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Volver al equilibrio mundial

Hace 100 años irrumpieron en el mundo 2 movimientos extremos: el nazismo y el comunismo. Sus protagonistas centrales eran Italia, Alemania y Japón (en una versión autoritaria oriental) por derec...

Hace 100 años irrumpieron en el mundo 2 movimientos extremos: el nazismo y el comunismo. Sus protagonistas centrales eran Italia, Alemania y Japón (en una versión autoritaria oriental) por derecha, y Rusia por izquierda. Desde la “derecha democrática” se alzó solo el Reino Unido –acompañado por sus colonias asociadas, Australia y Canadá–, al que, a partir de 1942, se sumaría EE.UU. por el ataque japonés a Pearl Harbor en noviembre de 1941. Tenemos que recordar que de 1939 a 1942 Stalin se había aliado con la Alemania nazi en un siniestro pacto entre los 2 extremismos, de izquierda y derecha. Solo el error nazi de invadir Rusia permitió revertir la hegemonía militar alemana en Europa continental.

Durante la década de los 30 y primeros años de los 40, se extendieron fuerzas de extrema derecha y de extrema izquierda por toda América, Medio Oriente, África, Asia y Europa continental. Las ideologías más fanáticas habían ganado el imaginario colectivo planetario; pensadores y medios periodísticos en todos los idiomas hablaban de una “nueva era” donde el poder militar y la violencia venían a sustituir a las “débiles” fuerzas de centroderecha y centroizquierda, incapaces de resolver los problemas políticos y económicos de la época. La “moda” fascista no duró más de 20 años; sin embargo, la comunista subsistió por 50 años más, por los resultados que Stalin obtuvo por la victoria en la Segunda Guerra Mundial, lo que le permitió quedarse con la mitad de Europa y patrocinar el nacimiento de la República Popular China y muchos regímenes y movimientos en América Latina, África y Asia (Cuba, Argelia, Egipto, Vietnam, entre otros).

En los últimos 80 años se desarrolló un “orden mundial” hegemonizado por la centroderecha y la centroizquierda y liderado por EE.UU., que, desde la convicción democrática, no impuso una visión única ideológica, más allá de sus conocidas intervenciones en casos que consideraba que ponían en riesgo el “equilibrio” de poder entre EE.UU. y la URSS. En la última década, el miedo al crecimiento chino, las grandes migraciones de la periferia al centro y la profunda frustración de las clases medias frente al desequilibrado poder que acumulaban las empresas financieras globales y las grandes multinacionales energéticas y mineras vuelven a despertar al “enano fascista”, que nunca termina de desaparecer y se reitera con diferentes nombres y formas a lo largo de la historia.

La consolidación de un poderoso “capitalismo de Estado” en China, que opera con todos los signos ideológicos, priorizando sus intereses económicos, desató una “gran interna” entre la “nueva derecha”, encabezada en el mundo por Donald Trump, que desde 2016 mostró un extraordinario crecimiento global, y las fuerzas del “centro”, con una grave crisis de liderazgo. El “hegemonismo populista” trumpista generó un exponencial avance que le permitió anunciar una “nueva era” que terminaba con el “débil multilateralismo”, personalizado por las Naciones Unidas, la Agenda 2030, el medioambientalismo y la ideología de género. “El poder emana de la fuerza y no de las normas”, predica Trump, como profeta y líder místico de un revival que nos transporta a 100 años atrás, como si fuera la antesala de un futuro mejor.

A 10 años de iniciada esta cruzada, el proceso empieza a cambiar de signo. Ya se fue Orban; esperemos que desaparezcan los ayatollahs y el chavismo sea derrotado en Venezuela. El equilibrio ideológico está volviendo a Europa y ya está balanceándose en América Latina (México, Brasil y Colombia, por un lado; la Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y Ecuador, por el otro). Lo bueno del patrimonio cultural de Occidente es la diversidad y la alternancia, y a eso tenemos que apuntar, cada uno con sus convicciones, pero todos conviviendo en un mundo complejo. Ese mismo desafío es el que enfrentamos en la Argentina: volver a reconstruir el mapa político-ideológico hoy destruido. Consolidemos ese rumbo, como hoy lo están haciendo nuestros vecinos, y utilicemos nuestra Constitución como “Biblia laica”.

Exembajador argentino en USA, la UE, China y Brasil

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/volver-al-equilibrio-mundial-nid02052026/

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