A los 85 años, murió en Rosario el escritor y psicoanalista Juan B. Ritvo
Ayer a la madrugada, falleció en Rosario, a los 85 años, el escritor y psicoanalista Juan Bautista Ritvo, informaron sus allegados. La Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosari...
Ayer a la madrugada, falleció en Rosario, a los 85 años, el escritor y psicoanalista Juan Bautista Ritvo, informaron sus allegados. La Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) posteó: “Estamos de duelo porque nos toca despedir a un inmenso docente, un gran analista, un enorme pensador y un extraordinario escritor”. Había nacido en la ciudad de Santa Fe el 29 de julio de 1940 y era padre de dos hijos. Escritores, psicoanalistas, filósofos y editores lo despidieron en redes sociales.
Estudió Filosofía, coordinó grupos de estudio e inició la enseñanza y la práctica del psicoanálisis en Rosario y en Buenos Aires en grupos interdisciplinarios, durante la dictadura. “Era la posibilidad de pensar algo, en medio de una época tan terrible”, dijo en una entrevista con Luis Sanfelippo, coordinador del Centro Argentino de Historia Psi. Su biblioteca personal es una de las más de imponentes de Rosario.
Formó parte del grupo que fundó la Escuela de Psicoanálisis Sigmund Freud a partir de 1979. Tras el retorno de la democracia, fue nombrado profesor titular de la cátedra “Teoría de la Lectura” en la carrera de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Artes y de “Desenvolvimiento histórico epistemológico de Psicología II” en la Facultad de Psicología de la UNR (donde enseñaba sobre Freud y Lacan). “El psicoanálisis lacaniano brotó de fuentes no psicológicas”, afirmó. Como Oscar Masotta, Jorge Jinkis o Luis Gusmán, se desempeñó en el área del psicoanálisis sin haber cursado psicología o medicina en universidades. Advirtió sobre una “parálisis” en el psicoanálisis como vector de pensamiento en la cultura; desaconsejaba vincular el psicoanálisis con la salud pública.
Participó en el consejo editorial de revistas culturales como Sitio, Paradoxa, Redes de la Letra y Conjetural (“sacó al psicoanálisis de la somnolencia en la que estaba sumido”, aseveró). Entre sus libros de ensayo se destacan La edad de la lectura (1992, reeditado en 2017), Del Padre. Políticas de su genealogía (2005), Decadentismo y melancolía (2006), Figuras del prójimo. El enemigo, el otro cuerpo, el huésped (2006), El silencio femenino. Hacia (desde) la filosofía (2015), Enigmas y transformaciones del fantasma: fantasma y diagnóstico (2020) y Orfeo o el nacimiento de la noche (2021). Dictó clases en la Maestría en Psicoanálisis y el Doctorado en Psicología de la UNR y codirigió con uno de sus discípulos, el profesor y ensayista Alberto Giordano, la editorial Nube Negra.
Una gran pérdida.
Nuestro más profundo respeto y sentido pésame por el fallecimiento de Juan Bautista Ritvo. pic.twitter.com/rupWoFJ8lE
“Juan Ritvo fue maestro de maestros: alguien que cruzó literatura, filosofía y psicoanálisis, que entendió la lectura como acontecimiento teórico y fundó una escuela de teoría y crítica en Rosario -dice la profesora e investigadora del Conicet Julia Musitano a LA NACION-. Alberto Giordano continuó y profundizó esa línea en la formación de muchos recursos humanos del área de las letras. Además de destacarse por sus contribuciones teóricas, Ritvo fue la figura que enseñó en Rosario una manera particular de leer: en la pregunta incómoda e incesante sobre el vínculo afectivo del lector con el texto, sin métodos ni poses”.
“¿Qué es un estilo y dónde encontrarlo? A Ritvo, ahora que tengo que recordarlo, le interesaría esta pregunta -dice el escritor, profesor e investigador del Conicet Carlos Surghi-. Acaso porque hay un estilo Ritvo y es lo que queda. Hecho de opuestos y tensiones, como el psicoanálisis y la literatura, Blanchot y Lugones, Debussy o Britten. Es su lugar: incómodo, intempestivo, fascinante, decadente. Quisiera recordar eso. La polémica, por ejemplo, deseada y buscada, porque pensar era recibir la desnudez de las cosas. La frase, presurosa o llena de detenciones, porque no podía dejar de escribir. Y también, la conversación entusiasta, generosa, hecha de llamados a cualquier hora, largas listas de libros por leer. En presencia. Como cuando lo convencí de que en Venezia no hacía más que hablar de Rosario, y me dio la razón. Estilo final. Su prosa, que como en los cuadros de Vallotton, se enciende y se desvanece: ‘Lo invisible es lo que no ceso de nombrar sin poder nombrarlo’. Ahí Ritvo, ahí su estilo, ahí lo buscaré“.