Macri y Kicillof, unidos por el destino de ser o no ser
Mientras los potenciales protagonistas miran inquietos la elección presidencial de 2027, importa mucho el momento complejo que nubla el futuro de Javier Milei, pero más se impone la urgencia de u...
Mientras los potenciales protagonistas miran inquietos la elección presidencial de 2027, importa mucho el momento complejo que nubla el futuro de Javier Milei, pero más se impone la urgencia de un armado pendiente de los que están obligados a enfrentarlo o todavía no decidieron si tratarán de quitarlo de la presidencia.
Para Macri, que está decidiendo qué y con quién arma algo para el año que viene, pero en cambio Axel Kicillof en particular y para el peronismo en general es una obligación cruzarse en el camino de Milei
Es temprano, falta un año y medio, pero los viejos protagonistas del sistema político que se derrumbó por la irrupción libertaria están apurados.
Mauricio Macri dejó ver una aceleración de sus pasos y un alejamiento del oficialismo en los últimos días: volvió a comunicar que espera construir una alternativa electoral. Está decidiendo qué y con quién arma algo para el año que viene. En su caso, jugar es una posibilidad.
En cambio, para Axel Kicillof en particular y para el peronismo en general es una obligación cruzarse en el camino de Milei. El gobernador de Buenos Aires empezó a despedirse del cargo para el que no tiene habilitado otro mandato y busca moverse en público y en privado como un presidenciable. Que logre serlo es otra cosa.
Como primera medida, se distanció de Cristina Kirchner, su madre política. Ella es ahora la que trata de bloquearlo y recortarle capacidad de maniobra con lo que le va quedando de estructura política.
De pronto, como por arte de las necesidades perentorias, Kicillof empezó a ser retratado como un dirigente moderado y centrista, dispuesto a revisar su dogmatismo
Políticos como la expresidenta detenida en San José 1111 nunca aceptarán ser sucedidos y pretenderán hasta su muerte digitar quiénes pueden representarla.
Logró instalar a Alberto Fernández como presidente con los resultados conocidos, pero el último diseño de una candidatura presidencial duró apenas horas y debió aceptar que Sergio Massa fuera el postulante presidencial del peronismo controlado por el kirchnerismo.
Cristina se mantiene en silencio desde hace meses y las únicas voces que la representan limitan su mensaje a reclamar su libertad. Algo imposible de no mediar un indulto, para lo que es condición necesaria que vuelva un peronista a la Casa Rosada.
Kicillof explora vínculos en el peronismo y publicita reuniones con dirigentes que antes desdeñaba desde lo ideológico y con quienes mantenía distancia por una simple cuestión de pertenencia interna.
Macri será el primer destinatario de los ataques libertarios una vez que confirme que ya no es el avalista que hizo posible el traspaso a Milei de los votos de Juntos para el Cambio
De pronto, como por arte de las necesidades perentorias, empezó a ser retratado como un dirigente moderado y centrista, dispuesto a revisar su dogmatismo. Colaboran con entusiasmo ciertos comunicadores, como tampoco tienen problema en reivindicar al gobernador dirigentes del peronismo que antes lo que execraban en público.
El juego de entronización de Kicillof incluye maniobras para despistar, tales como la generación de un espacio horizontal dentro del peronismo consistente en reunir a todos los que estaban y todos los que se fueron. Además, juran que habrá una selección democrática del candidato y, muy importante, un nuevo discurso, distinto del que echaba mano no solo Cristina sino también el propio Kicillof.
Este escenario, por ahora ficticio, implica instalar la idea de que al final del camino el abanderado no será el gobernador bonaerense sino otro peronista.
Cristina ha colaborado en forma indirecta con la creencia de que el peronismo tiene muchas opciones. Lo hizo al impulsar las ambiciones de dirigentes como el exgobernador sanjuanino Sergio Uñac, entre otros. Sergio Massa hace como que hace poco, pero en algún momento jugará sus cartas.
El tablero no termina de completarse en tanto los gobernadores peronistas que actúan como aliados del oficialismo libertario todavía no tienen garantías de Milei de que no los enfrentará en sus propios distritos. Ahí hay una clave del problema del peronismo: una gran parte de sus dirigentes actúan en función del cuidado de su propio metro cuadrado. En eso están los gobernadores, los sindicalistas de la CGT y hasta los movimientos sociales, en su momento financiados con fondos públicos por el kirchnerismo.
Con el éxito o el hundimiento del gobierno de Milei, el peronismo no tiene otra alternativa que tratar de armarse y competir. Todavía no sabe si jugará para ganar o solo para mantenerse como opción de poder.
La exploración de Macri es distinta, aunque naturalmente su regreso estará condicionado a lo que consiga encontrar entre los fragmentos de su propio partido, el PRO, y los vestigios de Juntos por el Cambio, más algunas fuerzas provinciales dispuestas a salir de su confortable encierro.
Los libertarios empezaron por descalificar a Macri como un dirigente agotado y seguirán atacándolo ácidamente, muy al estilo de lo que hizo Milei con Horacio Rodríguez Larreta. El ahora presidente siguió el libreto de ir contra los dirigentes que podían desviar votos que podían ser propios.
Macri será el primer destinatario de los embates una vez que confirme que ya no es el avalista que hizo posible el traspaso a Milei de los votos de Juntos para el Cambio. ¿Será el expresidente “la variante prolija” y prometerá el mismo camino, pero con mejores formas?
Es por lo menos sugestivo que el expresidente haya abierto esa expectativa luego de reunirse con Paolo Rocca, el titular de Techint, a quien Milei dedicó varios mensajes agresivos. En especial, el que pronunció durante Argentina Week en Nueva York. No había registro en una ronda de negocios como esa en la que un presidente en busca de inversiones denostara con insultos a uno de los principales empresarios del país.
A Macri le queda todavía por resolver si buscará ser candidato él mismo, algo a lo que se resistió en 2023 cuando habilitó una competencia interna y a la vez trabajó para impedir que Rodríguez Larreta lo reemplazara. El precio a pagar fue la destrucción de la alianza antikirchnerista y su reemplazo por una variante radicalizada, los libertarios.
El antecedente inmediato de un armado como el que intenta el creador del PRO es Provincias Unidas, un proyecto que se apagó el mismo día en el que fueron derrotados sus arquitectos locales, los cordobeses Juan Schiaretti y Martín Llaryora, y el santafesino Maximiliano Pullaro.
Todavía sobrevive la intención que fracasó en la idea de que peronistas disidentes como los cordobeses y radicales como Pullaro puedan ir detrás de un proyecto alternativo a la reelección de Milei y al intento de regreso del peronismo con Kicillof. Macri podría servirse de ese antecedente para tomar una decisión.
Nunca es fácil regresar, aunque quien quiere quedarse actúa en este primer semestre del año como para reabrir viejas esperanzas.