Una experta en color nos cuenta cómo darles otro tono a nuestros ambientes sin trabarnos en el intento
“Después de haber hecho alrededor de 70 consultorías de color, me queda claro que la gente quiere aplicarlo, pero no sabe por dónde empezar. Y es lógico: si te hago elegir entre los 2.500 ton...
“Después de haber hecho alrededor de 70 consultorías de color, me queda claro que la gente quiere aplicarlo, pero no sabe por dónde empezar. Y es lógico: si te hago elegir entre los 2.500 tonos que tienen los muestrarios de las pinturerías, te abrumás”, dice con conocimiento de causa Marina Christe, interiorista y consultora especializada en color, materiales y acabados.
“Lo fundamental es descubrir la idea rectora dentro de una historia particular: quién es ese cliente y qué sensaciones quiere que su casa transmita; cómo es la arquitectura de su casa; qué quiere y cómo es el estudio que le va a hacer la obra", enumera Christe. "Hay que encontrar un camino entre esas tres identidades. Cuando llegás, el proyecto sale solo, porque ya tiene un sentido y una explicación".
¿Cómo se desarrolla una consultoría de color?
“Cada encuentro dura aproximadamente tres horas, en las que también aprovechamos nuestra experiencia en interiorismo para aportar ideas relacionadas con el concepto y la atmósfera deseada. Ordenamos y clarificamos esas ideas. Revisamos o redefinimos la identidad de la propuesta. Ajustamos el concepto o construimos uno nuevo. En base a eso, diseñamos una propuesta de color y de materiales", detalla Christe.
“Cuando hago consultorías, siempre aclaro que voy a justificar las ideas detrás de una elección. Y también que voy a aclarar cuándo una decisión está basada en un gusto personal”.
“Armar una paleta no es elegir cinco colores, sino descartar los que no van. Estás diciendo: acá no va a haber amarillo, marrón ni azul Francia; vamos a ir del verde al bordó, por ejemplo. A eso lo llamo espectro de color, que es menos limitante".
“Algo para tener muy presente es que una cosa es de qué color te gusta vestirte y, otra, el color del lugar donde vivís o querés vivir”.
Caso concreto“Hace poco, participé en una reforma que llevó a cabo Sherriff Estudio en una casona de San Telmo para hacer equipo con el Estudio y los clientes. No bien entro, veo una escalera de piedra con vetas violáceas y, al tope, un inmenso vitraux con tonos que iban de los bordós a los petróleos. O sea, que pasaba por todos los rosados, bordós, vinos y azulinos, y después se iba para los petróleos y los verdes. Y dije, bueno, ¿por qué no usamos ese espectro (que no es una paleta de cuatro o cinco colores, sino un montón de colores), para aplicar cada uno de ellos a un ambiente de la casa? Y así lo hicimos.
“Si tu comedor no está al lado de la ventana, no tiene sentido intentar que sea clarito, porque nunca va a serlo: termina siendo gris y no tiene identidad; es como una cosa que no pudo”.
Un proyecto comercial“En un emprendimiento comercial, las elecciones no pasan por lo que te gusta a vos ni lo que me gusta a mí, sino por lo que el proyecto necesita. Entonces, si el concepto que esa marca busca transmitir algo ´moderno, futurista, aséptico´, el granito gris mara no entra, porque no se asocia con esas ideas; ahí es mejor una mesa de acero inoxidable. Me parece importante correrse del lugar de la selección por el gusto propio en esos casos".
“La búsqueda de materiales es clave, porque también hay una realidad del mercado. Lo bueno de mi lado de ser interiorista y de haber trabajado en proyectos reales es que sé que todo no se puede, que hay que ser realistas a la hora de tomar decisiones: no puedo proponer un piso amarillo y pensar que voy a encontrar un porcelanato amarillo, porque en Argentina no existe. Entonces, hay que ser inteligente y encontrar el amarillo de otra manera: será un cemento alisado, o será un piso de goma, cosas que existen dentro de esa paleta de color", señala Christe.
“El material que manda es el primero que hay que elegir, por dos motivos: o es la pieza fundamental del espacio (en el caso de una isla de cocina, por ejemplo), o es el que menos posibilidades de color tiene (como piedras para mesadas, los pisos y las aberturas)”, explica la experta.
“Por ejemplo, en el proyecto de Labán el material manda; el color es una línea donde se dice ‘esto es verde’ y hay que encontrar todos los materiales que funcionen para llegar a esa idea de verde”.
Señas de identidad“Prefiero el estilo a la tendencia, que cada uno construya su propio estilo. Voy por el lado de la búsqueda de la identidad. Después, para lograrlo se usarán algunos recursos de moda, porque es inevitable: todos estamos atravesados por eso. Hay cosas que hoy me gustan y no me gustaban antes, y viceversa. Es inevitable”, dice Christe, también teniendo en cuenta los elementos disponibles.
“Soy bastante reacia a ciertas ‘verdades’ establecidas, más allá de que entiendo que existen y que son una cuestión de construcción cultural. Un ejemplo clásico es decir que si tenés muchos colores, te vas a cansar. Y uno se cansa de lo neutro también. De su baño blanco. Ese que, después de 4 años, te hace decir un buen día: ‘Ay, capaz le pinto el techo de color’“, grafica.
Una combinación de color favorita“En lo personal, me gusta esa leve tensión que provoca combinar colores muy vibrantes con pasteles. Por ahí tenés cinco colores: cuatro que sabés que funcionan y uno que es incómodo. Y esa proporción, ese 20% incómodo, es suficiente para llamar la atención, pero no tan incómodo como para que te dé rechazo. Por ejemplo, me encanta la combinación del crema y el amarillo flúo, algo calmo y algo que vibra", admite Marina. “Siento que lo engamado es más obvio, más seguro, y lo que intento es asociar los colores a la identidad, contar quién es uno y cuánto uno se anima o no a contarlo en función de los colores que usa y elige para su espacio“.
La creatividad... y sus bloqueos¿Qué querías ser cuando eras chica?
No sé si tenía algo muy claro. Cuando le conté a un profe de arte de la secundaria todos mis intereses (que me gustaban el diseño gráfico, la arquitectura, el cine y el diseño de indumentaria), me dijo: “Mirá, hay una carrera que se llama escenografía, donde vas a poder hacer un poco de arquitectura, un poco de cine, un poco de vestuario, porque la carrera se llama escenografía de vestuario. Y me dije: ´Listo, ok, va por acá´, porque ya era multidisciplinaria en esa época y quería hacer todas esas cosas".
¿Qué hacés cuando tenés un bloqueo creativo?
Antes me sentaba a mirar miles de referencias. Ahora, cuando encaro un proyecto, trato de calcular un tiempo creativo de “no hacer nada” para dejar que la idea circule en la cabeza. A veces tienen que pasar una cantidad de días para encontrarle la vuelta: muchas veces me gusta una idea y, a los tres días, no me gusta más. Entonces, siento que si vendo la primera idea, me quedo a mitad de camino. Sí, he tenido varios bloqueos creativos y el tiempo mismo hizo que encuentre alternativas. Aprendí a bancarme ese hecho como parte del proceso".
“Muchas ideas tienen alguna cosa buena, pero yo necesito que puedan abarcar una gran cantidad de necesidades del proyecto, y no todas lo hacen”
“Ahora estoy retomando la idea del cine, en el que trabajé durante 15 años, porque entiendo que el interiorismo también se trata de contar la escena”.
“La realidad es que, más allá de todas las pruebas científicas que se pueden hacer en cuanto a qué provoca un color, las asociaciones son absolutamente culturales y contextuales de la época”.