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Perdiendo el juicio, la serie más vista de Netflix que privilegia un formato antes que la originalidad

Perdiendo el juicio (España/2025). Creación: Susana López Rubio, Jaime Olías de Lima y Javier Holgado. Elenco: Elena Rivera, Manu Baqueiro, Carol Rivera, Miquel Fernández, Alfonso Lara, Lucía...

Perdiendo el juicio (España/2025). Creación: Susana López Rubio, Jaime Olías de Lima y Javier Holgado. Elenco: Elena Rivera, Manu Baqueiro, Carol Rivera, Miquel Fernández, Alfonso Lara, Lucía Caraballo, Daniel Ibáñez. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena.

3 stars

“Habéis visto demasiadas películas”, dice uno de los personajes de Perdiendo el juicio, la serie española disponible en Netflix hace pocos días que ya ocupa el primer puesto entre las diez más vistas en la Argentina. Lo cierto es que la observación de Rafa, el abogado veterano de la firma legal en el centro de la trama, bien podría aplicarse a los creadores de la ficción estrenada el año pasado por la señal Antena 3 y que ahora llegó a la plataforma de streaming.

Desde el comienzo, es evidente que los guionistas Susana López Rubio (El tiempo entre costuras), Jaime Olías de Lima (Acacias 38) y Javier Holgado (Los misterios de Laura) no solo tienen experiencia en lo que en España llaman las “series de sobremesa”, sino que se han nutrido de la larga tradición de películas y ficciones televisivas sobre abogados. El subgénero que la TV estadounidense y la británica producen hace décadas tiene una estructura narrativa rígida que lo vuelve tan previsible como satisfactorio si está bien hecho. Unas de las preferidas del público de todo el mundo, las series de abogados, al igual que aquellas centradas en las investigaciones policiales, suelen tener altos índices de audiencia justamente porque no se salen de la fórmula ya establecida. La receta, claro, intercambia la comodidad que siente el público con el mecanismo del relato por cualquier intento de originalidad.

Así ocurre con Perdiendo el juicio que gira en torno a Amanda Torres (Elena Rivera), una brillante abogada de uno de los bufetes más exitosos de Madrid que tras una tragedia personal sufre un colapso nervioso que la deja con un limitante trastorno obsesivo-compulsivo. Debido a su dolencia psiquiátrica, Amanda no solo pierde su trabajo y la carrera prometedora que tenía, sino que también se separa de César (Miquel Fernández), su marido, y pasa a vivir como una ermitaña. Eso hasta que las circunstancias la obligan a salir de su encierro y a colaborar, a regañadientes, con la firma de abogados que comanda Gabriel Ochoa (Manu Baqueiro), un colega que prefiere las negociaciones fuera de los tribunales antes de tener que defender a sus clientes en un juicio. Según indica el manual de este tipo de series, los opuestos que representan Amanda y Gabriel terminan por construir una sociedad profesional ideal y una amistad que mejora la vida de ambos.

Como sucedía en su momento en Monk (disponible en Prime Video y Paramount+) y ocurre ahora en High Potential: detective inesperada (Disney+), la condición médica de la protagonista sirve como catalizador de sus conflictos emocionales, pero también potencia su habilidad profesional y en muchas instancias también aporta momentos de liviandad a la trama. No hay sutilezas a la hora de poner en escena las dificultades sociales de Amanda y, de hecho, tampoco resultan muy graciosos los intentos de utilizar su aversión al contacto físico o su obsesión por el orden como idiosincrasias cómicas del personaje. Sin embargo, a medida que avanza el relato, la interpretación de Rivera (Cuéntame cómo pasó) sí logra generar empatía con su personaje.

Según indican las reglas de este tipo de series, cada uno de los diez episodios de la temporada desarrolla un “caso del día” al tiempo que se ocupa de uno que la recorre hasta el final. El arco de la trama principal involucra a Daniela (Carol Rivera), la hermana de Amanda, que es acusada de asesinar a su futuro marido minutos antes de casarse con él, un crimen que podría además tener algo que ver con la vieja firma de abogados fundada por la protagonista y César, su futuro exesposo.

Desesperada por ayudar a Daniela y resolver el caso que podría mandarla a la cárcel por décadas, a Amanda no le quedan muchas más opciones que trabajar junto a Gabriel y su variopinto equipo de letrados. Es en ese grupo que, entre un caso absurdo y otro, surgen ciertos chispazos de comedia que benefician a la historia que tiende a ponerse solemne y sentimentaloide con demasiada facilidad. Los enredos de oficina involucran a Rafa (Alfonso Lara), el veterano que no ve la hora de que le llegue el momento de jubilarse y que está más interesado en jugar al billar que en visitar los tribunales, a Barbie (Lucía Caraballo), una joven exconvicta devenida en abogada pasante y a Bosco (Daniel Ibáñez), otro pasante que oculta su verdadero origen mientras aprende de Gabriel, su empleador y mentor. Ese que empieza a tomarse más en serio a su profesión y a sus clientes gracias a la influencia de Amanda.

Claro que, como sucede en este tipo de series, el realismo en cuanto a temas jurídicos o médicos está ausente y en su lugar aparecen las soluciones mágicas, las ideas inspiradas de último momento y las vueltas de tuerca entretenidas, pero muy poco creíbles. Sin embargo, de lo que se trata Perdiendo el juicio, como se preguntan Amanda y Gabriel en distintos momentos de la historia, es de resolver una cuestión fundamental: “¿Qué es más importante, la ley o las personas?”

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/series-de-tv/perdiendo-el-juicio-la-serie-mas-vista-de-netflix-que-privilegia-un-formato-antes-que-la-nid16062026/

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