Pingüinos centinelas
Casi el 99% de la población mundial está expuesta a niveles de polución que superan lo recomendado, según la Organización Mundial de la Salud. Ralph Vanstreels, veterinario de la Universidad d...
Casi el 99% de la población mundial está expuesta a niveles de polución que superan lo recomendado, según la Organización Mundial de la Salud. Ralph Vanstreels, veterinario de la Universidad de California, Davis, contactó a Diana Aga, analista química de la Universidad de Buffalo, con una loca idea. Inspirado en las pulseras de silicona que miden en seres humanos el nivel de exposición a contaminantes tales como los PFAS, ftalatos y pesticidas, se preguntó si al colocarlas en las patas de pingüinos Magallanes del sur de nuestro país podrían reportar, sin generarles estrés, presencia de químicos en el agua, el aire y otras superficies. Habían estado detrás de algún método para medir polución utilizando pingüinos por mucho tiempo. Monitorear el océano demanda largas expediciones y suele ser costoso y muchas veces ineficiente, en opinión de Vanstreels. De allí que aprovechar la información que surgiera del testeo en los pingüinos resultaba muy tentador y mucho menos invasivo que tomarles muestras de sangre o de plumas.
A lo largo de tres temporadas de reproducción, el equipo interdisciplinario recogió muestras de 55 pingüinos en nuestras costas, verificando que el 90% de sus pulseras contenían PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas), un grupo de más de 10.000 compuestos químicos sintéticos presentes desde 1940 en numerosos productos de uso cotidiano como el teflón, la ropa impermeable, los maquillajes a prueba de agua y envases, entre otros. Contaminan dramáticamente ríos y suelos e ingresan en la cadena alimentaria. Lo sorprendente fue que, si bien los niveles de concentración en los sensores no fueron demasiado altos y que tampoco pueden dar idea de cuánto PFAS se acumula en verdad en el cuerpo de un pingüino, la sola presencia de cantidades de estos químicos en un lugar tan distante de la Patagonia llamó la atención y alertó respecto de que los contaminantes llegan a los ecosistemas más remotos. De hecho, se los conoce como “químicos eternos” por ser resistentes al agua, la grasa, los químicos y el calor, con una composición que dificulta su degradación y que encierra graves y verificados riesgos para la salud, un riesgo ambiental de largo plazo. Los estudios revelan que en al menos más de 600 especies se identifica su presencia.
Las muestras recolectadas en pingüinos de la Argentina fueron analizadas en Buffalo. Siendo que hay más de 7 millones de variantes de PFAS, se acotó el estudio a 24 de las que ya no se fabrican, algunos por haber sido prohibidos, y a otros de reemplazo, que no están aún regulados. Se pensó que los segundos serían comparativamente menos persistentes, pero, desgraciadamente, la investigación confirmó que su presencia es tan tóxica como la de los primeros.
En términos comparativos, otras especies de pingüinos en Namibia, Sudáfrica, Australia o Nueva Zelanda, en mayor peligro por habitar en cercanía a centros urbanos e industriales, seguramente registrarían valores aún más altos, según Vanstreels.
Aun cuando se diseñan alternativas supuestamente más seguras de PFAS, su persistencia y dispersión en todo el mundo sigue amenazando la vida. Resulta valioso sumar métodos de identificación de presencia de estas sustancias, particularmente en entornos acuáticos de difícil acceso para el muestreo. Crear conciencia es clave para apuntar a reducir su uso.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/pinguinos-centinelas-nid31052026/