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Mbappé y Mourinho ganan en la casa de Lamine Yamal, a escasas horas del Balón de Oro

BARCELONA.- En la noche que precedió el tan esperado clásico, el primero de la temporada 2026/27, en España se cambió la hora. Y el primer atisbo de frío que sacudió Barcelona llegó al mismo...

BARCELONA.- En la noche que precedió el tan esperado clásico, el primero de la temporada 2026/27, en España se cambió la hora. Y el primer atisbo de frío que sacudió Barcelona llegó al mismo tiempo que un José Mourinho que llevaba más de 13 años sin pisar de nuevo el Camp Nou. En febrero de 2013, su Real Madrid se impuso por 3-1 en las semifinales de la Copa del Rey a un equipo local ya huérfano de Pep Guardiola y en la que sería su última campaña en el Santiago Bernabéu antes de la vuelta de este año.

Con el Balón de oro en juego en el día que vendría, Lamine Yamal y Kylian Mbappé desprendían las luces más brillantes desde la entrada en calor. Una rivalidad, la del catalán y del francés, que recuerda la que protagonizaron Lionel Messi y Cristiano Ronaldo en los mismos años en los que Pep y Mou guiaban los contrincantes como estrategas. Hoy, sin embargo, enfrente al portugués estaba el alemán Hansi Flick, otro esteta que todavía no se anima a hablar en castellano pero que usa un lenguaje muy persuasivo a nivel táctico.

Antes de la contienda, el técnico anfitrión había preparado el terreno a su manera diciendo que confiaba en los árbitros. Porque hacía semanas que desde la capital habían calentado la previa con una infinita prosopopeya sobre las presuntas ventajas otorgadas a los catalanes durante la época 2001-2018 por los pagos al excolegiado Negreira. La tensión del partido más esperado se palpitaba en un ambiente optimista, tal vez demasiado.

Lo mejor de Barcelona vs. Real Madrid

Barcelona se había parado en todo el día, con el sol que estuvo presente en todos los recovecos urbanos. Hasta que cuando se empezaban a formar las primeras colas para aproximarse al Camp Nou, se empezó a hacer de noche. El momento designado de las grandes fiestas, sobre todo en un país tan parrandero como España. Desde las 18, tres horas antes del inicio del juego, se cortaron al tránsito las calles aledañas a la cancha, que empezaban a ser recorridas en su entereza por los hinchas, algunos de los cuales disfrutaban de las castañas calientes ofrecidas por los típicos puestitos que se suelen montar en las vereda cuando se acerca Halloween, acá conocido como “La Castañada”. Pero también todo por los Mossos, unidad de policía local, que en la noche anterior habían sido muy solicitados por unos disturbios generados por protestas en el centro protagonizadas por unos jóvenes que se habían organizado a través de redes sociales.

Nada, sin embargo, pudo frenar la euforia de los hinchas, que llenaron las tribunas con la ilusión por un triunfo que dejaría prácticamente la liga sentenciada a mediados de otoño. La ausencia de Thibaut Courtois en el arco rival era otro aliciente para los blaugrana, que al final de la entrada en calor hicieron una emotiva piña para animarse de cara al gran reto. Nunca hay que dar al Madrid por muerto, sobre todo cuando está herido. Y fue exactamente lo que pasó: las garras blancas de los hombres de Mourinho resultaron mortíferas para los de Flick, que encajaron la segunda derrota en la misma semana tras haber caído en París en la Champions League.

Mbappé gana en lo de Lamine

Con la gran noche de gala del Balón de oro en Londres 24 horas después, Lamine y Mbappé protagonizaron dos partidos opuestos en expectativas y iniciativas. Obligado a jugar a la contra, el francés se lanzaba nada más tener algún pasillo de luz en una defensa catalana alta y deshilachada. El 10 azulgrana, en cambio, mostraba su excesiva juventud con algún que otro fallo banal, como el que tuvo en el crepúsculo del primer tiempo, cuando recibió en una posición muy cómoda y pateó con la peor de las ganas. Toda la cancha vio el gol del momentáneo 1-1 metido por un tal Lionel Messi 19 años antes en un clásico que terminaría 3-3 con el primer hattrick de la Pulga con el Barça. En aquella ocasión, el rosarino no vestía aún la 10 - que tenía como dueño a Ronaldinho - pero fue más concreto.

Mbappé, tras haber fallado la ocasión más clara a la media hora de volea, se redimía encontrando el fortunoso gol de la ventaja con un golpe fortuito tras un mal despeje de Gerard Martín. Yamal estaba marcado a vista por su colega en la selección Cucurella, cuya única misión era de amedrentarlo. Abucheado por todo el Camp Nou, el lateral izquierdo de Real Madrid dio un recital en la marca, haciendo que el odio hacia él, ya evidente por ser catalán y criado en el Barcelona, se lució para contrarrestar la magia del talento de Rocafonda, que casi nunca pudo frotar la lámpara.

Después del empate rabioso de Raphinha, capitán al rescate, el 10 catalán se exhibía en el único arrebato de sortilegio de talento. Su eslalom surgía de la nada pero terminaba con un disparo con comba que rozaba el palo, dejando el grito en la garganta de todo un pueblo. Un pueblo al que después él mismo quiso motivar levantando las manos, como si fuera otro hincha más, como había hecho al principio de la contienda.

Bellingham, el Joker de Mou

Con el partido en equilibrio, los últimos 15 minutos veían los entrenadores cambiar cartas sobre la alfombra verde. Pero el Joker lo tenía desde el primer minuto Mourinho. Era Jude Bellingham, todo terreno que tras haberse lucido tanto en las jugadas constructivas como en las destructivas, usaba toda su genialidad para crear de taco un espacio que no existía y abrir la acción del gol del triunfo. A servirle el balón para rematar a placer a Mbappé era Camavinga, el cambio más acertado por el portugués, que le había dado espacio poco antes por su compatriota Bernardo Silva. Con dos cartas, un Joker y un 6 empolvado, Mou se tomaba otra histórica revancha en Barcelona. Al final del partido, el técnico luso iba a abrazar a Lunin, el aquero que fue clave con dos intervenciones y que mantuvo la sangre fría, haciendo olvidar la ausencia del líder Courtois.

El resumen final de lo acontecido lo dejó el mismo Mou en conferencia de prensa cuando nombró al mismo Lunin y a un Fede Valverde que según él había jugado lesionado. El luso apareció relajado como si no hubiese ganado, y recordó: “Real Madrid juega para ganar el campeonato, no solo un partido”. El campeonato, ahora, está abierto a más escenarios. Los blancos han cumplido su misión. Pero, como el mismo técnico admitió: “Son los jugadores los que ganan, la vida de un entrenador se basa en reconocerlo”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/mbappe-y-mourinho-ganan-en-la-casa-de-lamine-yamal-a-escasas-horas-del-balon-de-oro-nid25102026/

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