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Los desafíos de Lula

Luiz Inacio Lula da Silva asumirá en enero su cuarto mandato presidencial, tras una reñida contienda en la que se impuso con el 51,8% de los votos contra el 48,2% que alcanzó Flavio Bolsonaro en...

Luiz Inacio Lula da Silva asumirá en enero su cuarto mandato presidencial, tras una reñida contienda en la que se impuso con el 51,8% de los votos contra el 48,2% que alcanzó Flavio Bolsonaro en el balotaje, tras perder en la primera vuelta electoral realizada tres semanas antes. Al finalizar su cuarta presidencia, Lula habrá gobernado Brasil durante 16 años, más que cualquier otro presidente, con excepción de Getulio Vargas.

Un clima de crispación acompañó las elecciones brasileñas. La Justicia generó confusión modificando horarios electorales durante los comicios. La sobreactuación del polémico juez Alexandre Moraes ofreció al senador Bolsonaro la posibilidad de una narrativa de persecución política, además de agravar las desconfianzas sobre el Supremo Tribunal Federal. El juez solicitó los pasaportes del candidato presidencial, pero sin emitir órdenes de detención. Bolsonaro es investigado por eventuales vínculos con personajes acusados de lavado de dinero. Una vez en Miami -luego de una azarosa salida- y en una extravagante alocución, Bolsonaro se proclamó “verdadero presidente electo de Brasil”.

Los mercados internacionales reaccionaron con alertas ante la nueva reelección de Lula. El real se desplomó frente al dólar en su peor caída -en un solo día- de los últimos 25 años. Ahora, Lula tendrá que intentar ordenar el enredo económico heredado de su tercera presidencia. Brasil registra un alto endeudamiento público (83% del PBI); bajo crecimiento económico, pronunciado déficit fiscal, inflación anual del 5% y elevadas tasas de interés.

Lula prometió retomar programas sociales, ofreció transporte público gratuito los fines de semana y logró que el Congreso redujera de seis a cinco días la semana laboral, que pasó de 44 a 40 horas sin ningún tipo de recorte salarial.

Si todas las promesas planteadas por el presidente reelecto durante la última etapa de la campaña se materializaran, implicarían un fuerte incremento del déficit fiscal. El empresariado brasileño presiona a fin de evitar una crisis económica, atemorizado por el abandono de la razonabilidad fiscal y por las promesas demagógicas, junto al recuerdo de la hiperinflación de los años 1990.

La figura del obrero metalúrgico que alcanzará cuatro veces la presidencia a través de elecciones tiene garantizadas sus páginas en la historia brasileña. Durante sus dos primeras presidencias (2003 a 2010), Lula mantuvo coqueteos con Hugo Chávez y los Kirchner, pero a diferencia de sus socios del Foro de San Pablo, supo adoptar un vuelco realista en la mirada del escenario global. A través de políticas económicas responsables, el Financial Times destacaría su rol como defensor del libre comercio. Su carrera sufrió un duro revés en 2018 al ser encarcelado tras una condena por corrupción y lavado de dinero en la trama de una gigantesca red de sobornos enquistada en el Estado. Fue liberado al año siguiente y el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas. La tercera presidencia de Lula (2023), menos pragmática que las anteriores y más recostada en la militancia, experimenta dificultades para maniobrar en los borrosos escenarios de un mundo en guerra. La cuarta presidencia de Lula se iniciará con un Congreso hostil y la desconfianza de los mercados.

En lo económico, el presidente brasileño deberá brindar previsibilidad al mercado. En lo social, retomar las políticas de inclusión sin revivir los errores del pasado. En materia de seguridad, tendrá que desarmar las milicias y el crimen organizado que se fortalecieron y devolverle autoridad al Estado.

En Brasil se asiste al fin de una era política que traerá aparejada la renovación de sus dirigencias. En medio de una sociedad polarizada, y parlamentarios con lealtades laxas, arribar a acuerdos requerirá una paciencia de orfebres. Un nuevo Congreso dominado por el conservadurismo arremeterá contra el descontrol fiscal, el populismo, la politización judicial y el crimen organizado. El senador Bolsonaro, al abandonar su país, dejó atrás más de 60 millones de votos en búsqueda de liderazgo. Pero existe una derecha respetuosa de las instituciones que desea emanciparse del clan Bolsonaro. El gobernador de San Pablo, Tarcisio de Freitas, podría ser una figura creciente. Lula, a los 81 años, se encuentra finalizando su ciclo político. Los próximos cuatro años encontrarán a la derecha y a la izquierda midiendo capacidades con miras a las elecciones de 2030.

En su discurso de la victoria, Lula se cuidó de confrontar con el gobierno de Estados Unidos. Es probable que los intereses prevalezcan entre Brasilia y Washington. La Argentina necesita estrechar vínculos con su principal socio, aliado e importante inversor. El Acuerdo Mercosur- Unión Europea requiere esfuerzos conjuntos. La actual ausencia de embajadores en Buenos Aires y Brasilia es una anomalía histórica que debería ser prontamente subsanada.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/los-desafios-de-lula-nid03112026/

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