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Siete estaciones para hablar de amor: una versión de un cuento de Chéjov, con la actuación de Carlos Belloso

Dramaturgia y Dirección: Victoria Hladilo. Intérpretes: Carlos Belloso, Laura Nevole y Manuel Vignau. Escenografía: Celeste Etcheverry. Vestuario: Gabriella Gerdelics. Iluminación: Ricardo Sica...

Dramaturgia y Dirección: Victoria Hladilo. Intérpretes: Carlos Belloso, Laura Nevole y Manuel Vignau. Escenografía: Celeste Etcheverry. Vestuario: Gabriella Gerdelics. Iluminación: Ricardo Sica. Música original: Tony Abadi. Ambientes sonoros: Ignacio Viano y Nicolás Benaghi. Colaboración artística: Victoria Marroquín. Sala: Teatro del Pueblo (Lavalle 3636). Funciones: lunes, a las 20. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: muy buena.

¿Por qué una hermosa y dulce mucama formaría pareja con un cocinero bruto y hostil? ¿Por qué una mujer joven y distinguida se casaría con un hombre mucho mayor, acaudalado y práctico, pero sin ninguna sutileza? En el cuento Del amor, de Antón Chéjov, el indescifrable sentimiento nunca logra desbaratar la insatisfacción de la existencia: cualquiera sea la clase social, siempre la plenitud quedará lejos.

Inspirada en este texto narrativo de 1898, la autora y directora Victoria Hladilo escribió la obra teatral Siete estaciones para hablar de amor, ganadora del premio Argentores 2023. La historia está situada en la pampa argentina, “el granero del mundo”, por los años veinte. Tres son los personajes: Gregorio (Carlos Belloso), un estanciero adinerado que no quiere ver más allá de sus intereses; Anna (Laura Nevole), esposa y madre, tan cómoda como aburrida de esa monotonía sin sobresaltos; y Pablo (Manuel Vignau), un soltero de profesión liberal, con ideas progresistas y dueño de algunas tierras endeudadas que heredó.

Invitado por Gregorio, Pablo llega a la casa del matrimonio donde, de inmediato, surge un lazo de atracción y afinidad con Anna. Pero también, a pesar de las diferencias económicas e ideológicas, un vínculo amistoso con Gregorio, un campechano anfitrión que abre las puertas de su casa en búsqueda de aire renovado. Pablo toca la guitarra, canta canciones chistosas y se anima a las payadas, puede ser citadino y hombre de campo, contar historias y saber escucharlas: durante un tiempo, la sucesión de siete estaciones, será una esperada visita para la familia y, en especial, para Anna.

Vemos a estos personajes en el exterior de la casa, en el jardín o en el patio, mientras que, en un extremo, hay un cerco o balcón donde a Anna le gusta asomarse al vacío, pero a Pablo le provoca vértigo. En paralelo, así son sus conductas frente a lo que sienten: ella avanza, seduce y quiere ser seducida por el joven a quien no le faltan deseos, pero sí decisión para animarse. Sonará al final una canción que dice “cobarde fui” (“Zamba de las siete estaciones”, letra de Hladilo y música de Tony Abadi), como sonará en su conciencia.

Por supuesto que ambos, a principios del siglo XX, tienen mucho que perder si queman las naves frente a las influencias y la ira de un poderoso despechado. Cuando Gregorio, invadido por la sospecha, se levante de la siesta y los sorprenda mientras flirtean, está desnudo y con un arma. El recato y la forzada prudencia de Anna y Pablo contrastan con la desmesurada reacción del marido. Gregorio tiene el poder suficiente como para que no le importe si se le cae el toallón que lo cubría, explota y deja a la vista lo que siente, sin consecuencias. Cuestión aparte es cómo medir el peso de un desnudo, si se justifica o no el riesgo de su grandilocuencia.

Hay alusiones políticas al presente, guiños a las promesas que no se cumplieron y a los vaticinios con yerros. La obra refleja la tensión social como una continuidad de nuestra historia. Otro tipo de tensión es la que genera Belloso en escena, siempre a un grado más alto que el resto, hablando con una tonada campera de indistinguible procedencia, pero a la vez una energía que provoca, que incomoda y que sostiene la atención: por ejemplo, los momentos en que demuestra, ante la mirada de Pablo, que Anna es su pertenencia, o cuando le insiste a Pablo que beba y coma más. Nevole, bravísima actriz (Trópico del plata, Como vaca mirando un tren, Las cargas) se mueve entre la relajada sobrevivencia de secundar al marido y el ensayo de libertad con su templado admirador, interpretado por Vignau (que trabajó en otras obras de Hladilo, como la exitosa La sala roja) a quien le toca contener y equilibrar los empujes de Anna y Gregorio.

En cuanto al ritmo, la obra se mueve con morosidad porque acumula, quizá demasiado, lo sugerido hasta el final de la obra que, emparentada con Chéjov, podemos imaginar.

4 stars

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/siete-estaciones-para-hablar-de-amor-una-version-de-un-cuento-de-chejov-con-la-actuacion-de-carlos-nid17082026/

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