Para el 72% de los argentinos +50, el sexo sigue siendo clave
Durante décadas, los conceptos alrededor de la sexualidad pos 50 estuvieron asociados a la pérdidia de interés erótico y al fin de la intimidad dentro de la pareja. Pero eso está cambiando. Di...
Durante décadas, los conceptos alrededor de la sexualidad pos 50 estuvieron asociados a la pérdidia de interés erótico y al fin de la intimidad dentro de la pareja. Pero eso está cambiando. Diversos estudios dejaron de hablar de apagón sexual y lo reemplazaron por algo más acorde a esta era: el reseteo. Hay vida sexual después de los 50, y en muchos casos, es incluso más placentera. A veces es necesario reiniciar la máquina para volver a empezar.
Un estudio del del Centro de Investigaciones Sociales de UADE revela, precisamente, que el apagón sexual no es tal: para el 72% de los consultados mayores de 50, el sexo sigue siendo clave en esta etapa de la vida y el 45% mantiene encuentros sexuales al menos una vez por semana, lo que demuestra una vida sexual activa y sostenida. Los hombres se sienten más a gusto que las mujeres: el 68% afirma estar satisfecho con su vida sexual, mientras que ese número desciende al 48% en el caso de ellas.
Para los responsables del informe, el apagón sexual es, ni más ni menos, un mito cultural sostenido por imaginarios que asocian deseo con la juventud, la belleza normativa, la capacidad reproductiva y la disponibilidad permanente para el encuentro sexual. Así, la hipótesis del apagón sexual es más cultural que clínica.
“La sexualidad no se limita a funciones biológicas; es un fenómeno profundamente cultural, vincular y subjetivo. Sin embargo, la vida sexual de las mujeres ha sido históricamente interpretada a través de un marco biologicista y reproductivo, que asoció el fin de la fertilidad al fin del deseo. El llamado apagón sexual es más un relato cultural que una cuestión clínica”, sostiene el informe de la UADE.
No son las hormonas. O no son sólo las hormonas. También están las presiones socioculturales, el estrés y hasta la desigualdades de género. En todo caso, la falta de deseo, que muchos describen como “apagón sexual”, no es algo exclusivamente biológico, sino mucho más complejo. Incluso, numerosos especialistas coinciden en que la cultura, la psicología y el estilo de vida urbano influyen de manera decisiva y se suman a los cambios hormonales propios de esta etapa.
Para la reconocida psicóloga y especialista en sexología clínica Cecilia Ce, que encabeza el unipersonal Encendé tu motor en el Paseo La Plaza, “es un mito que con el paso de los años el deseo se apaga como si fuese un tanque de nafta que se va consumiendo”.
Pero sí hay cambios a nivel fisiológico que pueden alterarlo: “Sabemos que con la menopausia aparecen síntomas como sequedad vaginal, sofocos, cambios en el humor y en la corporalidad que repercuten en la autoestima e impactan en el deseo, pero el deseo en sí mismo no baja. Los hombres también experimentan alteraciones de la respuesta sexual. Hay un enlentecimiento de la excitación genital y eso hay que sumarle los cambios hormonales también”.
La buena noticia, afirma Cecilia Ce, es la experiencia ganada con los años: “Hay una mejora en la autoestima sexual, no hay ansiedad por el rendimiento. Lo que sí es un mito es que en la juventud es cuando la gente está más satisfecha”, asegura.
Por su parte, Francesca Gnecci, comunicadora diplomada en sexualidad, autora del libro El camino del sexo, un recorrido en búsqueda del deseo perdido (Penguin) y directora de la tienda Erotique Pink y de Erotique La Escuela, coincide: “El deseo no desaparece, se transforma, la idea de que el placer se va es un mito ligado al edadismo –plantea–. El deseo es multicausal: es una conjunción de hormonas, mente, vínculo, contexto y educación sexual porque si me falta información sobre los cambios que voy a tener, difícilmente pueda cambiar el chip y la forma en la que disfruto la sexualidad”.
Gnecchi habla de los desafíos que las mujeres y los hombres enfrentan al alcanzar la menopausia y la andropausia: “Se experimenta dificultad en la lubricación y en las erecciones. O se tarda más en excitarse. Estos factores pueden afectar las ganas –dice–. También se producen cambios en el cuerpo que disminuyen la autoestima y la gente deja de tener encuentros sexuales para no exponerse”, revela Gnecchi, que sostiene que todo eso tiene solución: desde lubricantes hasta juguetes sexuales que permiten alcanzar un nivel de excitación más rápido y sirven para romper la rutina.
Inhibidores del deseoHay muchos más factores que pueden atentar contra el placer. Como señala el estudio, el estrés es el gran inhibidor del deseo en la actualidad. Pero justamente es un factor que no está asociado a la edad, sino que atraviesa varias etapas vitales.
Una cuestión que llega con los años –añade la directora de Erotique Pink– son los medicamentos: “Algunos afectan el deseo y es más frecuente consumir más remedios a los 50 que a los 20. Y no hay que descartar que en relaciones de muchos años, como puede ocurrir con los que tienen más de 50, la rutina interfiere con las ganas. Está estudiado que la misma persona cambia de compañero o compañera sexual y se reactiva el deseo”.
Haber crecido pensando que la sexualidad tiene fecha de vencimiento es otro de los principales inhibidores del deseo. Para las mujeres que hoy están atravesando los 50, la idea de que la vida erótica se apaga cuando se llega a esta etapa está tan instalada, tan aceptada, que repercute de manera inevitable en la intimidad. Como si escucharan una voz interna que les dice que no merecen sentir placer, “que ya están grandes” para eso.
Cerca de los 50, Paula Lugo lanzó a su pareja una frase que desató risas cómplices: “Le dije a Juan que aproveche ahora porque después de mi cumpleaños, que es en unas semanas, se venía el apagón sexual”. Paula no siente la falta de chispa: “Hubo un momento que empecé a sentirme rara con mi energía, con mi cuerpo. Empecé a investigar, hice una consulta con una especialista en perimenopausia y me puse un chip hormonal. No estaba dispuesta a enterrar mi sexualidad”.
Aunque el pellet de testosterona genera debate porque no está aprobado por ninguna sociedad científica, son muchas las mujeres que empezaron a hacerse cargo de su bienestar sexual. Paula recuerda lo que le ocurrió a su mamá al cumplir los 50.
“Se deprimió, nos dijo a sus tres hijas que no tenía nada para festejar, que para ella la vida se le había acabado. Crecí con la idea de que después de los 50 todo terminaba. Pero me propuse, con acompañamiento profesional, que ese fuera mi destino –comparte Paula–. Entendí que esa fue su historia, no la mía. Hoy te diría que me siento en un gran momento, pero me parece fundamental prepararse para esta etapa de cambios.”
Además de la terapia hormonal, a Paula la ayudó hablarlo con sus amigas de toda la vida y con mujeres que fue conociendo a lo largo de su carrera como comunicadora. “Son pares que ya pasaron o que están por pasar por este momento vital. Empecé a hablarlo, a preguntar porque siempre tendemos a pensar que le pasa solo a una. En ese sentido, creo que las mujeres somos más abiertas que los hombres a decir lo que sentimos, a contar lo que nos está pasando. Así como la maternidad es un gran tema de conversación y acompañamiento, tenemos que poder también estar juntas en la menopausia”,plantea.
Hacer comunidadPara muchas mujeres la comunidad es clave. En los últimos años surgieron espacios como Pólvora, una plataforma dedicada a acompañar, informar y empoderar a mujeres que transitan la menopausia y la vida adulta. Son tres los pilares fundamentales del proyecto: Polvo Podcast –el corazón de la propuesta, disponible en Spotify–, encuentros presenciales y una comunidad virtual. Su propósito es abrir conversaciones profundas, honestas y sin tabúes sobre el bienestar, el placer, los vínculos, el cuerpo, la salud femenina, las emociones y la menopausia.
“Comencé en 2023 a hablar abiertamente sobre sexualidad y menopausia. En ese momento casi no había voces en redes y el tema seguía limitado al consultorio y a unos pocos especialistas. Elegí hacerlo desde mi experiencia, con un lenguaje directo y sin eufemismos. Hoy, por suerte, la conversación se amplió y empieza a ocupar un lugar más visible”, cuenta Kemble, que afirma que los 50 de hoy no son los mismos que los de antes.
“Las mujeres vivimos más años y llegamos a los 50 activas, vitales y con múltiples proyectos. Muchas incluso están criando hijos o atravesando cambios laborales y personales. La menopausia no es solo un evento hormonal: es un momento donde se cruzan historia personal, vínculos, emociones, cuerpo y proyecto de vida. Y cuando se llega a esta etapa sin haber trabajado ciertos aspectos, la mediana edad puede intensificar conflictos previos que venían siendo postergados”.
En Pólvora, el deseo sexual es una temática central. “Es mentira que desaparece en la menopausia. No se ‘apaga’. El deseo es sensible al contexto: hormonas, estrés, descanso, vínculo, autoestima, salud mental y bienestar general –sostiene Kemble–. Lo que cambia es la forma en que se expresa y lo que necesita para sostenerse. La menopausia no elimina el deseo: lo vuelve más consciente, más honesto y más dependiente del propio bienestar”, define.
Otros espacios de conversación y acompañamiento son Encendidas, podcast de las periodistas Ingrid Beck y Mariana Carbajal que además publicaron un libro y tienen un Instagram muy activo, la ginecóloga Florencia Salort con @flordegineco y Florencia Proverbio, autora de Triángulos Plateados, un libro que apela a la inteligencia emocional para vivir el deseo en la madurez (@floraprovervio).
Marie La Rocca tiene 51 años. Dirige Surtido Comunicación, una agencia de gestión integral de proyectos creativos, contenidos, arte, diseño, experiencias y entretenimiento. A diferencia de sus 20, 30 o 40, la creativa asegura que a esta edad vive su sexualidad con mucha más libertad que antes.
“Me animo a cosas que no me hubiera permitido pensar siquiera. Me conozco más y me reconozco en algunas situaciones que antes no entendía entonces me siento más segura –admite–. Además, hablo más del tema con amigas. Incluso hay muchas que tienen menos deseo sexual en esta etapa y nos reímos también de eso. Compartimos experiencias y estrategias. Compartir con las otras te hace sentir acompañada”.
Como ejemplo, Marie cuenta una historia graciosa. “Hace un tiempo me llegó un artículo sobre el ‘síndrome de la llave’, que habla sobre cómo se acelera el deseo de hacer pis al pasar la llave por la cerradura para entrar. Automáticamente pensé ‘ah, creí que me pasaba solo a mi’. Entonces lo compartí en el chat de mis amigas separadas y todas dijeron lo mismo: ‘Pensé que era la única’. Todavía nos cuidamos de decir algunas cosas en determinados contextos. Pero cada vez nos animamos más, nos reímos más y sentimos con mayor intensidad nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Eso es posible después de madurar. Y es genial”.
El rol del varónPara las mujeres heterosexuales que están en pareja, tener un compañero que las sepa contener en esta etapa es clave. El estudio de la UADE sugiere que la empatía, el acompañamiento afectivo y el reparto equilibrado de tareas con el varón sostienen el deseo. Cuando hay desigualdad o uno de estos factores falla, lo bloquean.
“El discurso del empoderamiento de la mujer promete autonomía plena, pero convive con una realidad de responsabilidades domésticas, cuidados invisibles y exigencias emocionales que recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres. Esta tensión atraviesa la vida sexual, porque el deseo se despliega en un cuerpo y una mente que cargan con demandas múltiples: rendir en el trabajo, sostener vínculos, administrar el hogar, atender a otros y, además, estar bien”.
La comunicadora y consultora organizacional Flor Luque, de 56 años, asegura no haber sentido el sacudón: “La menopausia me agarró en plena pandemia. No la sufrí tanto: los cambios de humor, las nieblas mentales y el insomnio por algún motivo los relacioné con el encierro. Ahora que ya está instalada, es un placer no tener más los picos hormonales, los dolores, poder dejar de pensar en la anticoncepción”.
Para Luque, simplemente es otra etapa vital, que la encuentra mejor plantada: “Al tener una pareja estable desde hace más de 25 años, no noté tanto los cambios. Nos seguimos gustando y disfrutamos juntos tanto del sexo como del resto de las cosas que compartimos, con la libertad de saber quiénes somos, qué queremos y para qué; sabiendo que tenemos mucho tiempo por delante”.