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Reseña. Hong, de Gonzalo Maier

La de Hong Sang-soo (Seúl, 1960), se lee en este breve opus del chileno Gonzalo Maier (Talcahuano, 1981), es “la estética doméstica de alguien que hacía películas para seguir haciendo pelíc...

La de Hong Sang-soo (Seúl, 1960), se lee en este breve opus del chileno Gonzalo Maier (Talcahuano, 1981), es “la estética doméstica de alguien que hacía películas para seguir haciendo películas porque no tenía nada mejor que hacer películas, en el tiempo en el que yo, un adolescente tardío, quería escribir con la dedicación de un monje o un guerrillero porque no tenía nada mejor que hacer, y tampoco quería hacer otra cosa”.

En Hong, los films del prolífico cineasta coreano –que, a la manera de Éric Rohmer, trabaja con equipos reducidos y bajos presupuestos– son el hilo conductor, pero también una línea de fuga. ¿Qué es la literatura? es algo que se preguntaron decenas de teóricos. En las últimas décadas, sin embargo, tal vez baste con hablar de simple escritura. Hong pertenece a esa tradición renovada, que descree de las grandes construcciones: el libro avanza reflexionando sobre el estilo del coreano, que se destaca por su sencillez, las repeticiones y el protagonismo de artistas más bien torpes o caprichosos. Ese estilo se replica a su manera en el fraseo y forma de narrar de Maier que, entre los ires y venires ensayísticos, va mechando apuntes personales.

En las historias de Hong, abundan los cineastas fracasados y los trabajos de facultad, porque él mismo trabaja enseñando en una. Parecen variaciones, como los cuadros de Cézanne, tan admirado por el coreano, que nunca deja de volver a sus naturalezas muertas y y a sus bañistas. Maier traslada ese minimalismo a la literatura. Si antes los escritores tenían mecenas o se entretenían en los diarios, dice, hoy encuentran refugio en la universidad. La longitud de un libro –agrega– importa poco: lo que importa es “hacer las cosas con lo menos posible para que dé resultado, no con lo menos en absoluto”, como hacen los microcuentos, un género, según el autor, de “los más fallidos y lateros”.

La improvisación es otro de los núcleos del libro (ahí aparece el genial pianista Misha Mengelberg como ejemplo) y también la idea (tan de César Aira, nombrado al pasar más de una vez sin profundizar) de que más vale publicar breve y seguido, sin preocuparse por la atención que se le dispense a esos textos, antes que dedicar cinco años a una novela que nunca podrá estar a la altura del esfuerzo invertido.

Hong, claro está, es un libro híbrido que entiende la literatura “como forma de vida” (podría agregarse: como forma de respirar) y busca descifrar el mundo en el día a día. Las ideas no son necesariamente originales: su genealogía puede rastrearse en Vila-Matas, el propio Aira y otros de los autores que aparecen citados. Incluso el diálogo final con un amigo en la Patagonia sobre el valor o no del cineasta Hong recuerda, en veta más narrativa, a Bolaño. El resultado de su encanto, en cambio, es todo suyo.

Hong

Por Gonzalo Maier

Eterna Cadencia

84 páginas

$ 25.500

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/resena-hong-de-gonzalo-maier-nid09052026/

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