“¡No le hagan nada!” y “¡No la toquen!”, la súplica del vecino de Coghlan que murió cuando era golpeado por ladrones
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Osvaldo Galella y su esposa, Claudia Linder, dormían. Era la madrugada cuando tres ladrones irrumpieron en su casa y desataron la violencia. El matrimonio fue maniatado con ropa y un cinturón. “¿Dónde están los dólares y las joyas?“, preguntaron a los gritos los delincuentes. El hombre, mientras era salvajemente golpeado, llegó a suplicar y pidió clemencia por su mujer: “¡No le hagan nada!” y “¡No la toquen!”. Poco después murió por un ataque cardíaco. Los asaltantes se escaparon con un botín de 700.000 pesos, cadenas de oro y llaveros de plata. "¡Lo golpearon mucho, no sé qué hacer!, ¡No reacciona!, ¡Está negro!", llegó a decir la mujer de la víctima cuando llamó al número de emergencias 911 después de desatarse.
Era la madrugada del 24 de enero pasado. Tres meses y medio después hay cuatro sospechosos procesados con prisión preventiva por el homicidio y el robo ocurrido en una casa situada en Núñez al 4000, en el barrio porteño de Coghlan. Otros tres delincuentes se encuentran prófugos.
Así lo informaron a LA NACION calificadas fuentes judiciales. “El hecho fue perpetrado por un grupo organizado de al menos cinco delincuentes, quienes, en horas de la madrugada, accedieron ilegítimamente al interior de una propiedad privada. Para ello, superaron la reja frontal del inmueble y forzaron la reja de la ventana de la cocina -que da a un patio interno delantero- mediante el empleo de un criquet u otra herramienta de similares características. Una vez abierta dicha abertura, ingresaron en el domicilio y se dirigieron directamente a la habitación, donde sorprendieron a los damnificados mientras se encontraban durmiendo, evidenciando un accionar planificado, coordinado y de marcada violencia. Tampoco resultó obstáculo para los agresores la especial situación de vulnerabilidad de los damnificados, derivada de su avanzada edad, toda vez que ambos fueron violentamente agredidos, con tal intensidad que dichas agresiones provocaron la muerte de uno de ellos, circunstancia que revela un absoluto desprecio por la vida humana“, sostuvieron el fiscal José María Campagnoli y Agustín Serra, en uno de los dictámenes presentados ante el juez nacional en lo criminal y correccional Guillermo Rongo, magistrado que interviene en el caso.
Según la autopsia, la causa de muerte de Galella, de 74 años, fue una “cardiopatía hipertrófica e isquémica con congestión pulmonar”.
“Durante el tiempo en que los delincuentes permanecieron en el lugar sometiendo a las víctimas y buscando dinero, Galella sufrió una descompensación por la cual requería auxilio urgente. Aquélla lógicamente fue advertida por los agresores, quienes perpetuaron su permanencia en el lugar sin proveerle auxilio hasta que, finalmente, murió en el piso de la habitación junto a su mujer. Fue recién entonces cuando se retiraron del lugar, abordando los vehículos que permanecían a su espera en las inmediaciones del domicilio, y emprendieron su fuga -en forma coordinada-”, sostuvieron los representantes del Ministerio Público en el citado dictamen.
En la resolución donde procesó a cuatro de los sospechosos, dos hombres y dos mujeres, el juez Rongo definió a la banda como “empresa delictiva” que protagonizó distintos asaltos en inmueble de la ciudad de Buenos Aires que “pudieron ser esclarecidos”.
“En todos los casos, se ocupaban de ‘marcar’ los inmuebles que elegían para ‘trabajar’, lo que significa -conforme sus códigos internos- que llevaban adelante tareas de vigilancia previas sobre los domicilios que elegían como objetivos; lo que concretaban antes de ejecutar cada atraco. Para este específico tramo de la maniobra, procuraban sorprender a las víctimas dentro de las viviendas para poder ejercer sobre ellas violencia física, con el fin de asegurar su objetivo delictivo y dar con los bienes de mayor valor que hubiera en los inmuebles, en el menor tiempo posible”, dijo el magistrado en la citada resolución.
Fuentes judiciales resaltaron el trabajo hecho por personal del Departamento de Delitos contra las Personas y del Departamento de Monitoreo de la Policías de la Ciudad que posibilitó la identificación de los sospechosos detenidos y de los prófugos. También colaboró la Unidad Fiscal de Investigación Criminal Compleja (Ufecri), que conduce el fiscal Campagnoli, que vinculó uno de los vehículos utilizados en el robo que terminó en el homicidio del vecino de Coghlan con el empleado en otro asalto protagonizado por la misma banda.
Una de las sospechosas procesadas con prisión preventiva formaba parte de la Policía de la Ciudad y es pareja de uno de los delincuentes que participó del robo y homicidio de Galella.
“La sospechosa accedía a la red interna policial para corroborar si se verificaban órdenes de búsqueda o captura de las chapas patentes que utilizaban o pretendían utilizar en los atracos”, según se desprende del expediente judicial al que tuvo acceso LA NACION.
La investigación para dar con la banda tuvo su avance a partir del análisis de las filmaciones de las cámaras de seguridad públicas y privadas instaladas en cercanías de la casa de las víctimas. Las imágenes permitieron reconstruir el camino que hicieron los vehículos utilizados por la banda desde que huyeron de la escena del crimen hasta Villa Maipú, en el partido bonaerense de San Martín.
Sobre la sospechosa que formaba parte de la fuerza de seguridad porteña, el juez Rongo afirmó: “Utilizó el aparato que le había sido asignado por la Policía de la Ciudad de Buenos Aires para compulsar la base de datos y brindar a los ejecutores del asalto información estratégica para facilitar la ejecución segura del delito. Su intervención, en el marco del plan común ideado con sus consortes, fue esencial para la concreción del hecho ya que se enderezó a garantizar la movilidad de quienes ingresarían a la vivienda de las víctimas, sin el riesgo de interceptación policial”.
Los sospechosos detenidos quedaron procesados con prisión preventiva por los delitos de “homicidio agravado por haber sido cometido criminis causae en concurso ideal con el delito de robo doblemente agravado por haber sido cometido en poblado y en banda, y con efracción, en concurso ideal con asociación ilícita".
Sobre el homicidio y la calificación del caso, el magistrado explicó: “El hecho de que los golpes no hayan sido en sí mismos mortales no interrumpe el nexo causal. La muerte no constituyó un evento extraño o independiente, sino la concreción del riesgo creado por los propios autores al ejecutar un asalto violento contra personas de avanzada edad en horas de la madrugada. Someter a adultos mayores a una situación de terror, agresión física y amenaza intensa implica generar un riesgo objetivamente idóneo para desencadenar consecuencias graves para su salud, incluida la muerte. En este escenario, no puede descartarse, con el estándar propio de esta instancia, que los autores se hayan representado como uno de los desenlaces posibles la producción de un resultado letal y, pese a ello, hayan decidido continuar con la ejecución del plan. La muerte aparece así íntimamente vinculada al robo, no como un suceso ajeno o accidental, sino como derivación directa del contexto de violencia desplegado para asegurar el desapoderamiento”.