“Sueño con ese abrazo”. Lo absolvieron en una causa por abuso sexual y aspira ver a su hijo después de siete años
Tras un proceso judicial que se extendió por siete años, César Onzari recibió hace unos días la noticia que esperaba: la Justicia de La Plata lo absolvió en un juicio al que llegó acusado de...
Tras un proceso judicial que se extendió por siete años, César Onzari recibió hace unos días la noticia que esperaba: la Justicia de La Plata lo absolvió en un juicio al que llegó acusado de abusar sexualmente de su hijo.
Durante ese tiempo, Onzari no tuvo contacto con el menor. Ni en persona ni a través de videollamadas. Tampoco sus familiares. Aquel niño de 9 años es hoy un adolescente de 16 que llama a su papá por su nombre. De todo eso habla con LA NACION en una entrevista en la que brinda su versión de los hechos y en la que la emoción lo quiebra en varias oportunidades.
-¿Cómo se llegó a esta situación?
-Lamentablemente todo comienza con una separación de pareja conflictiva, con un hijo muy pequeño. Tal es así que ya en 2012 tuve que iniciar un régimen de visitas y alimentos. Empezamos con audiencias de conciliación que se suspendían constantemente porque no se llegaba a acuerdos. Con el tiempo, logramos avanzar judicialmente con horarios para ver al nene, que era muy chiquito, y yo presentaba escritos para que pudiera quedarse a dormir y formar parte de mi familia, no que fuera solo un ratito a la tarde. Pero siempre aparecía alguna presentación en el Juzgado de Familia para frenar eso: decían que el nene no volvía aseado, que no comía o que aparecía con algún moretón. Eran denuncias en escritos simples que fueron aumentando de tono con el tiempo.
—¿Ese aumento de tono era solo con vos?
—No. Especialmente cuando mi hijo empezó a quedarse más tiempo conmigo. Como yo trabajo, a veces lo cuidaban sobrinos o amigos. La mamá llegó a denunciar en el Juzgado de Familia a un amigo mío, diciendo que le manoseaba o le “baboseaba” la parte baja de la panza a mi hijo, cosas que no son ciertas. Ante eso, en 2017 consultamos a un abogado y nos dijo que, al ser en el ámbito de familia, la resolución no pasaría de revisar el régimen. Pero nos advirtió que, por cómo subía el tono y por la cantidad de denuncias, nos preparáramos para una denuncia por abuso. Yo no lo podía creer, pero así fue.
—Esa denuncia llegó en 2019...
—Sí. Terminó siendo una denuncia muy confusa que se inició en la escuela por la lectura de un cuento donde un personaje hablaba sobre algo que le molestaba. No se abordó en el momento, sino al día siguiente, separando a Manuel de la clase. La maestra le hizo preguntas que, según constó ahora en el juicio, no fueron bien manejadas. No hay registro de las preguntas, el acta no tiene fecha ni firma y la maestra hizo su propia apreciación de lo que escuchó. Hubo cruces entre la directora y la maestra; el gabinete pedagógico no participó; se basaron solo en lo que dijo la docente e incorporaron a la madre en una charla donde ella “detonó” todo, diciendo que ya sabía que al nene le pasaban cosas conmigo. Así, en septiembre de 2019, cortaron el régimen de visitas y empezó la causa penal.
—Desde ese septiembre de 2019, ¿cuánto tiempo pasó sin que pudieras ver a Manuel?
—Desde entonces, que tenía casi 9 años, hasta ahora. Estábamos preparando su cumpleaños y no lo vi más. Ni una videollamada, nada. Intentamos pedir un régimen para que mi familia tuviera contacto con él y la madre nunca se presentaba. Después vino la cuarentena en 2020 y ella ponía excusas, como que no tenía internet para las audiencias por Zoom. Mi hermana, que estuvo a la cabeza de esto, no pudo lograr ni un contacto.
—La pandemia también retrasó todo...
—Fue terrible. Mi hijo tenía la Cámara Gesell para marzo de 2020 y una semana antes arrancó la cuarentena. Se pasó para el año siguiente; ese día no estaba la perito, por licencia; se volvió a pedir otra y recién en una tercera oportunidad, dos años después del hecho, se la pudo consultar. Ver esa Cámara Gesell durante el juicio fue dolorosísimo. No podía creer cómo hablaba mi hijo, refiriéndose a mí como “César” o como un desconocido. Siento que hubo una influencia muy grande, una “bolita de nieve” que no pudieron parar y el nene se terminó creyendo una historia que no es.
—En el expediente se menciona un incidente con unos pantalones. ¿Qué fue lo que pasó?
—Eso fue en 2017 y fue una acción correctiva. Él volvió de la escuela muy acelerado y me bajó los pantalones a mí dos veces mientras yo estaba ocupado y de espaldas; después se lo hizo a mi pareja. Entonces, cuando él se descuidó, yo amagué a bajarle un poquito los pantalones a él y no le gustó. Lo hice para que entendiera que eso no se hace porque está mal. Lo charlamos y ahí se terminó el tema. Nunca más pasó nada. Al día siguiente yo lo comenté con otro grupo de padres en la puerta de la escuela y me dijeron que unos nenes de los grados superiores estaban haciendo eso en el recreo como una “picardía”. Y nunca más se habló del asunto. Pero desde entonces la madre lo usó en cada discusión diciendo que yo le bajaba los pantalones a nuestro hijo ante terceros, refiriéndose a mi pareja. En 2019, con la lectura del libro en la escuela, Manuel hizo referencia a esa situación ocurrida dos años antes y la maestra lo manejó con mucha impericia.
—Durante el juicio, ¿qué fue lo que más te impactó de los testimonios?
—La falta de seriedad. Nadie de la escuela recordaba nada concreto, nadie reconoció quién escribió las actas y hasta hubo una psicóloga que dijo que hizo un informe sobre este tema, pero que como se había jubilado tiró los cuadernos. ¿Documentación de un caso así tirada a la basura? Además, el ensañamiento de la madre y su pareja fue evidente; quisieron involucrar hasta a mi pareja actual y a mi sobrina. Todo eso hizo que la intencionalidad de separarme de mi hijo fuera más clara para el tribunal.
—Después de la absolución, ¿cómo siguen tu vida y el vínculo con tu hijo?
—(Se pone a llorar). Él cumple 16 años en octubre; es un montón de tiempo… Creció con una “memoria co-construida”, que, como me explicaban mis abogados Miguel Molina y Alfredo Gascón, es una mentira que se va creando diariamente. Ahora tengo que esperar a que la sentencia quede firme y luego tramitar una revinculación en el Juzgado de Familia. Sueño muchísimo con ese abrazo. Muchísimo. Mi idea es que la vinculación sea natural, evitando el pasado al principio, recuperando los momentos de amor que tuvimos antes de 2019, como cuando le enseñé a andar en bici, a leer o cuando íbamos a pescar mojarritas. Porque nuestro vínculo pasaba por ahí: por compartir momentos de felicidad.
—Se te nota muy movilizado todavía.
—(Vuelve a llorar). Es que fueron siete años muy duros. Logré atravesarlos con terapia y con el apoyo de mis amigos, de mi hermana y de mi pareja, que está conmigo desde que mi hijo tenía 3 años. Ella me brindó una estabilidad emocional que valoro cada día. El otro día, en el juzgado, cuando dije que “limpié mi nombre”, fue porque la gente te mancha para toda la vida con estas cosas. Pero la Justicia habló: no hubo pruebas, hubo contradicciones y se demostró que esto venía de años de denuncias falsas en Familia. Solo quiero que mi hijo vea que nunca lo olvidamos; mi foto de perfil de Facebook es la misma desde 2019 porque estamos los tres juntos, y quiero que sepa que siempre lo tuvimos presente.