Generales

Mitos y recomendaciones: las señales de alerta de un problema en la columna vertebral que afecta al 4% de los chicos

Un hombro más alto que el otro, una cintura asimétrica o una leve inclinación del tronco pueden parecer detalles sin importancia. Sin embargo, en algunos casos son las primeras señales de escol...

Un hombro más alto que el otro, una cintura asimétrica o una leve inclinación del tronco pueden parecer detalles sin importancia. Sin embargo, en algunos casos son las primeras señales de escoliosis, una curvatura anormal de la columna que afecta aproximadamente al 4% de los niños y adolescentes. Aunque suele aparecer durante el crecimiento, muchas veces pasa desapercibida porque en sus etapas iniciales no provoca dolor.

En el mes de concientización sobre la escoliosis, los especialistas coinciden en que la detección temprana es una de las principales herramientas para evitar que la desviación avance y requiera tratamientos más complejos. Sin embargo, todavía persisten numerosas dudas y creencias erróneas alrededor de esta condición.

Los mitos más frecuentes

Una de las ideas más extendidas es que la escoliosis aparece por malas posturas, el uso excesivo del celular o por cargar la mochila de un solo lado. Sin embargo, los especialistas aseguran que no es así.

“Esos hábitos pueden generar dolor o mala postura, pero no deforman estructuralmente la columna”, explica Miguel Puigdevall, jefe del Sector de Escoliosis y Ortopedia Infantil del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Según el especialista, la forma más frecuente es la escoliosis idiopática, una condición cuyo origen exacto todavía no se conoce, aunque se cree que intervienen múltiples factores, entre ellos la predisposición genética, alteraciones del crecimiento óseo, factores biomecánicos y mecanismos neuromusculares y hormonales.

Para Andrés Ferrero, médico traumatólogo especialista en patología de la columna del Hospital de Clínicas de la UBA, comprender este punto es clave porque muchas familias pierden tiempo buscando causas equivocadas mientras la deformación continúa avanzando.

Las señales a simple vista

A diferencia de otras enfermedades, la escoliosis suele dar pocas señales de alerta. Por eso la observación cotidiana de padres, docentes y entrenadores puede marcar una gran diferencia.

Puigdevall señala que las principales pistas aparecen en forma de asimetrías corporales: “Un hombro más alto que el otro, un omóplato más prominente, una cadera más elevada o una costilla que sobresale más de un lado”.

Ferrero agrega que también pueden observarse una pelvis desalineada, pliegues asimétricos en la espalda o alteraciones en el equilibrio general de la columna.

Como el dolor no suele estar presente en las etapas iniciales, los especialistas recomiendan consultar ante cualquiera de estas diferencias. El diagnóstico se confirma mediante una evaluación médica y estudios por imágenes, como el espinograma, una radiografía que permite analizar la columna completa.

El momento de mayor riesgo

La adolescencia representa una etapa especialmente importante para el seguimiento de la escoliosis. Nicolás Massun, médico traumatólogo del equipo de Columna del Hospital de Clínicas, explica que la enfermedad suele manifestarse entre los 10 y los 18 años, coincidiendo con los períodos de crecimiento acelerado.

“En las niñas el período más crítico suele darse entre los 10 y los 14 años, mientras que en los varones ocurre entre los 12 y los 16”, detalla.

La razón es que las curvas pueden progresar mientras la columna sigue creciendo. “Una curva pequeña puede mantenerse estable durante años y durante el estirón puberal aumentar varios grados en pocos meses”, señala.

Por eso, cuando se detecta una escoliosis, los médicos no solo evalúan el grado de la curva, sino también cuánto crecimiento le queda al adolescente. Dos pacientes con hallazgos similares pueden tener riesgos muy distintos de progresión según su madurez esquelética.

No todos necesitan corset o cirugía

Otro mito frecuente es pensar que el diagnóstico conduce inevitablemente a tratamientos invasivos.

Según Ferrero, cuando la desviación es leve suele indicarse seguimiento periódico durante la etapa de crecimiento. Si la curva progresa y alcanza un grado moderado, puede ser necesario utilizar un corset para intentar frenar su evolución. La cirugía, en cambio, queda reservada para los casos más severos.

Puigdevall coincide en que el tratamiento depende de múltiples factores, entre ellos la edad, el crecimiento pendiente y la magnitud de la curvatura. “Muchos chicos con curvas leves solo requieren controles periódicos para seguir su evolución”, explica.

Además, destaca que cuando el diagnóstico se realiza en etapas tempranas, el corset tiene muchas más posibilidades de ser efectivo. Los diagnósticos tardíos, en cambio, suelen encontrar curvas más grandes y rígidas, donde aumenta la probabilidad de necesitar una cirugía correctiva.

¿Qué puede pasar si no se controla?

La mayoría de las escoliosis leves no generan problemas importantes a largo plazo. Sin embargo, algunas curvas pueden progresar y afectar la calidad de vida en la adultez.

Massun describe que los casos más avanzados pueden asociarse con dolor lumbar o dorsal crónico, fatiga muscular, desequilibrios del tronco y desgaste precoz de discos y articulaciones. En situaciones severas también pueden aparecer alteraciones respiratorias debido a la deformación de la caja torácica.

“Es importante transmitir que tener escoliosis no significa necesariamente sufrir problemas graves en el futuro –aclara–. Pero un seguimiento adecuado durante la infancia y la adolescencia permite identificar qué pacientes tienen riesgo de progresión y cuáles no”.

El impacto emocional y el rol del deporte

La escoliosis no solo afecta a la columna. También puede influir en la autoestima y en la percepción de la imagen corporal, especialmente durante la adolescencia.

Massun expresa que muchos pacientes experimentan vergüenza, inseguridad o ansiedad frente a los controles médicos y tratamientos. Cuando se indica un corset, esas emociones pueden intensificarse.

“Siempre les digo a los padres que el objetivo no es solamente corregir una curva, sino cuidar a una persona que está atravesando una etapa muy sensible de su desarrollo físico y emocional”, afirma.

En paralelo, los especialistas destacan la importancia de mantener una vida activa. Ferrero subraya que la actividad física favorece el desarrollo saludable, mejora la fuerza muscular, la flexibilidad y ayuda a prevenir problemas posturales y el sobrepeso.

“El deporte es una herramienta fundamental para el crecimiento y el desarrollo saludable de niños y adolescentes”, sostiene. Y aunque el ejercicio no corrige por sí solo la curvatura estructural de la columna, Puigdevall aclara que la mayoría de los chicos con escoliosis pueden practicar deportes con normalidad y beneficiarse tanto física como emocionalmente de mantenerse activos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/mitos-y-recomendaciones-las-senales-de-alerta-de-un-problema-en-la-columna-vertebral-que-afecta-al-4-nid24062026/

Volver arriba