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¿Oportunidad o presión? Congelar óvulos, el beneficio que cada vez más empresas pagan y abre un debate

Camila se enteró de que podía congelar sus óvulos a través de su jefa. Entró a los 25 años a una empresa de tecnología y la posibilidad estaba ahí desde el primer día, en el listado de ben...

Camila se enteró de que podía congelar sus óvulos a través de su jefa. Entró a los 25 años a una empresa de tecnología y la posibilidad estaba ahí desde el primer día, en el listado de beneficios de su contrato, al lado de la cobertura médica y los días de vacaciones. Pero recién se convirtió en algo concreto cuando su superior realizó el procedimiento y contó cómo le había ido. Unos años después le tocó decidir a ella.

El empujón fue un estudio. A los 29 se sometió a un examen de reserva ovárica y los parámetros resultaron dudosos. “Estaban peor de lo que se esperaba para una mujer de mi edad. Entonces dije: ‘Bueno, lo hago ahora’”, recuerda. Inició el tratamiento a los 30, todavía dudando -y aún hoy duda- sobre el deseo de ser madre. “A mí el beneficio me sacó la presión de tener que decidir si quería ser madre o no ya. Lo viví más desde el lado de la oportunidad que de otra cosa. Nunca me sentí invadida o presionada por otros”, admite.

El caso de Camila –que pidió reserva de su apellido– da lugar a una pregunta que reaparece cada vez que el tema sale en la conversación, y que crece a medida que más empresas suman el beneficio: una compañía que financia el congelamiento de óvulos de sus empleadas ¿ofrece una oportunidad o pide, sin decirlo, que la maternidad espere unos años más? La respuesta no es única, y ahí yace la discusión.

Lucía Ariza, doctora en sociología e investigadora del Conicet en el Instituto Gino Germani, no se ubica en ninguno de los dos extremos, y su punto de partida para abordar la discusión es no condenar la vitrificación de óvulos. “De hecho, es una buena respuesta para muchas mujeres que no pueden ahora, pero sí el año que viene, o no quieren ahora, pero sí más adelante”, plantea. Ariza vincula la posibilidad de realizar el tratamiento con la libertad y la autonomía, con la potestad de decidir cuándo ser madre sin resignar capacidad reproductiva en el proceso. “Si mis óvulos van a ser mejores hoy que dentro de cinco años, entonces hago las dos cosas. Tengo el bebé dentro de cinco años, pero con los óvulos de hoy”, resume.

El reparo aparece cuando esa posibilidad depende del bolsillo o, en este caso, de un beneficio corporativo. Puesta en ese marco, la oferta de la empresa deja de ser un gesto aislado. “Tiene que ver con una lógica predominante, no solo de optimización del tiempo”, analiza Ariza. Se acopla, dice, con la lógica del trabajo. “Si una mujer puede trabajar más años y dejar sus óvulos congelados para ser madre después, pareciera que hay una ganancia”, sostiene.

La tendencia debutó primero en Estados Unidos y, hace unos años, llegó a las empresas argentinas. Una de las primeras fue Mercado Libre, cuando lanzó el beneficio a mediados de 2018. También Globant y Salesforce lo incluyeron en sus prestaciones, entre otras. Afuera, la lista es más extensa y más antigua. La pionera fue Facebook, en 2014, seguida por Apple, Google, Uber y Yahoo. Luego se sumaron Netflix, Spotify, LinkedIn e Intel, entre algunas más.

La dinámica se repite, con algunos matices: la cobertura es alta pero parcial, atada a un porcentaje del costo y a requisitos de edad y antigüedad, y rara vez incluye el mantenimiento anual de los óvulos. El congelamiento, además, casi nunca es una práctica aislada, ya que suele integrar un paquete más amplio, con la inclusión de la cobertura de tratamientos de reproducción asistida, licencias extendidas y acompañamiento psicológico.

Hace más de 15 años que Luciana, que también pidió reserva de su apellido, trabaja en el rubro tecnológico y conduce un equipo de más de veinte personas. No tiene hijos ni piensa tenerlos, por una decisión que tomó hace tiempo y que nada tiene que ver con su carrera. Tal vez por eso, intuye, es capaz de observar el beneficio con cierta distancia.

Por un lado, lo valora. “Poder decidir, planificar y elegir cuándo maternar es un derecho que todas deberíamos tener”, afirma, y admite que contar con esa posibilidad es un privilegio al que no todas las mujeres acceden. Por el otro, desconfía de las razones. A su entender, postergar la maternidad para concentrarse en el trabajo está atado a la desigualdad que enfrentan las mujeres, que al quedar embarazadas ponen la carrera en pausa.

“Ese ascenso que querés ese año no va a llegar; ese proyecto que te gustaba probablemente tampoco te va a incluir –enumera–. A cualquier compañía le conviene que las personas estén trabajando lo más posible y que las ausencias se reduzcan al mínimo. Este beneficio le permite asegurarse de que haya menos licencias y más trabajadoras activas”, sostiene.

Luciana, además, fortalece su argumento con un contraste elocuente: “Si la empresa quisiera fomentar la maternidad o la paternidad, daría licencias extendidas de paternidad a los hombres, pero eso no sucede”, dispara. Aun así, no le cierra la puerta al beneficio. Y ante la pregunta sobre qué le aconsejaría a una colega en esa situación, no duda: “Si una amiga quisiera congelar, la apoyaría. Que lo haga”, concluye.

Un beneficio que muchas desconocen

Del lado de la consulta, la ginecóloga Romina Pesce, jefa de Reproducción en el Servicio de Ginecología del Hospital Italiano, relativiza el peso del beneficio corporativo. Según su experiencia, no es un dato que llame la atención en el consultorio. “Existen datos interesantes cuando se analizan investigaciones o encuestas en el sector. Por ejemplo, un estudio cualitativo de bioética encontró que el 44% de las mujeres entrevistadas en distintas empresas no conocía que contaba con el beneficio”, señala. De modo que, para Pesce, difícilmente funcione como motivador de la consulta.

Por otro lado, Pesce señala que también se investigó sobre argumentos relacionados con “autonomía en la decisión”, donde las mujeres postergan la maternidad sin comprender del todo los límites del procedimiento o la propia condición biológica. “Esto nuevamente implica que el asesoramiento médico es central, complementado con el beneficio de la cobertura”, afirma.

En referencia a si detecta en sus pacientes algún tipo de presión, responde: “Personalmente no he notado presión ni coerción explícita para que una paciente decida criopreservar”, sostiene. Lo que puede aparecer es algo más indirecto: en ambientes laborales donde la cultura organizacional no acompaña otros proyectos reproductivos –qué pasa cuando quedás embarazada, quién asciende, qué se premia–, el congelamiento de óvulos puede terminar funcionando como la única opción compatible con esa cultura. Eso no es un problema del beneficio en sí, sino de un patrón propio de la cultura de ciertas organizaciones”.

Política de bienestar

Consultados para esta nota, desde la empresa Salesforce señalaron que en la compañía el beneficio no exige edad ni antigüedad mínima y se accede a partir del primer día, dentro de un Programa Global de Fertilidad y Adopción. Martín Tommasi, employee success business partner director de la filial argentina, detalla que el beneficio está disponible para el 100% de los empleados con jornada de tiempo completo.

A través del programa, se cubre el reembolso de gastos asociados a tratamientos de fertilidad y preservación, incluyendo el congelamiento de óvulos. “Entre los costos reembolsables cubiertos se encuentran desde honorarios de agencias de adopción y gastos legales, hasta tratamientos de fecundación in vitro (FIV), acupuntura y medicinas complementarias orientadas a la infertilidad”, indica Tommasi, que resalta la aplicación del beneficio dentro de una política de bienestar más amplia, con 26 semanas de licencia paga para el cuidador principal y salas de lactancia en las oficinas.

Sobre la presión que este tipo de beneficio podría llegar a ocasionar en la carrera laboral de sus empleadas, Tommasi marca una postura: “No se trata de incentivar la postergación de la maternidad, sino de otorgar libertad, autonomía y herramientas reales de elección”, sostiene, y considera que la preservación de óvulos se vive “como un derecho accesible y una alternativa más de planificación, no como un mandato o una expectativa corporativa”.

Mercado Libre, pionera local en ofrecerlo, fue consultada también. Sin embargo, prefirieron no participar.

Karina Felitti, investigadora del Conicet y del Instituto de Investigaciones en Estudios de Género de la UBA, suma una arista más al debate: advierte que en el contexto actual, marcado por discusiones sobre la caída de la natalidad y los pánicos demográficos y morales que esto provoca, es imprescindible reubicar el diálogo.

“La pregunta principal es por qué las mujeres deciden congelar sus óvulos. Podemos retomar razones y motivaciones clásicas: razones médicas, priorizar el desarrollo profesional o problemas para compatibilizar la participación en el mercado laboral y el trabajo de cuidados –reseña la investigadora–. Sin embargo, se visualiza un factor novedoso: las dificultades para encontrar o sostener una relación de pareja estable, sumadas a una menor predisposición también de los varones a tener hijos”.

Esto, consigna Felitti, es lo que encontró Marcia Inhorn en las 150 entrevistas que realizó a mujeres estadounidenses que congelaron sus óvulos. “Y también es lo que observamos en el trabajo de campo que hicimos con Mariana Palumbo para el libro Promesas de la revolución sexual. Mercado del sexo y del amor en tiempos feministas”.

Para la psicoanalista Patricia Alkolombre, de la Asociación Psicoanalítica Argentina, no deja de ser una novedad que una decisión reproductiva, como es la decisión de tener un hijo, deje de pertenecer al ámbito privado y pase a ser parte del ámbito público, en este caso el sector corporativo. “La pregunta sería desde qué lugar decide cada mujer: desde su deseo, desde sus tiempos siempre singulares, desde los ideales o desde las expectativas de la empresa en la que trabaja”, propone la especialista. Y apunta que la biotecnología no reemplaza el proceso psíquico que implica una maternidad.

“Siento que la mujer está muy apurada a tomar estas decisiones por un tema biológico, y esto te da la posibilidad de no correr”, concluye Camila. Una ventana de oportunidad.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/oportunidad-o-presion-congelar-ovulos-el-beneficio-que-cada-vez-mas-empresas-pagan-y-abre-un-debate-nid28092026/

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