalador, personaje histórico en el que se inspiró el escritor irlandés Bram Stoker para crear el famoso vampiro.

“Siempre coqueteé con la historia de Drácula, entonces le puse ese nombre”, recordó, y reconoció que gran parte de la fama que recibió la casa fue porque el vampirismo, que aunque no existe, llama mucho la atención.

Consulado del Ciberespacio

Al divorciarse, Bañares cambió de locación: le dejó la embajada a su exmujer y a su hijo, y adquirió una nueva casa, en el mismo barrio, pero sobre la calle Tronador. Con el cambio, se modificó su puesto: pasó a ser cónsul del ciberespacio. Esta vez, eligió una vivienda blanca, con una enorme reja con alambrado de púas y, como no podía faltar, agregó el chapón con la denominación institucional del edificio.

“Anunciamos por redes que ya se podía tener título de propiedad de gigabits en el ciberespacio”, recordó entre risas el médico, quien se mudó a la vivienda en el 2020 junto a su pareja Josefina Sempé, y agregó: “Una falacia, pero la gente estaba muy interesada en tener su título de propiedad”. El chiste no terminaba ahí, sino que colocaron un cartel donde decía que los que se quisieran comunicar para adquirir el producto debían llamar entre las 8 y las 8.06 a un número que no existía. “Obvio que nunca cobramos; algunos se dieron cuenta de que era humor, otros se lo tomaron literal”.

Otra característica especial que tenía el consulado era una rayuela en la vereda. Pero no podía ser igual que las otras. Medía 17 metros, lo que la consolidó como la más grande de Sudamérica. Y otro detalle más: un cartel que desafiaba a los transeúntes, y decía “No creo que usted pueda finalizar la rayuela”. El letrero logró que los niños, pero sobre todo los adultos que pasaban por ahí, sintieran la necesidad de completar el reto. “Llegaba a cualquier hora y siempre había alguien saltando en la puerta de mi casa”.

Tras vivir un año allí, quiso mudarse. Su principal motivo fue que la residencia estaba pegada a un colegio, y no soportó el ruido constante.

Fue entonces que decidió establecerse en su casa actual, el “Principado de Escandinavia”, ubicado sobre Melián.

Su principado actual

Al abrir la puerta de su hogar actual (en realidad, de su Principado de Escandinavia), en el que vive junto a Josefina Sempé, las vibras diplomáticas se esfuman, pero no así las excentricidades. “Soy un coleccionista de las mil boludeces”, declaró al mostrar su cocina, en donde están exhibidas tazas con los casamientos de todos los miembros de la monarquía inglesa. En el cajón guarda repasadores de sus viajes por todo el mundo, que mantiene como reliquia, pero que, según remarcó, utiliza todos.

“Quiero entrar en el mundial de artes marciales que se hace en Seúl en marzo, ya me anoté”, aseguró y mostró en su pared una colección de espadas samurái. La cultura japonesa está muy presente en la decoración e ideación del hogar, con estilo Japandí, en el que predominaba una mezcla de estilo escandinavo —haciendo honor al espíritu exterior de la vivienda— y el japonés.

Sentado en una banqueta, frente a su piano vertical y un micrófono retro, contó que su casa se transformó en la sede principal de las juntadas entre amigos, que “vienen mínimo dos veces a la semana a practicar con la banda de rock, o a comer asados”. Para lograr convertir el hogar en un refugio y un centro de reuniones, el empresario modernizó el interior de la casa, sin tocar la fachada. Entre las principales modificaciones se encuentra la renovación del piso, que pasó de ser cerámico marrón a cemento alisado, una tendencia que vio en Japón; y la ampliación de la terraza, ya que sacó el pasto que había en un sector y lo transformó en habitable.

Al igual que él, la personalidad de la casa es innegable. La mole, de 400 m² cubiertos, está dividida en tres pisos: en el subsuelo se encuentran dos consultorios médicos, que transformaron en oficinas, en la que trabaja Josefina ideando productos y branding para marcas. También hay un laboratorio de fotos, convertido en lavadero. En la planta baja están la cocina y el living. Y en el último piso, hay tres habitaciones y un sauna escandinavo. “Estaba esperando que se ponga en venta para comprarla, la esperé muchos años a esta casa”, afirmó, y resumió su principal premisa inmobiliaria: “Valoro la locación, y esta locación no me la podía perder”.

Mil ideas, mil planes

Al preguntarle cómo surgen sus ideas, no dudó: “Tengo siempre mil disparadores en la cabeza”, aseguró Bañares, “se me ocurren este tipo de cosas”. Y aunque sostiene que lleva a cabo la mayoría, hay algunos aspectos en los que se ve limitado.

“Me limita el tema logístico; quiero poner un trineo con Papá Noel esquinado arriba del techo; si fuese millonario, lo haría”, explicó, pero en vez de conformarse, decide agregar lo que él considera como un diferencial, sobre todo en las fechas especiales.

Durante octubre, el principado se transformará por Halloween. Ataúdes, fantasmas y maniquíes se colarán en la fachada y convertirán el hogar en la casa del terror. Lo mismo pasará en Navidad, cuando decore con nieve artificial, renos y Papá Noeles. “Los chicos quieren venir a ver la casa”, confesó orgulloso. Es más, las excursiones turísticas que se realizan en Belgrano R, y que cuentan la historia del barrio, ya incluyeron su vivienda entre una de las paradas. Incluso, recibió currículums en su correo con personas interesadas en trabajar allí, o pidiendo recomendaciones para un viaje. “A nadie le molesta una casa así; todo lo contrario, suma”.

Aunque no sabe en qué deparará su futuro, su carrera no finaliza todavía. “Pasé de embajada a consulado, de consulado a principado y ahora me toca un reino”, explicó, mientras se ponía unos anteojos de sol de su marca, muy similares a los de Ben Stiller en la película Zoolander. “Ahora, quiero ser rey”, concluyó. ¿Alguien duda que conseguirá este título de la nobleza?

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/propiedades/casas-y-departamentos/la-misteriosa-casa-de-belgrano-r-que-simula-un-principado-pero-esconde-una-historia-insolita-nid28092026/

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