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La vuelta a Boedo

La comisión directiva transitoria del club San Lorenzo de Almagro anunció días atrás la recuperación de la totalidad del terreno ubicado en la avenida La Plata al 1700, donde hasta principios ...

La comisión directiva transitoria del club San Lorenzo de Almagro anunció días atrás la recuperación de la totalidad del terreno ubicado en la avenida La Plata al 1700, donde hasta principios de los años 80 se ubicó su cancha, el llamado Viejo Gasómetro. Aquel predio debió dejar dejar lugar a un hipermercado, lo que llevó a sus futbolistas a deambular por otras canchas, hasta que, en 1993, se inauguró su actual estadio en el Bajo Flores.

De este modo, las autoridades del club oficializaron su vuelta al barrio de Boedo con miras a avanzar con el para muchos disparatado proyecto de erigir un nuevo estadio. Fue posible mediante la cesión que le hizo la Corporación Buenos Aires Sur por un plazo de 50 años, que le permitió a la entidad azulgrana sumar 8345 metros cuadrados, y tras la decisión de la rezonificación del predio, adoptada tres años atrás por la Legislatura porteña. Este proceso se inició en 2012 con la denominada ley de restitución histórica, que declaró ese lugar de utilidad pública y sujeto a expropiación.

Como parte del convenio, San Lorenzo deberá cumplir con otras obras y acciones sociales, tales como el otorgamiento de becas deportivas para niños y la construcción de un corredor verde.

Más allá de lo nostálgico, emotivo y anecdótico del caso, cabe preguntarse si es necesario otro gran estadio de fútbol en el medio de un centro urbano, con las eventuales complicaciones y molestias que generaría una construcción de estas características. También, si es lógico que, en tiempos de cinturones apretados, convivan en el área metropolitana tantos estadios de toda clase y color. Es evidente que nuestro país no mide gastos y un claro ejemplo de esto se puede observar en la ciudad de La Plata, que posee un Estadio Único de nivel internacional que casi no se utiliza porque los dos clubes de fútbol de primera división de la capital bonaerense prefieren jugar en sus respectivas canchas. Otro ejemplo cercano se da en Avellaneda, con dos grandes estadios separados por pocos metros de distancia.

Se contrapone esto con situaciones que se dan en otros países como Italia, donde el Inter y el Milán utilizan el mismo hogar y solo le cambian el nombre por Giuseppe Meazza o San Ciro cada vez que juegan, o la Roma y la Lazio que hacen lo propio en el Estadio Olímpico de la capital italiana.

Más allá del contrasentido económico, mientras muchos hinchas de San Lorenzo celebran el proyectado retorno, miles de vecinos del barrio de Boedo no ocultan su entendible preocupación con este “déja vu” que retrotrae todo 50 años y expresan un fundado temor ante la posibilidad de que el desorden y la intranquilidad se adueñen de la zona.

Parece asimismo muy alejado del sentido común montar un nuevo estadio en Boedo con una inversión muchas veces millonaria, cuando San Lorenzo dispone en el sur de la ciudad de un predio de 27 hectáreas donde se sitúa su actual estadio, que podría ser perfectamente agrandado para albergar muchos más asistentes que los que alojaría el proyectado en avenida La Plata.

La inconveniencia sobre la construcción de megaestadios deportivos en zonas residenciales y densamente pobladas está demostrada. Estas canchas suelen convertirse en auténticas torturas para quienes viven en sus alrededores y abundan las razones para que la cotización de las propiedades de la zona decaiga.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/la-vuelta-a-boedo-nid30052026/

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