Una Scaloneta en el Palacio Libertad: 28 técnicos, una orquesta de 110 músicos y el rescate de las 9 sinfonías de Alberto Williams
Con bombos y platillos y, valga la redundancia, a toda orquesta, la Sinfónica Nacional presentó con miras a su 80º aniversario un ambicioso proyecto de celebración: la grabación audiovisual de...
Con bombos y platillos y, valga la redundancia, a toda orquesta, la Sinfónica Nacional presentó con miras a su 80º aniversario un ambicioso proyecto de celebración: la grabación audiovisual de las 9 sinfonías de Alberto Williams (1862-1952).
Fundador de la primera institución de enseñanza clásica en la Argentina, pedagogo, director, pianista y compositor que le dio al panorama de la música nacional una identidad propia, Williams fue, además, el padre del célebre arquitecto modernista Amancio Williams (diseñador de la famosa “Casa sobre el Arroyo” en Mar del Plata). Y en un plano metafórico “fue el padre de los compositores argentinos”, como destaca Pablo Boggiano, director musical de este emprendimiento al que no duda en atribuir “un valor histórico sin precedentes”.
La documentación del ciclo abarca un corpus de 9 sinfonías concebidas sobre la base de un programa (de acuerdo a la narración de una historia), excepto la número 1 compuesta en 1907. La 2ª de ellas, dedicada a su maestro, César Franck, se titula La bruja en las montañas. La 3ª, La Selva sagrada, es la de mayor despliegue instrumental. Y continúa El Ataja-caminos (4ª), El Corazón de la muñeca (5ª), La Muerte del cometa (6ª), Eterno Reposo (7ª), La Esfinge (8ª) y la última, la 9ª, en clave de humor: Los Batracios. Un universo de sonido listo para ser descubierto en un rescate documental “de gran calidad técnica”, como señala Boggiano.
En diálogo con LA NACION, el maestro argentino radicado en Viena se refiere a distintos aspectos del proyecto en el que intervienen la Secretaría de Cultura y los Elencos Estables de la Nación junto al personal técnico del Palacio Libertad.
–¿En qué aspectos de la música se considera una iniciativa titánica y qué impidió que se abordara en el pasado?
–La dimensión. El tamaño de las obras representa un desafío por la cantidad de músicos que demanda. Williams recibió la influencia francesa de Berlioz en la que el Romanticismo empuja a la orquesta hacia grandes dimensiones como Strauss, Mahler o Wagner. Es atípica una orquestación que incluya 2 tubas, 2 arpas, 2 juegos de timbales, 8 cornos, 4 trombones, y para lograr un balance con ese cuerpo de metales, las maderas se ensanchan x 4 y las cuerdas también en proporción. Repertorios como el de Brahms o Tchaikovsky continúan vigentes porque muchas orquestas cuentan con el orgánico regular que les permite ejecutarlas a diferencia de obras como éstas que demandan una formación a otra escala.
–¿En qué estado se encontraba el material? ¿Estaba disponible por completo o hubo que restaurar partituras o partes de orquesta?
–Felizmente, la familia custodió ese material en perfecto estado. Pablo Williams (nieto del compositor) recibió de manos de su padre, el famoso arquitecto, el legado en partituras con el encargo de protegerlo, misión que cumplió maravillosamente porque digitalizó los manuscritos haciéndolos accesibles con las partes para cada instrumento y la partitura de director.
Clásico y autóctono–En el comienzo de la corriente nacionalista, Williams abrevó en el folklore para nutrir su música de inspiración e identidad. ¿Cuánto de ese espíritu conservó a lo largo de su obra sinfónica y en qué elementos se reconoce?
–Sus melodías no tienen un carácter etnomusicológico. No son copias sino giros propios que desarrolló en base a la música local para enriquecer su orquestación y su paleta orquestal. En El Corazón de la Muñeca, por ejemplo, que acabamos de grabar, lo atractivo es cómo articula fragmentos de inspiración folklórica con lo tradicional académico, cómo encuentra su voz propia y su lenguaje articulando ambas fuentes. Aquí somos dos directores con dos enfoques: Siffert, de procedencia europea, que le pondrá su impronta a las obras a su cargo, y yo, como argentino, resaltando el costado pasional de mayor contraste. Una anécdota que cuenta su nieto es que cuando vivía en París, Williams le pidió al padre que le llevara algo de la Argentina porque extrañaba y el padre le llevó de Córdoba un clavel del aire. Es una nota de color sobre la búsqueda de las raíces y la añoranza de su tierra.
–¿Qué se destaca en el plano técnico?
–Que se está haciendo una grabación depurada, tomando los días y los cortes que sean necesarios para revisar el resultado. ¡Hemos creado una Scaloneta en el Palacio Libertad! para poner en valor la cultura argentina a un nivel muy alto: 14 técnicos de audio, 14 de video, una orquesta de 110 músicos, personal de sala, iluminación, administración y toda una estructura articulada como pocas veces en el país. Es una idea que existió siempre, pero que nunca encontró la voluntad política de ponerla en marcha.
–¿Cómo quedará y cuándo se verá el resultado?
–Hasta el momento hemos concluido la 3ª, 4ª, 5ª, 7ª y 8ª sinfonías. Hay una en camino y faltan 3 en el curso de 2027. Hoy la industria discográfica tiene una realidad muy diferente a la de hace 20 años, por lo que todavía estamos analizando variantes de presentación para un producto que, terminado en 2027, habrá insumido 4 años de trabajo dejando no solo el registro de la interpretación sino también la edición en partituras revisadas.
–¿Qué posibilidades de proyecciones estimás para el legado musical de Williams y, a partir del suyo, el de otros compositores a rescatar?
–El gran desarrollo que hubo en el mundo en orquestas juveniles implica que casi se ha triplicado la cantidad de organismos sinfónicos. No así el repertorio. Ese solo dato me convoca a creer que nuestro patrimonio, esa enorme cantidad de música argentina que espera ser rescatada del olvido, tiene unas chances históricas. Hemos comenzado con Williams, pero podríamos incorporar a un plan de grabación de mayores dimensiones, la obra de Ginastera, la del Grupo Renovación y de muchos compositores vivos hasta el siglo XXI. Hay una labor inmensa, titánica como decía al comienzo, en la cual la Argentina se puede lucir y ser la envidia de muchas potencias culturales que soñarían con tener un patrimonio musical tan rico y vasto como el nuestro.