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La dama de Retiro

Atardecer de un día de semana. La formación del Ferrocarril Mitre llega a la estación de Retiro. Bajo del tren junto a cientos de personas que caminan silenciosas en la penumbra de la plataforma...

Atardecer de un día de semana. La formación del Ferrocarril Mitre llega a la estación de Retiro. Bajo del tren junto a cientos de personas que caminan silenciosas en la penumbra de la plataforma. Llevan a cuestas el cansancio de la jornada. De pronto, entre la multitud que marcha veo a una señorita que parece tener una luz diferente. No sé si es su belleza o su porte elegante, pero algo la hace sobresalir entre los demás. La miro a unos metros de distancia mientras nos lleva la marea humana. Tiene el pelo negro hasta la cintura y rasgos delicados. Lleva una pollera larga, que parece de gasa. Como una de esas bailarinas rusas, las beriozkas, parece deslizarse flotando en lugar de caminar. Observo su grácil andar hasta que sucede lo impensado. La muchacha llega hasta el sector de los molinetes y se detiene un instante frente a uno de ellos. De pronto, levanta una pierna, luego la otra, pasa al otro lado y se aleja, etérea, sin pagar su pasaje.

Quedé boquiabierto. Y mientras apoyaba mi SUBE para pasar pensé en la fuerte presencia que este dispositivo burlado por la joven tiene en la vida contemporánea. Hay molinetes en el subte, los estadios, las empresas, los museos, las universidades, los parques de diversiones, los aeropuertos... quizás tengamos una parte del cuádriceps más musculosa de tanto empujar esas barras metálicas que se anteponen a nuestros lugares de destino. Pero, ¿de dónde salieron estos artefactos tan habituales en estos días?

Los orígenes del molinete se remontan a la Inglaterra rural del siglo XVI. Los hombres de campo cercaban sus predios con pequeños muros de piedra entre los que dejaban un hueco para el acceso. El problema era que por allí escapaba el ganado. Para evitar esto, algún ingenioso campesino creó el turnstile, el molinete primigenio. Era un palo clavado en la tierra que en su extremo superior tenía una cruz de madera dispuesta horizontalmente que podía girar. Por allí pasaba el hombre, mas no la bestia. En Londres, de hecho, existen los pasajes Great Turnstile, Little Turnstile y New Turnstile, que recuerdan esos pasos giratorios que hace siglos se encontraban en la ciudad, cuando los animales que pastaban convivían con la urbanización.

Años después, el artefacto evolucionó hacia otra función. En 1873, cuando se inauguró el estadio Hampden Park, en Glasgow, Escocia, incluía molinetes para el ingreso. El dispositivo ya no impedía el paso de vacas y ovejas, sino que servía para controlar la entrada de humanos. De uno en uno. Y, además, con la posibilidad de contarlos.

En Memphis, Estados Unidos, en 1916, el molinete se convirtió en el paso obligado para ingresar en Piggly Wiggly, uno de los primeros mercados de autoservicio del mundo. El aparato, en este caso, era el inicio de un camino de ida, literalmente: el cliente accedía, tomaba un canasto, recorría las góndolas y desembocaba en las cajas.

La llegada de nuestro objeto de estudio a la Argentina se efectivizó el 17 de octubre de 1930. Ese día se inauguró la Línea Lacroze del Subterráneo. La actual Línea B. Y entre las grandes novedades con las que contaban sus flamantes estaciones estaban las asombrosas escaleras mecánicas y, por supuesto, los molinetes. Los primeros años, para pasar el control de estos dispositivos, se utilizaban monedas de curso legal. Desde 1962, en cambio, comenzaron a utilizarse cospeles. Para entonces, los molinetes ya formaban parte de todas las líneas del subte porteño.

En el Museo del Subte de Buenos Aires, en Caballito, existe un cuadro que reúne todas las cosas que los usuarios de este transporte usaban, las más de las veces sin suerte, para suplir los cospeles: entre otras cosas ponían botones, dijes, medallas, chapitas, monedas. Es evidente que el afán por viajar sin pagar no comenzó con la muchacha de Retiro. Está lamentablemente tan instalado como mi prejuicio de pensar que una dama con gracia no puede infringir las normas sociales.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/la-dama-de-retiro-nid28092026/

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