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“Mientras arda la vela...”

Este domingo 20 de septiembre, al atardecer, comienza el día más sagrado y solemne del calendario judío. Se trata de Iom Kipur, el “Día del Perdón”. Es un día de oración intensiva en la ...

Este domingo 20 de septiembre, al atardecer, comienza el día más sagrado y solemne del calendario judío. Se trata de Iom Kipur, el “Día del Perdón”. Es un día de oración intensiva en la sinagoga, de ayuno por unas 25 horas, de recordación de los fallecidos y de profundo autoanálisis. Es un momento de arrepentimiento, de “retorno” (en hebreo, teshuvá) a lo genuino de nosotros mismos, un tiempo en el que debemos mostrarnos en el espejo de nuestras vidas “sin maquillaje”, como si hiciéramos un “escaneo” ético de nuestra alma.

Esta conmemoración recuerda la segunda entrega de las Tablas de la Ley a Moisés, en el Sinaí, luego de que el pueblo se confundiera e idolatrara a un becerro de oro, y nos muestra que hasta el Creador dio una segunda oportunidad. Para conseguirlas, Moisés ayunó durante cuarenta días. Justamente son cuarenta los días previos a Iom Kipur, que tienen hoy carácter de recogimiento.

Decía Albert Einstein, un judío secular, que el judaísmo tuvo la sabiduría de equiparar al mismo nivel el “servir a Dios” con el “servir a los restantes seres humanos”. Estos dos conceptos se entrelazan precisamente en la festividad del Día del Perdón. Es un día de ruego al Creador y, a la vez, un balance ético de nuestra relación con las otras personas. En síntesis, es un momento de reconciliación.

El sentido del ayuno de Iom Kipur no implica pasividad. De acuerdo con el texto de Isaías (capítulo 58), que se lee durante el rezo en la sinagoga, el ayuno debe tener un significado de solidaridad activa con los necesitados, los desvalidos y los desposeídos. Es sumamente ilustrativa la anécdota jasídica del zapatero remendón: trabajaba este buen hombre hasta avanzada la noche y a la tenue luz de una vela. Su esposa le sugirió que ya descansara y su respuesta no se hizo esperar: “Mientras arde la vela, aún se puede hacer algo”.

“Mientras arda la vela de la vida, aún se puede hacer algo”

Dicha escena fue contemplada, desde la ventana, por un sabio rabino, quien pronto transmitió el profundo significado de la actitud del zapatero y dijo a sus discípulos que había aprendido mucho de un hombre humilde. Entonces, les repitió la frase, con un agregado: “Mientras arda la vela de la vida, aún se puede hacer algo”.

Como señala la anécdota, el ser humano no está condenado por sus errores del pasado; por el contrario, posee siempre la facultad profunda de reescribir su futuro mediante la toma de conciencia y la firme decisión de cambiar. Los seres humanos somos responsables por lo que hicimos, pero no estamos forzados a continuar anclados en el error cometido.

Según la mirada del sociólogo Bernardo Sorj, en un mundo dominado por la prisa, el consumo y la sobreexposición digital, Iom Kipur ofrece un espacio contracultural de pausa, silencio y mirada interior. Funciona como un antídoto frente al narcisismo moderno, obligando a la persona a confrontar sus propias limitaciones, errores y fragilidades.

Hoy más que nunca se impone el llamado a la solidaridad, que nos hace Iom Kipur, en una sociedad que se polariza, en forma creciente, entre unos muy pocos que despilfarran recursos en lujos inútiles y millones de pobres que no tienen ni siquiera para su alimentación básica ni acceso a la salud.

En síntesis, el Día del Perdón es una conmemoración que nació hace casi tres milenios, pero que sigue teniendo vigencia porque interpreta el deseo de una sociedad gobernada por la ética, la solidaridad y por la sentencia bíblica: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Cada acto de justicia, cada palabra de reconciliación puede contribuir a mejorar el mundo. Depende de todos y de cada uno.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/mientras-arda-la-vela-nid17092026/

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