Nunca se es demasiado viejo para crear
Envejecer no es para cobardes. Esta frase, tan simple como contundente, alcanza a quienes intentan negar el paso de los años con tinturas, cremas antiarrugas, operaciones plásticas y una obsesió...
Envejecer no es para cobardes. Esta frase, tan simple como contundente, alcanza a quienes intentan negar el paso de los años con tinturas, cremas antiarrugas, operaciones plásticas y una obsesión casi patológica por una inalcanzable juventud eterna.
Envejecer, el acto natural e inevitable de seguir vivo, es uno de los desafíos más temidos y silenciados. A diferencia de otras etapas de la vida, que suelen celebrarse como progresos o conquistas, la vejez es vista con inquietud, casi como una traición del cuerpo, una decadencia lenta, una despedida a cuentagotas. En realidad se trata de una etapa que requiere una forma especial de valor, no el valor del que salta al vacío o del que gana un combate, sino del que se atreve a mirar el paso del tiempo de frente.
Estimular la creatividad en personas mayores puede convertirse en una herramienta fundamental para un envejecimiento activo, saludable y significativo, prolongando la vejez y retrasando o evitando las enfermedades degenerativas como el Alzheimer.
La vejez puede dificultar nuestra motricidad, hacernos más difícil subir escaleras. Pero no debería, salvo patologías limitantes, impedirnos el ejercicio de nuestra creatividad. Es así que hay renombrados creadores que siguieron honrando su vocación hasta entrados en años.
A los 72 años, el genial pintor impresionista Auguste Renoir sentenció: “Sólo ahora comienzo a saber pintar”. Para seguir trabajando a pesar de la severa artritis reumatoide que lo incapacitaba ajustó la paleta en un brazo de la silla de ruedas e ideó un sistema de poleas para maniobrar la tela en el caballete.
La creatividad puede mantenerse e incluso fortalecerse gracias a la experiencia acumulada a lo largo de la vida. Las personas mayores suelen tener mayor conocimiento, perspectiva y capacidad para relacionar ideas, lo que favorece formas de pensamiento creativo más profundas y reflexivas.
Además, en esta etapa muchas personas cuentan con más tiempo libre y menos presiones laborales o familiares, lo que facilita dedicarse a actividades artísticas, culturales o intelectuales como escribir, pintar, leer, enseñar o aprender nuevas habilidades. Estas actividades estimulan el pensamiento, fortalecen la autoestima y contribuyen al bienestar emocional.
Los ejemplos de muchas y muchos que han seguido trabajando, pensando y creando hasta muy avanzada edad contradicen el postulado” viejista” de que vejez y deterioro son sinónimos.
La creatividad de Pablo Picasso, que pintó hasta los 91 años, es un ejemplo claro de que el envejecimiento no implica una disminución de la capacidad creativa. En sus últimas décadas exploró nuevas formas, simplificó figuras, utilizó trazos más espontáneos y trabajó con gran rapidez e intuición. Lejos de repetir estilos anteriores, continuó reinventándose y produciendo pinturas, grabados, esculturas y cerámicas con gran energía creativa.
Su caso demuestra que la creatividad puede transformarse con la edad: puede perder precisión técnica en algunos aspectos, pero gana en libertad expresiva, síntesis visual y profundidad simbólica.
Puesto a pensar en mi propio proceso de crear a edad avanzada, recordé Candilejas (Limelight), film que me produjo un hondo impacto. La relación entre Charlie Chaplin, la vejez y la creatividad es un ejemplo poderoso de cómo el talento artístico puede madurar con el tiempo en lugar de apagarse. Chaplin no dejó de crear al hacerse mayor; al contrario, transformó su estilo, su mirada y su mensaje. Aunque muchos lo recuerdan por el personaje del vagabundo que revoleaba el bastón, en sus últimos años Chaplin desarrolló obras más filosóficas, políticas y personales.
En Candilejas, Chaplin ya era un artista maduro que sentía el paso del tiempo y el cambio del mundo del espectáculo. La película es, en muchos sentidos, una confesión personal disfrazada de ficción.
Su protagonista, Calvero, es un comediante viejo que ha sido olvidado por el público. Vive recordando su gloria pasada mientras intenta seguir siendo artista. Es difícil no ver ahí al propio Chaplin. La idea central de la película es que el verdadero fracaso no es envejecer, sino dejar de crear.
Calvero teme no ser gracioso ya. No teme la muerte, teme la irrelevancia. Justamente, la postergación, la invisibilidad social, es el principal calvario de la vejez en nuestros tiempos. La película responde a ese miedo con una afirmación clara: mientras alguien crea, todavía está vivo.
En la historia, Calvero ayuda a una joven bailarina paralizada por la inseguridad. La anima a volver a bailar. Es simbólico: el artista mayor transmite confianza al artista joven, la creatividad se vuelve herencia, el arte conecta generaciones. Chaplin sugiere que el sentido del artista no es solo brillar, aún anciano, sino encender la luz en otros.
En el final, Calvero vuelve al escenario una última vez. Actúa. Hace reír. Y muere poco después. El artista no se retira de la creatividad, se despide dentro de ella. Aunque el mundo cambie, el impulso creativo no envejece.
Nunca se es demasiado viejo para fijarse otra meta o soñar un nuevo sueño.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/nunca-se-es-demasiado-viejo-para-crear-nid25042026/