Lucas Zelarayán cumplió el sueño de toda su vida: volvió a Belgrano para sacarlo campeón
Lucas Zelarayán lo había dicho muchas veces. Lo repetía cuando jugaba en México, cuando brillaba en la MLS, incluso cuando aparecían ofertas para seguir su carrera lejos de Córdoba. “Siempr...
Lucas Zelarayán lo había dicho muchas veces. Lo repetía cuando jugaba en México, cuando brillaba en la MLS, incluso cuando aparecían ofertas para seguir su carrera lejos de Córdoba. “Siempre dije que iba a volver joven para sacar campeón a Belgrano”. Este domingo, en el Mario Alberto Kempes, cumplió la promesa más importante de su vida futbolística. Un 10 como los de antes, pirata de ley, chino de sobrenombre y armenio de origen y selección.
Belgrano le ganó 3-2 a River y conquistó el primer título de liga de Primera División de toda su historia. Y en el centro de la escena volvió a quedar el Chino, el futbolista que eligió regresar por pertenencia cuando todavía tenía mercado y contratos importantes en el exterior. Un jugador que juega atravesado por la emoción, que se quiebra cada vez que habla del club y que transformó una obsesión personal en una conquista colectiva.
“Fue una película”, resumió Zelarayán apenas terminó la final, todavía incrédulo por lo que acababa de vivir. “Desde octavos contra Talleres sabíamos que iba a ser un partido de mucha presión. Después vino Argentinos, donde también estuvimos abajo y pasamos en los penales. Llegábamos con un envión impresionante. Hoy dos veces estuvimos abajo en el marcador y lo fuimos a buscar con nuestra gente porque sabíamos que habíamos hecho un esfuerzo especial”, contó.
Belgrano volvió a levantarse una vez más en el momento más difícil. River se puso dos veces en ventaja y parecía tener controlado el partido tras el 2-1 de Tomás Galván. Pero el Pirata reaccionó con el corazón. Empató con un penal de Nicolás “Uvita” Fernández y lo dio vuelta apenas unos minutos más tarde, otra vez con el delantero que entró desde el banco para convertirse en héroe.
“Nunca nos dimos por vencidos. Lo fuimos a buscar porque tenemos corazón y sentido de pertenencia. Esta gente lo merecía”, dijo Zelarayán. Y enseguida apareció el chico que iba a la popular de Alberdi: “Siempre tuve la misma ilusión con Belgrano. Desde que era chico y venía a la cancha soñaba con verlo campeón”.
La emoción del Chino Zelarayán, un hincha campeón 🥹 pic.twitter.com/cFmC0gthX7
— Liga Profesional de Fútbol (@LigaAFA) May 24, 2026El título también pareció cerrar un recorrido personal lleno de decisiones tomadas desde la emoción. Zelarayán dejó Córdoba a los 22 años para iniciar una extensa carrera internacional en Tigres de México, Columbus Crew de la MLS y Al-Fateh de Arabia Saudita. Ganó títulos, construyó prestigio y hasta se convirtió en figura de la selección de Armenia, el país de origen de su familia. Pero nunca dejó de pensar en volver.
“Somos una familia fanática de Belgrano. Venía con el sueño de vivir un partido así. Estaba toda mi familia en la tribuna y pensé en todos los años que estuvimos afuera del país, a veces pasándola realmente mal. Siempre tuve en la cabeza volver joven, competitivo, para ayudar al equipo a vivir este tipo de partidos y finales”, relató emocionado.
Ese deseo ya aparecía mucho antes de la consagración. “No quería volver sólo para darme un gusto. Apenas me fui del club sabía que iba a regresar bien y competitivo”, decía hace unos meses. Y también: “Belgrano es mi lugar en el mundo”.
La relación con el entrenador Ricardo Zielinski terminó siendo otra de las claves de este recorrido. El entrenador fue quien lo hizo debutar en primera en 2012 y también quien lo convenció para volver a liderar este proyecto. “El Chino es un jugador distinto, con características que no abundan en el fútbol argentino”, había contado el Ruso sobre él alguna vez a LA NACION.
La final además estuvo atravesada por varias coincidencias emotivas para el mundo Belgrano. El partido se jugó el día en que Rodrigo Bueno hubiese cumplido 53 años. “Tengo una camiseta con una foto de él. Hoy cumpliría 53 y en la quiniela el 53 es el barco”, contó Zelarayán entre risas. “Sabíamos que se podía dar”.
"EN EL VESTUARIO TENGO UNA CAMISETA CON LA FOTO DE ÉL. HOY CUMPLIRÍA 53 AÑOS, Y EN LA QUINIELA ES EL BARCO"
Zelarayán sabía que este 24 de mayo era el cumpleaños del Potro Rodrigo y... ¡¡ELIGIÓ CREER!!
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El entrenador del equipo rival, Eduardo Coudet, hace un mes pidió por su presencia. No lo convence Juanfer Quintero, no lo vuelve loco Tomás Galván. Hoy le tocó padecerlo, con la asistencia en el gol de Leonardo Morales.
En medio de los festejos, también detalló cómo fue el encuentro con Cristian Romero, surgido del club y campeón del mundo con la selección argentina, pasó por la concentración durante la semana para acompañar al plantel. “Vino a saludarnos, tomamos unos mates y nos deseó lo mejor. Esto también es para él, que debe estar festejando a la distancia”, aseguró.
La imagen final volvió a mostrar al futbolista de 33 años, que juega con el corazón en la mano. Mientras hablaba con ESPN, le arrojaron un bidón de Gatorade azul desde atrás, en plena entrevista. A pocos metros, los hinchas seguían cantando su nombre.
BAÑO DE GLORIA PARA EL CHINO ZELARAYÁN EN EL KEMPES.
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Nació en Córdoba capital, pero una parte de su familia reside en San Francisco del Chañar, a 200 kilómetros de la ciudad, en el campo, cerca de Santiago del Estero. Le agrada la conexión ciudad-campo-pueblo. Se prende en algunas guitarreadas que le recuerdan a su infancia. La música que acompañaba sus primeros pelotazos.
Admiraba a Juan Román Riquelme, por una antigua pasión de su padre, pero también intentaba copiarle detalles técnicos a Pablo Aimar. En clave local, se inclinaba por Paolo Frangipane y el Mudo Vázquez, hoy su veterano compañero, en esta rueda del club de pertenencia que también abarca a Emiliano Rigoni.
El fútbol es un negocio. Un deporte, en realidad, convertido en un monumental negocio. Sin embargo, hay un espacio (enorme, tan inabarcable como difícil de explicar) para la pasión. La genuina, la que nace desde el corazón. El caso Zelarayán, una de las figuras del torneo Apertura, con cuatro goles y dos asistencias en 18 partidos, es el ejemplo ideal. Porque la venía demostrando solamente por ponerse la camiseta y jugar. Y ahora, el sueño del chico que iba a la cancha finalmente se cumplió.