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River ya no se explica futbolísticamente: hace de la angustia una manera de seguir adelante

River parece que va a rodar escaleras abajo, pero se pone de pie y termina saltando a puro festejo. De desfalleciente a resucitado, casi sin transición. Manotazos de ahogado para llegar a la orill...

River parece que va a rodar escaleras abajo, pero se pone de pie y termina saltando a puro festejo. De desfalleciente a resucitado, casi sin transición. Manotazos de ahogado para llegar a la orilla y gritar estoy vivo, no me despidan. Lo suyo es un estado de ánimo, una revolución hormonal en el momento justo, mientras lo futbolístico sigue bajo observación, sin convencer. Si lo de Venezuela ante Carabobo había sido fuerte, lo de esta noche de domingo en el Monumental fue nuclear, todo lo inconcebible que permite el fútbol, un realismo mágico inacabable.

Estaba quedando eliminado en el suplementario por el fiero y orgulloso San Lorenzo; se jugaban los últimos segundos de los dos minutos adicionados y desde las tribunas empezó a bajar el cántico “que se vayan todos”. River no había podido contra un rival que jugó 90 minutos con 10 jugadores por la expulsión de Reali. Pero el zurdazo cruzado de Quintero llevaba un veneno que nadie se animó a tocar y la pelota entró por el segundo palo. Y el colombiano que se lo grita con bronca y algo más a los hinchas, que se guardan los insultos y en esa metamorfosis que solo permite el fútbol pasan a alentar. Un doble salto mortal en cuestión de segundos. Ya no se iba nadie, todos se quedaban para unos penales para que River volviera a salir de una tumba. Porque San Lorenzo estuvo doble match-point, saboreando las mieles de una clasificación que hubiese sido un premio a la entrega y el esfuerzo de un equipo de obreros.

El enorme Gill había tapado las masitas de Galoppo y Páez. No alcanzaba con los aciertos de Quintero y Montiel. Estaba sentenciado River, otra vez pateándose la mandíbula, pero apareció Beltrán, el del penal atajado ante Bragantino para devolverle el alma al cuerpo al equipo, y desvió el remate de Gregorio Rodríguez; el miedo escénico se apoderó de Ignacio Perruzzi para patear por encima del travesaño. Freitas convirtió con una convicción sorprendente y Beltrán ya sentía que le quedaba pintado el traje de héroe para tocar con las yemas el tiro de De Rittis. Como si no fuera suficiente el suspenso, la pelota se paseó por la línea para salir por el otro lado. River a los cuartos de final tras el 4-3 por penales, con Gimnasia La Plata -desbancó a Vélez- como próximo rival. Adentro y en las tribunas se festejó como si fuera un campeonato. River ya no se explica futbolísticamente, hace de la angustia una manera de seguir adelante.

¡EL HÉROE DE LA NOCHE! Santiago Beltrán analizó la clasificación de River tras superar una dramática llave ante San Lorenzo.

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— ESPN Argentina (@ESPNArgentina) May 11, 2026

Todo lo precedente parecía quedar lejos. San Lorenzo llegó al Monumental sin su goleador, el suspendido Cuello, pero en el área tuvo otro tanque para ganar en las alturas en uno de los recurrentes desbandes defensivos de River. Auzmendi (1,91 m), el delantero que estuvo cerca de pasar de Banfield a Lanús hasta que la rancia rivalidad hizo naufragar la negociación, entró detrás del desubicado Rivero para definir con un cabezazo cruzado. A Beltrán lo sorprendió la maniobra y Martínez Quarta había salido a tapar a Barrios, sin impedir el centro medido del Perrito.

Cinco minutos antes del 1-0, San Lorenzo se había quedado con 10 por la expulsión de Reali, que incurrió en uno de los excesos cada vez frecuentes en nuestro fútbol: el deslizamiento en plancha sobre el rival, sin tocar la pelota e impactando del tobillo para arriba del rival. Para Zunino bastaba con la tarjeta amarilla, pero el VAR le hizo ver que era una entrada de expulsión.

Con uno menos, San Lorenzo no se descompuso, siguió formateado en su esquema de continua presión y ayudas constantes para cortar las líneas de pase del rival. En River, Coudet dispuso de la que en este momento se acerca bastante a la formación ideal, de acuerdo con el rendimiento promedio de las individualidades. Reaparecieron tras las lesiones Vera y Driussi, dos piezas que al Chacho le costó reemplazar durante sus ausencias.

La estricta marca de San Lorenzo llevó a los jugadores de River a recibir muchas veces de espaldas al arco rival, a necesitar dos tiempos entre el control y el giro. River empezó con paciencia para construir el juego, pero no tardó en ponerse nervioso a medida que las combinaciones eran interrumpidas por la férrea y cerrada marca visitante. Meza no era el que había ayudado a clarificar el juego contra Atlético Tucumán y Carabobo, Moreno hacía una bien y otra mal, a Vera se le notaba la falta de ritmo y a Galván le cuesta subir el perfil de volante que debe pisar los últimos 25 metros.

Driussi se tiraba atrás para limpiar la jugada a un toque y Colidio tenía una doble oposición: los aplicados zagueros del Ciclón y el repudio de los hinchas, que no le tienen paciencia ante cada error con la pelota. Los silbidos no cesaron ni cuando fue reemplazado por Salas.

En el primer tiempo, cuando conseguía superar la muralla visitante, River se encontraba con el corpulento y elástico Gill, seguro en dos remates de Colidio y otro cruzado de Vera. Se equivocaba poco San Lorenzo en las inmediaciones de su área; la situación más propicia para River en los primeros 45 mintuos fue un rechazo corto de De Rittis que Galván desperdició con una definición desviada. River había tenido más posesión (67%), remates (12 contra dos) y duplicado al Ciclón en cantidad de pases, pero el luchador e infatigable San Lorenzo estaba haciendo la diferencia en las áreas, con el cabezazo de Auzmendi en la rival y la persiana que bajaba en la propia.

River necesitaba un lanzador, alguien que activara al resto y levantara el volumen de juego. Juanfer Quintero tiene esas características y también la personalidad para partidos calientes. San Lorenzo, con su plan de resistencia y contraataque, exigió que Beltrán se estirase todo lo que le da el cuerpo para sacar un remate de Auzmendi que se había desviado en Rivero.

La sociedad de los zurdos le dio el empate a River: pared entre Quintero y Acuña para que el lateral definiera entrando por detrás de todos. Había derrumbado una pared y era el momento para un subidón anímico de River, que empezó a cargar el área visitante con centros cruzados. Las entradas de Salas, Subiabre y Páez no mejoraron sustancialmente la producción. Martínez Quarta, de cabeza, le erró al arco a cinco metros distancia. Al suplementario.

Una defensa atornillada al piso permitió el 2-1 de cabeza de Fabricio López. Otra vez los fantasmas y las imprecisiones acosaban a River, sometido al juicio sumarísimo de sus hinchas. La zurda de Juanfer evitó la sentencia condenatoria. Se ganó la probation de los penales, le iban a bajar otra vez el martillo, pero este River cambió el traje a rayas por el chaleco de fuerza, lo que pasó fue de locos.

El electrizante River 2 (4) - San Lorenzo 2 (3)

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/river-ya-no-se-explica-futbolisticamente-hace-de-la-angustia-una-manera-de-seguir-adelante-nid10052026/

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