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Trabajando juntos por la liberación y el retorno de los niños ucranianos secuestrados, civiles detenidos y prisioneros de guerra

Cada mañana, a las 9, Ucrania se detiene. En las ciudades, las sirenas habitualmente utilizadas para advertir sobre los ataques aéreos rusos emiten ahora el constante tictac de un reloj. Las call...

Cada mañana, a las 9, Ucrania se detiene. En las ciudades, las sirenas habitualmente utilizadas para advertir sobre los ataques aéreos rusos emiten ahora el constante tictac de un reloj. Las calles llenas de vida quedan en silencio. Los semáforos se ponen en rojo. Los autos frenan. Durante sesenta segundos, el país entero queda en pausa. Este es el minuto diario de silencio en Ucrania, un acto nacional en nombre de quienes murieron en la guerra ilegal de Rusia. En lugares de trabajo, hogares, escuelas, mercados y autopistas, los ucranianos se toman un momento para honrar a aquellos que dieron su vida defendiendo la soberanía y la libertad de su país frente a la agresión rusa.

El silencio también refleja la ausencia que sienten miles de familias cuyos seres queridos aún no han regresado. Entre ellos están los más de veinte mil niños ucranianos que han sido transferidos por la fuerza y deportados ilegalmente por Rusia durante la guerra. Separados de sus familias y comunidades, muchos han perdido aspectos esenciales de su identidad: la posibilidad de comunicarse en su propio idioma, de acceder a su cultura e incluso sus propios nombres. Otros son civiles detenidos ilegalmente en territorios temporalmente ocupados por Rusia. Muchos han sido hostigados por enseñar su lengua, manifestar su identidad cultural, hablar contra la ocupación o compartir la verdad de lo que han presenciado. Algunos han sido trasladados a centros de detención en Rusia, donde permanecen sin debido proceso, privados de contacto con su núcleo familiar, sin atención médica adecuada y aislados de cualquier supervisión internacional autónoma.

Para los prisioneros de guerra ucranianos bajo cautiverio ruso, las condiciones son igualmente graves y alarmantes. Las personas liberadas han informado maltratos, mientras que organismos independientes han documentado abusos generalizados, incluyendo tortura y violencia sexual. Estas no son consecuencias colaterales de la guerra de Rusia. Son violaciones repetidas y bien documentadas del derecho internacional, ejecutadas a gran escala, en un intento de quebrar la voluntad del pueblo ucraniano. Detrás de cada caso hay una historia humana: un padre que busca a su hijo secuestrado, una esposa que espera la llamada de su esposo desaparecido, una familia pendiente de que uno de los suyos sea liberado del cautiverio ruso.

Sabemos que la verdadera medida de la paz se encuentra en estas historias centradas en las personas: en un niño devuelto a su familia, un civil puesto en libertad luego de una detención ilegal, un prisionero de guerra reunido con sus familiares y una comunidad con la oportunidad de sanar y reconstruirse. La magnitud de este problema es inmensa, y ningún país u organización puede enfrentarlo solo. El éxito requiere cooperación sostenida entre gobiernos, organizaciones internacionales, actores humanitarios y la sociedad civil.

Por eso, Canadá, Noruega y Ucrania convocaron a ministros de relaciones exteriores y socios internacionales en Toronto ayer y hoy en Pathways to Peace: Segunda Conferencia Internacional sobre el Retorno de Niños Ucranianos, Civiles Detenidos y Prisioneros de Guerra. A partir de los avances logrados en la conferencia ministerial sobre el mismo tema, organizada por nuestros tres países en Canadá en 2024, la convocatoria reúne a socios internacionales para apoyar los esfuerzos de Ucrania en devolver, rehabilitar y reintegrar a los niños deportados, civiles detenidos y prisioneros de guerra. Su regreso es un imperativo humanitario y crítico para cualquier proceso de paz, ayudando a sanar las heridas de la guerra y sentar los cimientos de una paz justa, duradera y digna. Cada persona que regresa reúne a una familia. Cada familia reunida fortalece una comunidad. Y cada comunidad que prospera ayuda a reconstruir Ucrania.

Cada mañana, millones de ucranianos hacen una pausa para recordar a quienes ya no están y a quienes aún no han regresado. Con un valor e ingenio extraordinarios, también reparan en su honor lo que Rusia ha destruido, cuidan unos de otros y revitalizan las comunidades que la agresión rusa ha intentado doblegar. Nuestra esperanza es que Pathways to Peace movilice a la comunidad internacional no solo para conmemorar junto a Ucrania, sino para actuar a su lado y ayudar a retornar a cada niño deportado por la fuerza, cada civil detenido y cada prisionero de guerra.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/trabajando-juntos-por-la-liberacion-y-el-retorno-de-los-ninos-ucranianos-secuestrados-civiles-nid29092026/

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