Generales

Reseña. La ciudad de las luces muertas, de David Uclés

¿Qué podría fallar en una novela protagonizada por un cóctel tan efervescente como el que prometen Carmen Laforet, Gabriel García Márquez, Jean Genet, Montserrat Caballé, Julio Cortázar y P...

¿Qué podría fallar en una novela protagonizada por un cóctel tan efervescente como el que prometen Carmen Laforet, Gabriel García Márquez, Jean Genet, Montserrat Caballé, Julio Cortázar y Pablo Picasso?

Se trata solo de una arista, pero de ningún modo menor para abordar una novela como La ciudad de las luces muertas, de David Uclés (Úbeda, 1990), la más reciente ganadora del Premio Nadal. En rigor, Laforet –quien justamente inauguró en 1944 con Nada la célebre estela del mismo galardón– es la única, en su transmutación como personaje literario, que podría reclamar para sí la jerarquía protagónica, o incluso su consideración en tanto “personaje”: el resto –los antes nombrados y tantísimos otros– son aves de paso, la mayoría con licencia como para desarrollar algún gag o proyectar algún guiño en el lector, pero no mucho más.

El punto de partida de la novela, en la que el devenir de Laforet se mimetiza de a ratos con su ficción emblemática, es precisamente una frase extraída de Nada (“quiero ver la Catedral envuelta en el encanto y el misterio de la noche”, a la que Uclés le agrega: “En una noche eterna, una noche de los tiempos”), que a través de un ritual provoca por accidente que Barcelona entera se sumerja en la oscuridad, lo que por supuesto deja servidas especulaciones metafóricas y alegóricas de toda especie.

Esa fantasía, cuya consecuencia inmediata es la convivencia caótica de todas las épocas de la ciudad, podría haber sido un notable disparador en lugar de transformarse en una suerte de gran tiempo muerto en el que durante la primera mitad solo se replica una y otra vez la sorpresa provocada por semejante fenómeno. Mientras aguardamos de qué lado caerá la moneda –es decir, si la luz va a regresar o no– vemos desfilar a unos y otros para hacer sus gracias.

Así, por ejemplo, inevitablemente Woody Allen no hace más que escenificar su neurosis; Roberto Bolaño debe responder por sus detectives sin oficio; a Vargas Llosa lo operan para ubicarle –sic– el corazón a la derecha, en sintonía con sus más recientes convicciones; y otro detective, este sí real aunque en la ficción (Pepe Carvalho), cae en Bangkok junto con su mentor, Manuel Vázquez Montalbán.

Ciertas complicidades metaliterarias, algunos pasos de comedia logrados, la ciudad entera como un fantasma que se revela y a la vez se oculta, todo ello no alcanza para despejar el tedio que en gran medida produce una lectura que pareciera jugar a cada paso a las adivinanzas, a ver a quién destapa más rápido tal o cual referencia. Con todo, nadie le quitará a Uclés, al margen de otra clase de alegrías, la de haberse permitido aquí, como cualquier escritor se merece, todos los gustos y todos los caprichos.

La ciudad de las luces muertas

Por David Uclés

Destino

282 páginas

$ 29.900

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/resena-la-ciudad-de-las-luces-muertas-de-david-ucles-nid09052026/

Volver arriba