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Recorremos un dúplex en Colegiales proyectado para vivir en contacto con la luz y el verde

Si bien el fotógrafo Martín Rietti pasa sus días entre Argentina y España, el departamento que tiene en Buenos Aires no pierde su impronta aunque de a ratos lo alquile. “Mi casa es un lugar d...

Si bien el fotógrafo Martín Rietti pasa sus días entre Argentina y España, el departamento que tiene en Buenos Aires no pierde su impronta aunque de a ratos lo alquile. “Mi casa es un lugar despojado que a veces es sinónimo de descanso y, otras, de disfrute y estímulo”, explica.

“También podría definirla como un refugio en medio del caos y una colección viva de imágenes”. A esa colección la alimenta con sus fotos y, también, con su interés en el diseño, que lo hizo involucrarse en la elección de cada elemento de su dúplex para asegurarse de que conviviera en armonía con los materiales.

“Mi casa mezcla muebles de madera de El Yeite con otros de colección, así como piezas industriales, lámparas de viajes y una variedad de fotos sacadas por mí”, cuenta Martín.

“La claridad se mueve durante el día desde el living al dormitorio, creando una atmósfera de calidez que llama a bajar el ritmo frenético en el que vivimos”.

“Uno de los aspectos más lindos del departamento es la variedad de escalas y rincones: una cocina integrada, pero también resguardada; un living en doble altura, un balcón en todo el ancho, una terraza cuadrada en el primer piso y un dormitorio rodeado de verde”.

Martín definió el equipamiento a medida junto a su amiga Victoria Kon, diseñadora industrial detrás de VK Home. Los elementos son pocos y dejan hablar a la arquitectura.

La lámpara comprada en Japón que cuelga de la doble altura dialoga muy bien con el hormigón, tal como Martín buscaba. Si bien la arquitectura tradicional japonesa prefiere la madera, el hormigón ha sido explorado minuciosamente por figuras como Tadao Ando, quien hizo del hormigón visto y de los juegos de luces y sombras una insignia de su arquitectura y un sinónimo de serenidad e introspección, inquietudes que atraviesan al dueño de casa.

“Como el terreno es trapezoidal, las unidades del frente tienen 8 metros de ancho y, las unidades del contrafrente, 5 metros. Por eso, se pensaron como dúplex a modo de compensación. Sorteando la irregularidad del suelo, igualamos las condiciones para los vecinos”, explican los arquitectos.

Todos los livings se expanden en balcones aterrazados y los dormitorios dan al patio, pero resguardan su intimidad gracias a una fachada ventilada de mallas metálicas con enredaderas. “Te permiten ver sin esconderte”.

La enredadera que atraviesa todas las unidades es una excusa que fomenta el intercambio entre vecinos. “Hay una sensación de pertenencia detrás del cuidado de las plantas en altura y las del patio central. Todos los propietarios se ocupan de cuidarlas y eso los vuelve, de alguna manera, más cercanos”, consideran Zelcer, Rietti y Schraier.

“Como sabíamos de antemano quién iba a vivir en cada unidad, pudimos adaptarlas a las necesidades de los inversores y a sus posibilidades de adquisición, regulando algunos acabados y disposiciones, pero siempre dejando cuatro componentes que se hicieron notar: el hormigón visto, el hierro, la madera natural y la vegetación”, explican Zelcer, Rietti y Schraier.

El revestimiento de madera aparece para sumar calidez en la planta alta, la cual, a su vez, queda integrada a la terraza por la continuidad del suelo.

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-living/recorremos-un-duplex-en-colegiales-proyectado-para-vivir-en-contacto-con-la-luz-y-el-verde-nid19092026/

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