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Tras la venta de la propiedad familiar, le encomendó a su hija arquitecta su nueva casa

“Este proyecto nació a partir de un momento muy especial para nuestra familia. Mamá había vendido la casa de toda la vida, donde crecimos junto a mis hermanos, y ahora empezaba una nueva etapa...

“Este proyecto nació a partir de un momento muy especial para nuestra familia. Mamá había vendido la casa de toda la vida, donde crecimos junto a mis hermanos, y ahora empezaba una nueva etapa. Necesitaba una casa pensada para ella”, cuenta la arquitecta Agustina Fara, directora de Estudio Fara. Inicialmente, la idea era construir desde cero, pero era difícil dar con un innegociable: el terreno debía tener muchos árboles.

Fue en Susana, una pequeña localidad vecina a Rafaela (la ciudad en la que siempre vivió la familia), en donde se dio el hallazgo. “Encontramos una verdadera joya: una casona de 1950 implantada en un lote amplio, con una enorme variedad de árboles. El contrafrente estaba orientado al norte, exactamente como ella siempre había soñado. Apenas la vimos, imaginamos el proyecto completo”, cuenta Fara.

El proyecto –liderado por Estudio Fara junto al arquitecto Federico Antonio, al frente de Grupo Arq– respetó el 100% de la estructura existente. La intervención se concentró en reorganizar los espacios mediante tabiquería interior liviana y en aprovechar una habitación de gran altura incorporando un entrepiso.

“Durante la obra, pusimos en valor elementos originales que considerábamos fundamentales, como las aberturas de vidrio repartido y los techos de tejuelas, que quedaron a la vista”

Gracias a la reforma, la casa incorporó nuevos ambientes muy prácticos: una despensa –oculta tras dos puertas–, un lavadero con salida al exterior y un toilette.

Calma

“La calma fue el concepto rector de la reforma; queríamos que se pudiera experimentar a través de todos los sentidos”, cuenta Agustina.

“Visualmente, imaginábamos una paleta suave, con tonos claros. Auditivamente, queríamos escuchar los pajaritos. Desde el tacto, incorporamos fibras naturales y mucha madera. En el olfato, aparecen la leña de la salamandra y el perfume de los árboles del jardín. Y, por supuesto, en el gusto están los budines caseros que tanto la representan”, cuenta Agustina.

“Nuestra intención fue crear espacios cálidos y contenidos, sin recurrir a ambientes excesivamente grandes”, cuenta Fara.

Con los sentimientos a flor de piel

“El vínculo emocional fue lo más desafiante de este proyecto. No trabajábamos para una clienta más, sino para mi mamá”, asegura la arquitecta.

“Hoy vemos el resultado y sentimos que la casa refleja exactamente quién es ella y cómo quería vivir esta nueva etapa”

A medida

Gracias a la altura generosa de la propiedad, crearon un sector tipo loft que cumple dos funciones. En el piso superior, ubicaron una habitación para recibir visitas.

En la planta baja armaron una segunda cocina, una respuesta directa a una pasión de la dueña de casa. “Ella disfruta cocinar, es un hobby, y quería tener un espacio para hacerlo sin interferir con la dinámica cotidiana de la casa”, cuenta la arquitecta.

“Fue un desafío encontrar el equilibrio entre lo profesional y lo personal, pero también fue una experiencia muy gratificante”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-living/tras-la-venta-de-la-casa-familiar-una-arquitecta-renovo-una-propiedad-de-los-anos-50-para-su-madre-nid10062026/

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